jueves, 8 de mayo de 2008

Moverse en libertad


Este es un resumen del libro que encontré en criar con el corazón

Pikler, Emmi. Moverse en libertad : desarrollo de la motricidad global . Madrid: Narcea, 1984. 166 p. (Educación hoy. Estudios). ISBN 8427706723.

Pikler afirma que, en condiciones ambientales adecuadas, todo niño adquiere, por propia iniciativa y sin intervención del adulto, un desarrollo motor adecuado. Parte de la creencia de que el desarrollo motor es espontáneo, y por tanto capaz de desplegarse sin ayuda exterior. En sus estudios se centra en la motricidad global, con exclusión de la motricidad fina.

Dichos estudios fueron realizados a lo largo de varios años en una institución para niños llamada Loczy. Las observaciones se realizaron durante las actividades cotidianas de los niños, y no en condiciones experimentales. En su trabajo Pikler se propuso eliminar el efecto directo y modificador del adulto sobre el desarrollo motor, valorando, en cambio, las experiencias y tentativas autónomas e independientes del niño. Buscaba, por tanto, dar completa libertad de movimiento al niño para que éste realizase de manera espontánea su desarrollo motor. Se siguieron las siguientes premisas:
· al niño no se le enseñaba ningún movimiento, ni se le animaba a hacerlo, ni se lo colocaba como él no fuera capaz de hacerlo.
· nunca se lo sentaba si él no sabía (ni para comer, ni en el médico...)
· si se caía no se lo levantaba.
· no se lo atraía con juguetes para animarlo a desplazarse.

En oposición a las teorías de Pikler, comúnmente se afirmaba –y se afirma aún- que es bueno que el adulto intervenga prestando su ayuda al niño. Se creía que la intervención beneficiaba al niño porque aceleraba su desarrollo motor, y esto se consideraba ventajoso y oportuno para él. Además, se afirmaba que tal intervención produce satisfacción y placer en el niño. Por último, la intervención estaba sancionada por la costumbre, porque siempre se había hecho así.
Pikler no aceptaba estas razones. Afirmaba que ayudar al niño antes de tiempo es negativo por dos razones: el sistema neuromuscular está inmaduro, y la personalidad sufre una inadaptación temporal. Y señalaba tres inconvenientes de intervenir:
i. Al poner al niño en una postura que no sabe adoptar ni abandonar solo, lo condenamos a estar inmóvil mientras el adulto no intervenga o el niño no sepa andar.
ii. Las posiciones alcanzadas son anormales, con cifosis, lordosis, músculos tensos o en desuso, rigideces... Los movimientos de los niños se caracterizan por ser torpes y faltos de armonía y seguridad.
iii. El niño depende siempre del adulto para cambiar de postura, por más que con el paso de los meses su movilidad y agilidad se incrementen.

Así, Pikler desaconsejaba la intervención del adulto. Argumentaba que si permitimos que la motricidad se desarrolle sin intervenciones beneficiamos al niño. Esto es así porque el psiquismo resulta fortalecido cuando el dueño de tomar la iniciativa es el propio niño, lo cual a su vez mejora la percepción de la propia eficiencia y su vivencia del aprendizaje. Además, cuando el niño desarrolla su motricidad sin ayuda, mejora su autoconocimiento corporal, su autoconociencia, y el reconocimiento espacio-temporal del entorno. En sus estudios, Pikler observó que el niño “libre” conseguía movimientos armoniosos, mayor flexibilidad, mejor coordinación, equilibrio y seguridad. Y, además, disfrutaba durante su adquisición y ejecución. Así mismo, era un niño caracterizado por una gran movilidad: adoptaba posturas variadas, las cambiaba a menudo, se desplazaba (gateando, rodando...) mucho y pronto, se movía con soltura y autonomía, era prudente, sufriendo rara vez accidentes. Resulta interesante que el niño “libre” conseguía experimentar una gran variedad de movimientos intermedios, transitorios; éstos son importantes porque preparan al organismo para movimientos más evolucionados, los cuales forman parte integrante del desarrollo: constituyen su trama.

Según Pikler, ¿qué es necesario para favorecer y no entorpecer el desarrollo de la motricidad?:
a. No “enseñar” ningún movimiento al niño, no “adiestrar” en habilidades motoras, lo que no excluye la ayuda indirecta si el niño la precisa. Sí que es necesario estimular la actividad autónoma del niño, pero sin intervenir en su desarrollo ni acelerar sus adquisiciones. El educador debe manifestar paciencia, respetar al niño y favorecer su desarrollo autónomo.
b. Asegurar al niño unas condiciones ambientales adecuadas que le garanticen libertad de movimientos, a saber: que la indumentaria del niño no le entorpezca y sea amplia, que el espacio sea suficiente y esté adaptado, que sea seguro, que el niño disponga de juguetes adecuados.

La conclusión de Pikler fue que ni la enseñanza ni la ayuda directa de un adulto son condiciones indispensables para el desarrollo motor. Por el contrario, el niño al que se pone precozmente en una posición que no domina, se halla desfavorecido tanto en el reconocimiento activo del entorno como en la manipulación.

Otras observaciones interesantes que se recogen en su trabajo son:

o Al avanzar en edad los datos se dispersan en intervalos cada vez más amplios; por ejemplo para la marcha firme el intervalo es de casi seis meses.
o Los prematuros muestran retraso con relación a los nacidos a término o con peso normal: el conjunto de su desarrollo motor es más lento, y los períodos de adquisición de las fases son más prolongados.

martes, 6 de mayo de 2008

NUESTROS HIJOS DE MAYORES


En la web de dormir sin llorar han creado una zona donde están realizando una recopilación de lecturas. Una de ellas es ésta que sigue. La imagen es de Mónica Calvo

Por Carlos González
Pediatra y Escritor
Artículo publicado en la Revista Única, Nº 30. Septiembre 2006

De mayores, ¿cómo nos gustaría que fueran nuestros hijos? ¿Ricos y famosos? Aunque ricos hay pocos, y no siempre son felices. Eso, eso es lo importante, que sean felices.

Claro que, bien pensado, con la felicidad no basta. Hay quien es feliz robando y matando, hay quien es feliz a costa de los demás… Realmente, esto del futuro de los hijos es algo que no se puede decidir a la ligera. Habrá que reflexionar. ¿Cómo queremos que sea nuestro hijo? Tal vez muchos lectores piensen así: “Que sea cariñoso, amable, sincero, trabajador, honrado. Que sea capaz de encontrar un lugar en el mundo y sepa ser feliz en él. Que encuentre alguien a quien amar, y que se haga merecedor de ser amado. Que sepa obedecer sin servilismo, y mandar sin arrogancia. Que no se humille ante los grandes ni desprecie a los pequeños. Que haga valer sus derechos y respete los de los demás. Que tenga muchos amigos y los sepa conservar, que sea capaz de ayudar y de pedir ayuda, de escuchar y de hacerse oír, de confiar en quienes lo merecen y en merecer la confianza de los demás. Que disfrute de las alegrías y se mantenga firme ante las penalidades. Que de más importancia a las personas que a las cosas, a los amigos que a las riquezas”.

Pues bien, hace unos meses la nave de exploración miposiana PJ-328 estuvo estudiando nuestro planeta, con el propósito de conocer cuáles son nuestras prioridades en la educación de nuestros hijos. Son antropólogos (el original dice “zoólogos”, debe ser un error) analizaron miles de horas de interacción entre padres e hijos, tanto al aire libre como en las casas (muy útiles, esas cámaras de rayos X). Observaron a qué dedican los padres más tiempo, qué motivos les llevan a reñir o a felicitar a sus hijos, qué conductas les ponen más nerviosos. En su informe leemos: “Los terrícolas educan a sus hijos para que se conviertan en un tipo especial de adulto, muy apreciado socialmente: un adulto que se lo coma todo, que duerma de un tirón y recoja su habitación. Un adulto que nunca interrumpa a otros adultos cuando hablan, que no grite, no salte, no corra por los pasillos ni dibuje en las paredes, que no se manche al comer helado y no deje migas en el sofá. Un adulto que coma sin poner los codos encima de la mesa, sin hacer ruido con la sopa ni levantar del suelo ninguna pata de su silla”. ¿Y usted? Si un zoólogo miposiano le observa hablando con su hijo, ¿Llegaría a adivinar qué cosas son para usted las más importantes, y cuáles no lo son? Seamos consecuentes con nuestras prioridades, aunque solo sea para no confundir a los miposianos.

sábado, 26 de abril de 2008

No hay recetas



A raíz de este artículo colgado en cuatro en la cama, llevo unos días hablando con una amiga de lo que para nosotras significa todo esto de la crianza con apego, attachment parenting, crianza natural o como se le quiera llamar. Yo no soy muy dada a las etiquetas y si crío de alguna forma es “a mi manera”. En mi opinión está muy relacionado con el respeto hacia el niño y hacia nosotros como padres. Recuerdo un texto de Elena Ferro en el que se hablaba del continente y el contenido de la crianza (por ejemplo, continente sería el equivalente a dar el pecho y contenido sería el apego, el respeto). Para mí el ideal es que haya las dos cosas. Por ejemplo, en los primeros meses, es fundamental la creación de un vínculo, que dé lugar a un apego seguro. Para ello, está claro, lo mejor es atender a las demandas que nos hace, tenerlo cerca, conocernos, generar códigos de comunicación que están basados en miradas, en gestos. Y dar el pecho. No sólo por lo buena que es la LM en sí, sino porque facilita el vínculo a través del contacto y de las sustancias que se generan al dar el pecho. Pero eso no quiere decir que madres que no han dado el pecho no puedan generar ese vínculo. Costará más, habrá que hacer un esfuerzo suplementario, pero creo que sí se puede hacer. Conozco madres que lo han pasado fatal con el pecho. Ni matronas, ni monitoras de lactancia... han buscado ayuda por todas partes y al final ha sido imposible. Emocionalmente estaban tan tocadas, tanto... que simplemente no han podido.

Para mí, la crianza va muy unida al autoconocimiento. Cuando decidí ser madre comencé un camino que me ha llevado hasta aquí de momento. Exploré dentro de mí, removí y trabajé (trabajo) mi interior, busque a la madre que soy y la dejé salir. Eliminé todo lo que considero superfluo, olvidé todo aquello que nos dicen que "los niños" (así en general) deben hacer, escuché a mi hija, la tomé como el ser vivo único que es, que desde el primer momento se comunica. La escuché a ella y me escuché a mí. Y vi que íbamos a una, nuestras necesidades fueron las mismas desde el comienzo. Pero si uno toma una guía de actuación para criar con apego y trata de aplicarla porque dicen que es lo mejor, porque está de moda o por lo que sea... pero sin interiorizar el contenido y dejarlo salir de forma personalizada, me da que, si no hay una búsqueda interior, se quedan en meras pautas estandarizadas, que muchas veces llevan al límite a la madre, especialmente si los resultados no son los que esperaba al aplicar el “método”. Si se supone que estoy haciendo lo mejor, ¿por qué mi hijo no se comporta como prometían los decálogos, los autores de todos los libros que leí? Y llega el sentimiento de haber fallado, de sentirse culpable por unas expectativas no cumplidas, olvidándonos de que nuestros hijos, precisamente por ser personas independientes a nosotras, no siempre van a actuar de la forma que nos gustaría. Así que está de más tener expectativas concretas sobre ellos. Cada madre, cada padre y cada hijo son únicos, no puede haber soluciones que sirvan para todos. Por eso creo que cada una y cada uno tiene que buscar aquello que se adecúe a sus necesidades reales.

Cuando crecen, la lactancia se acaba, cuando ya no van en mochila... cuando el continente se acaba ¿seguimos criando basándonos en el respeto? Sí, si el defender un tipo de crianza iba más allá de seguir unas pautas de actuación como otras cualquiera. Si seguimos escuchando a nuestros hijos y escuchándonos a nosotras mismas, dialogando, considerándolo un ser individual y único, capaz de autorregularse... entonces sí, podremos seguir dando contenido a la relación y disfrutar del proceso de criar y educar.




jueves, 24 de abril de 2008

De la cuna a la luna

Seguimos en nuestra particular semana del libro. Ayer estuvimos leyendo esta colección de poemas editados por kalandraka. Sin duda, los que más le gustaron fueron Luna y cocodrilo, con una diferencia aproximada de tres ó cuatro lecturas más que el resto de cuentos. Incluso por la noche los recitaba, a su manera claro.

miércoles, 23 de abril de 2008

Para Sant Jordi, rosas y libros



Cogiendo imágenes prestadas de la edu365.cat hicimos un cuento para que los amigos del cole de mi hija conozcan la leyenda de Sant Jordi.

Este es un día muy especial. A disfrutar!