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jueves, 31 de marzo de 2011

De mi maternidad y otros demonios (título pillado del blog de Myriam)

Hace días que no me conecto al blog, no sé muy bien por qué, porque es cierto que en mi cabeza varias ideas van tomando forma, pero nunca llegan a salir por el teclado.

Hoy ha sido un día raro y ando negativa. Mi eterno conflicto con el colegio se reaviva por estas fechas de preinscripción escolar. Que el cole al que va Laia no esté mal del todo no quiere decir que sea de mi predilección. Es un ni fú ni fa, pero no sé, me gustaría algo diferente para la educación de mis hijos. O quizás es que la Sociedad en general, y muchos de los valores que imperan en ella, me disgustan, así que veo muchos aspectos de la escuela, aquellos en los que se muestra como fiel reflejo de la sociedad, con desidia. Pero no siempre se puede nadar contracorriente. En fin, un mar de contradicciones, con mil y un argumentos de peso a un lado y a otro. La escuela no es el único espacio de educación, sólo es una parte de su vida, el colegio perfecto no existe, ella va contenta cada día y tiene motivación por el aprendizaje... Me lo repito como un mantra ante la dificultad para cambiarla a otro centro que se adapte mejor a lo que yo considero que es una buena educación escolar (que no tiene nada que ver con lo que la mayoría considera buena educación, me parece, que en muchos casos equivale a cantidad de contenidos).

En fin, cada año sobrellevo lo mejor que puedo mis contradicciones y las dificultades del sistema para cambiar de centro. Hoy me viene Laia con que su profe (ojo, que es una persona muy maja y agradable, pero creo que se ve desbordada y está probando sistemas un poco por probar, sin pararse a pensar demasiado) la ha nombrado encargada de su mesa para apuntar quien va a tener un punto negativo. Con tres puntos negativos no sé qué pasa, pero me da igual. De verdad que no doy crédito y me quedo sin palabras. ¿Estamos locos? ¿cómo podemos poner a una niña de 5 años a anotar los nombres de los que merecen ser castigados? En fin, tocará tutoría y descubrirme como la gran madre frikie que soy.

También me ha tocado hoy ser la frikie en la reunión del cole de Teo (por cierto, la semana pasada pintamos las flores y quedaron preciosas, a ver si luego subo alguna para seguir con la serie Talleres en familia). También he de decir que su cuidadora es un encanto y he disfrutado en la reunión viendo algunos videos que nos ha pasado. Pero claro, hemos tocado el tema del control de esfínteres y los premios para reforzar la "conducta" del esfínter. Yo es que debo de ser de Marte, de verdad (o de Venus, que es un planeta que me tiene hipnotizada ahora que vuelvo a salir de noche de casa por las mañanas gracias al cambio de la hora). Qué sensación de bajar de otro planeta. Menos mal que mis niños, a duo, justo se han ido a ejercitar sus esfínteres y he salido del aula (luego me ha tocado aguantar indirecta de que me tomaba el pelo porque le he ayudado a quitarse el body y el pañal).

En fin, simplemente enlazo a dos textos de Violeta Alcocer, que ya he dicho varias veces que tiene la capacidad de redactar bien muchas ideas que no acaban de salir nunca de mi mente. Por cierto, que el doctor que sale en el enlace del control de esfínteres es el pediatra de mis nenes.

La escuela del presente (sólo matizar que yo creo que sí son muchos los profes implicados, aunque a veces desbordados)

Y por último, voy a enlazar a la etiqueta completa sobre rabietas. Creo que necesito refrescar mi empatía y ejercitar más mi paciencia. Llevamos algunos días en los que justo a la hora de la cena, se diluyen hasta quedar en nada.

La imagen es de Patricia Metola, que justo me acabo de enterar hoy que se ha mudado de blog. El nuevo ya lleva su nombre.

sábado, 9 de mayo de 2009

Nuestra experiencia


Voy a poner aqui algo que tengo escrito sobre como fue el proceso de control de esfinteres de mi hija. Hasta ahora me daba algo de pudor pero creo que quizas pueda servir a algunos padres a confiar en que si (sigo sin acentos), que llega un dia en el que estan preparados y que ellos pueden dejar el pañal de una forma sencilla. No todos tardan lo mismo en pasar por las diferentes fases que les lleva a controlar sus ganas de ir al baño. Algunos niños parece que es de un dia para otro (es un decir) maduran el esfinter y pueden prescindir del pañal. En su caso, el proceso fue muy visible desde los 18 a los 27 meses, cada pasito que daba en su maduracion lo fui siguiendo. Para mi fue muy sencillo aunque explicado asi, tan detallado parezca algo largo. Y su historia es bastante parecida a la que explico cani en entrecomadres y que a mi me ayudo tanto a relajarme en este tema y confiar en ella.

Imagen de errede, por aquello de que mi hija dio el salto cuando se sintio segura.

Sobre los 18 meses ella sabía cuándo iba a hacer caca (siempre le ha costado un pelín hacerla, poco, pero lo suficiente para que lo “notara”). En el momento de hacerla, te decía, caca!!! Y la cambiaba una vez hecha. En esa época más o menos comenzó a pedir que le cambiara el pañal también cuando había hecho pis.

Compramos un orinal y un adaptador, por si le iba interesando, pero casi nunca lo usó en esa época. Estaba por si acaso. De hecho, el orinal recuerdo que llegamos de comprarlo y lo dejamos en el estudio. Pues como Laia lo vio ahí, luego no quería que lo lleváramos al baño, lo consideraba un juguete más. Le expliqué para qué servía y ya está, ahí quedó en el baño un tanto abandonado.

Al llegar la primavera-verano, comenzó a pedir pis. Decía, “pis!” Y quería hacerlo en el orinal o adaptador (sin una pauta fija, según le daba). Ahí empecé a ver que quizás estaba empezando a controlar, porque nos solía dar tiempo a llegar, pero no siempre. Cuando estábamos en el parque y alguno de sus amigos mayores quería pis, ella también quería ir. La ponía en los árboles y a veces hacía, a veces no. Eso sí, luego ya no quería ponerse el pañal que llevaba hasta que llegábamos a casa y le ponía otro (ejem, es que al salir del cole no solía llevar pañales de sobra..., vaya, para hacer el trayecto, guarde-parque-casa... pues íbamos sin recambios). Entonces iba hasta casa sin pañales. En casa, a veces decía que quería seguir sin ellos. Compramos braguitas, por si acaso (ella sabía dónde estaban, para qué servían... y a veces se las ponía, con pañal debajo o sin él), y los pañales-braga, para subir y bajar mejor cuando pedía ir al lavabo. A veces salíamos y pasábamos por todos los lavabos del mundo, porque pedía cada dos por tres pis (iba con pañal o braga-pañal, pero iba pidiendo cada poco rato). Ahí ví que ella estaba como demasiado pendiente de este tema. Un pelín obsesionada con ir al lavabo.

Entonces le empecé a explicar “a fondo” el proceso, cómo cuando estuviera preparada lo notaría y dejaría de utilizar el pañal. Estas charlas tenían casi siempre lugar en el lavabo, mientras yo hacía pis ella me hacía saber que yo no llevaba pañal y esas cosas. Y yo le explicaba, quitándole importancia, dando información (sencilla, para ella). Que ni eran temas de mayor-bebé (esto era algo que decía mucho, el ser mayor y no llevar pañal), ni de hacerlo bien-mal... sino de tener el cuerpo preparado.

Se le pasó la obsesión, pero como era verano, recuerdo en la playa que se pasaba el día casi sin pañal ni nada. A veces pedía, a veces veías el chorrillo caer. La caca sí que la pedía. Por cierto, la caca, desde el principio (los 18 meses que hablaba) la tirábamos al wc (del pañal al wc por ejemplo) y le decíamos adiós y todo eso.

Pasó el verano, volvió al cole. Sabía que allí en el mes de septiembre no proponen quitar pañales, porque bastante cambio es la adaptación después de un mes de vacaciones. Mi duda estaba en ¿me tendré que pelear con las cuidadora en octubre para que sigan respetando su ritmo? Confiaba en que no, ya que antes de las vacaciones, habiamos hablado informalmente sobre el tema. Ella decía, que veía a laia muy centrada con el tema, demasiado, que era pequeñita y estaba conmigo en dejarla seguir su ritmo.


Llegó el mes de octubre y hubo cambios. Seguia pidiendo hacer caca, de hecho se iba al lavabo directamente. Con el pis, tras un tiempo avisando antes de hacerlo para ir al wc, volvió a pedir cambio de pañal una vez hecho el pis. A veces, a petición propia, pasaba las tardes sin pañal, pero si se le escapaba, se mosqueaba y ya no quería saber nada del tema. Cuando más parecía que había perdido el interés, me dijo una noche: “soy mayor, pero necesito el pañal todavía”(a mí esto del soy mayor, reconozco que me da rabia, pero no quise ahondar más, ya que entendía que era un tema de necesitar o no necesitar el pañal) Al cabo de dos días, el 26 de octubre por la mañana me dijo: “soy mayor, no necesito pañal. Ponme unas braguitas”. Así que se fue al cole sin pañal. Ni un escape allí. De hecho, me comentó la cuidadora que le había preguntado un par de veces y que parecía “ofendida” por “tanta pregunta”, que ella ya sabía cuándo tenía que ir al lavabo. La verdad es que fue un día muy emocionante. Siempre hablamos de respetar su ritmo, de quitar importancia al hecho, pero definitivamente, ves cómo van pasando etapas. Encima escogió un momento que para mí no era el mejor. Era viernes y el domingo por la tarde yo me iba de viaje (3 noches separadas. Ese mes habíamos pasado nuestras primeras dos noches separadas el 15 y 16 de octubre, y venían 3 más ese fin de semana, qué mes tan horrible!) . Aún no se lo había dicho (pensaba trabajarlo el viernes, sábado y domingo). Pero ella estaba lanzada Sólo el domingo, cuando hacía maletas para irme de viaje, mojó braguitas dos veces seguidas y pidió pañal. Se lo pusimos, pero a partir de ahí pidió todas las veces, sólo necesitaba sentirse "segura" con su pañal, aunque no lo mojara. Al ir a cambiarle el pañal (seco) volvió a pedirle a su papi braguitas (yo ya me había ido de viaje).

Tuvo algún escape los primeros días de pis, a última hora de la tarde, cuando ya estaba cansada y un par de días de caca (justo lo que antes hacía siempre en el wc). Le sabía fatal e incluso llegó a decir que “lo sentía”. Y ahí estabamos para animarla y decirle que no pasaba nada, que era parte del proceso, que lo limpiábamos y que seguro que la próxima llegaba (y que si no era así tampoco pasaba nada). Vaya, intentaba transmitirle calma, aunque es cierto que me recuerdo insegura (bueno, no me recuerdo, pero me he releído en otro sitio donde hice una especie de diario de acontecimientos). No sabía qué era normal, si se estaría sobre esforzando... pero mantuve actitud de calma ante ella y sobre todo de que ella era dueña de su proceso, que yo la apoyaba en todo. Durmió varias siestas (porque llegaba dormida a casa) sin pañal y no hubo humedades. Así que en unos días, las siestas sin pañal, porque iba al lavabo y luego se iba a la cama. Nunca ha habido escapes en las siestas.

En ese momento, su faceta “yo solita” se reforzó. Se subía al water sola y todo (eso pasó luego), se afanaba mucho más por quitarse y ponerse la ropa, lo mismo con la comida (tanto para comer como para cocinar).... estaba independiente total, me parecía una pasada todo el proceso.

También vimos los primeros días, cómo este tema, si se le da demasiada importancia podía llegar a convertirse en un mecanismo de expresión. Y no es lo que buscábamos. Por mucha tranquilidad que intentábamos mantener, es cierto que tratas de evitar escapes. Nosotros no éramos de preguntar, pero ella vio que si decía pis, salíamos corriendo a donde fuera. Así que sí que vimos unos días cómo “jugaba” a decir que tenía pis sin tenerlo cuando tenía ganas de salir de algún sitio, jeje. Replanteamiento nuestro: Si de verdad hay un proceso de control, no hay que salir corriendo. Ante todo, mucha calma. Y fin del estrés.

En cuanto a la noche, vimos que desde el primer día amanecía seco. Antes de la semana se despertaba para hacer pis, y aunque tenía pañal quería levantarse. En breve dejó de despertarse, pero seguíamos con el pañal seco. Pensamos en comprar un protector, para intentar alguna noche sin pañal nocturno. Se nos adelantó a finales de noviembre (más o menos al mes de quitarse el diurno). Una noche dijo que no quería llevarlo tampoco. Ni gota. Por la noche sólo ha tenido escapes cuando hemos viajado muchas noches. En Navidad de ese año, estuvimos de viaje 7 noches y las últimas había pequeños escapes, justo se despertaba al comenzar a hacerlo y acababa en el lavabo. Esta semana santa, tras 3 noches, la cuarta sí hubo un buen escape. Nos tocó tranquilizarla porque fue algo que no le gustó nada de nada.

Veo que mi hija no decidió quitárselo hasta que estuvo muy muy segura. Tenía 27 meses. Sé que si en verano hubiésemos insistido, se lo podíamos haber propuesto, porque daba muchas señales de interés... pero vimos que estaba sobre esforzándose (creo que porque varios de sus amigos del cole estaban en el proceso), que en realidad no estaba preparada, así que decidimos que el tema se calmara. Y cuando de verdad estuvo lista, todo fue sencillo. Desde los 18 meses hasta los 27, pues fijaos qué de tiempo pasó. El desarrollo del control de esfínteres requiere muchos pequeños pasos a veces sutiles, lentos a nuestros ojos, pero todos necesarios. Habrá niños que ese proceso lo hagan de forma más intensiva, otros que tarden más, pero poco a poco, todos llegan a controlar si se les da la oportunidad.

Y ahora, con casi cuatro años y un hermano recien llegado... por aquello de las regresiones, puedo comentar que al principio del embarazo, paso unos dias que tuvo algunos escapes. Creo que fueron dos o tres dias y eran pises muy continuos, siempre durante la tarde, nunca en la escuela infantil. Pero se pasaron. Y con la llegada del hermano no ha habido ninguna regresion (de momento). Tengo una teoria sobre ello, pero prefiero callarla, no sea que por aquellas cosas de la vida me la tenga que comer con patatas.

viernes, 13 de junio de 2008

Desarrollo del control miccional

Por si quedaban dudas, Violeta ha puesto este texto en CCC, extraído del "aval pediátrico".

En los lactantes, la micción es espontánea debido a un reflejo medular. Según se distiende la vejiga se van enviando impulsos hacia el centro sacro de la micción y llega un momento en que se activa el reflejo espinal, dando lugar a la contracción del detrusor y simultáneamente se relaja el esfínter muscular estriado’.

A medida que el niño crece, va reduciendo progresivamente su frecuencia miccional y va adquiriendo un patrón miccional.

A los 4 años de edad la mayoría de los niños ya habrán desarrollado un control miccional similar al del adulto y serán continentes las 24 horas del día’.

La micción o vaciado de la vejiga es un acto reflejo regulado por la médula espinal y los nervios simpáticos y parasimpáticos.
El estímulo simpático hace que se relaje la vejiga y se contraiga el esfínter. Se cierran los orificios uretrales, se contrae el esfínter interno.
La estimulación parasimpática relaja el esfínter interno, estimula el músculo detrusor y hace que se vacíe la vejiga.
Cuando se llena la vejiga, la presión interior que se va formando estimula los receptores de tensión y provoca contracciones reflejas del músculo detrusor y surge la necesidad de la micción.
Los lactantes que no han desarrollado aún control voluntario sobre el esfínter uretral externo, orinan de manera automática cada vez que se les llena la vejiga

Aproximadamente, el 75 por ciento de los niños logra controlar la orina a los 3 años y el 90 por ciento a los 5, por lo tanto, el mojarse en la cama por la noche no es una enfermedad en sí, sino una disfunción de las vías urinarias inferiores (vejiga y uretra), llamada Enuresis.

La función normal de la vejiga es la de almacenar orina y expulsarla por la uretra (conducto por donde sale la orina) en forma voluntaria. Esta función la logra por estar formada de músculo, tejidos elásticos y vasos sanguíneos. Estas fibras musculares y tejidos elásticos forman los esfínteres, que se encargan de abrir y cerrar la salida de la orina, para que sea expulsada por la contracción del músculo de la vejiga.

Para la edad de 1 a 2 años hay un aumento en la capacidad de almacenamiento de orina (capacidad vesical) en la vejiga, y de maduración del sistema nervioso. Esto permite al niño adquirir paulatinamente la capacidad de darse cuenta que su vejiga está llena y la necesidad de vaciarla con una micción (acto de orinar), lo que significa que adquiere la capacidad de iniciar y terminar una micción y que es lograda en forma voluntaria, gracias al control de la corteza cerebral.

Los niños enuréticos continúan presentando un patrón de vejiga semejante a las vejigas de niños menores de 2 años, vejigas con poca capacidad para almacenar orina, disminuidas hasta en un 50 por ciento del volumen normal y con contracciones de la vejiga frecuentes y no controladas.

No hay una causa simple que la ocasione, es más frecuente que intervengan factores como disfunción de la vejiga y uretra, retraso en la maduración del sistema nervioso, infecciones urinarias o del tipo de alergias o factores relacionados con las características del sueño (como vemos aquí, nada que sea susceptible de ser entrenado mediante técnicas de modificación de conducta)

Algunos de estos niños también presentan aumento en el número de veces que orinan en el día y de urgencia para orinar (incapacidad de aguantarse un tiempo razonable antes de iniciar la micción). Este comportamiento vesicouretral ha sido relacionado con un retraso en el desarrollo del sistema nervioso, pero se resuelve solo, con el paso del tiempo.

Está demostrado que los factores alérgicos contribuyen a disminuir la capacidad vesical e incrementar la frecuencia de contracciones de la vejiga, por lo tanto es posible que faciliten la aparición de la incontinencia de orina durante el sueño.

Existen datos de que estos niños tienen un patrón diferente para el despertar, el cual se ha explicado como un estado de confusión al despertar, lo que favorece que la vejiga, con las características ya mencionadas, se contraiga en este momento y se presente la salida de orina involuntaria durante el sueño.

Con base en estos datos de alteraciones funcionales vesicouretrales, los factores psicológicos como causa de la enuresis son poco probables.

Entender que esta forma de incontinencia nocturna es involuntaria; que no es anormal que el control nocturno de la micción no se obtenga antes de los 4 a 5 años; que es un problema de "maduración" del sistema nervioso y desarrollo de la función vesicouretral; que las lesiones o malformaciones de vejiga y uretra en estos niños son muy esporádicas; que en la maduración del control de la orina en la noche puede ser influido en sentido negativo por muchos factores, como el ambiente familiar, social o de aprendizaje y retrasar el momento del control urinario nocturno; que es muy importante que los mismos padres observen si hay anormalidades en lo relacionado con el vaciamiento de la vejiga: frecuencia de micciones, si el niño tiene molestias antes, durante y después de orinar; que investiguen si hay otros miembros cercanos en la familia que se hayan mojado después de los 5 años en la cama; que ante la duda de si es sólo trastorno de maduración sea examinado por un pediatra con amplia experiencia en trastornos de la micción para asegurarse de que no haya infección y mediante una buena evaluación de los síntomas y del patrón de la micción pueda evaluar la necesidad o no de hacer estudios más detallados de las vías urinarias y de la micción; que existen diferentes formas de tratamiento y principalmente el de orientación hacia los padres, para aseguren al niños que no se trata de una enfermedad ni de un problema psicológico o de conducta."

miércoles, 26 de marzo de 2008

CONTROL DE ESFINTERES: LO QUE DICEN LOS PROFESIONALES



Tenía muchas ganas de poder traer algún artículo de la página que han creado un grupo de madres http://www.entrecomadres.org/ . Según sus propias palabras:


"nace con la esperanza de ser un libro en blanco, un libro vivo que se escriba cada día recopilando así la experiencia de todas las madres que quieran en torno a su maternidad"


Está en proceso de construcción, pero ya se pueden ver artículos y participar en su foro, que para mí ha sido como reencontrar a muchas de las personas que más he leído estos años. Así que estoy entusiasmada. Uno de los textos subidos ya es la explicación de Cani en la retirada del pañal de su hija. Mi hija fue siguiendo sus mismos pasos y me dio mucha seguridad el tener su experiencia como referencia.


Pero hoy traigo un artículo de Sole sobre el control de esfínteres, que además de todas las traducciones que he subido ya, también tiene algunos artículos imprescindibles, en mi opinión.


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Controlar esfínteres supone pasar de un proceso reflejo a un acto voluntario. Los bebes pequeños, hacen pis y caca de modo reflejo o automático, sin ningún tipo de control sobre esos procesos.

Adquirir el control de este procedimiento es un proceso madurativo. Al igual que todos los niños muestran interés e inicio del control sobre la marcha alrededor del año, y no hay nada que podamos hacer para acelerar este proceso. O todos los niños comienzan a poder comer sólidos alrededor de los 6 meses.

Como todos estos procesos madurativos existe una enorme variabilidad personal en cuanto a los plazos: hay niños que con 10 meses dan algunos pasos y otros que lo hacen con 18 o 20 y todo ello entra dentro de la normalidad. Igualmente dentro de los plazos de adquisición del control de esfínteres es igual de normal hacerlo con 2 años que con 4.

La vejiga urinaria es un órgano que sirve para almacenar la orina que llega desde los riñones continuamente. Durante el llenado, los músculos que la forman se mantienen relajados. Este órgano, con el fin de que no salga la orina de forma continua, tiene un músculo anular llamado esfínter, que por lo general permanece contraído, es decir cerrado. También se encuentra otro músculo esfínter en la uretra (tracto de salida de la vejiga). Cuando la vejiga se llena de orina, unos receptores localizados en la misma, envían al cerebro la señal para que automáticamente los esfínteres se relajen y la orina pueda salir. Esta coordinación se lleva a cabo mediante mecanismos neurológicos de gran complejidad por lo que el control voluntario (es decir: ser capaz de relajar el esfínter no de este modo automático, sino de forma voluntaria como y cuando se desea) aparece tardíamente.

En el recto ocurre un fenómeno similar con las heces.

Alrededor de los 18 meses o los dos años, algunos niños pueden darse cuenta de que están haciendo pis o caca y avisar para que se les cambie el pañal., pero esto no significa en ningún caso que tengan la capacidad de retrasar el momento de forma voluntaria. Es decir: no tienen CONTROL sobre sus esfínteres.

La maduración de los centros nerviosos comienza entre los 18 meses y los tres años. De forma que entre los 2 y los 4 años la mayor parte de los niños puede controlar adecuadamente ambos esfínteres: anal y vesical. Siendo por tanto capaces de avisar su deseo y de retrasar la micción y la defecación para hacerlo en el momento y lugar deseado.

Al tratarse de un proceso madurativo, y aunque la estimulación pueda tener algún efecto positivo (o negativo) sobre el mismo, no hay nada que los padres o el niño puedan hacer para acelerarlo: el niño adquiere control suficiente como para retener la orina y las heces, cuando los procesos neurológicos que tienen lugar entre los receptores de los órganos, el cerebro y los esfínteres, estén perfeccionados. Por tanto, enfadarse, castigar, humillar, comparar con otros tiene un efecto similar a gritarle a una oruga para que se convierta en mariposa.

No se trata tampoco de un proceso lineal. Se producen a lo largo del mismo, avances, estancamientos y retrocesos que los padres deben aprender a acompañar. Puesto que el plazo normal para la adquisición del control es entre los 2 y los 4 años, hablar de regresiones o comportamientos regresivos en niños que se vuelven a hacer pis dentro de este plazo es un error. No puede considerarse regresión algo que aun forma parte de los progresos de esa edad. No se puede regresar a un sitio de donde aun no se ha salido.

Mitos:

-los dos años: haber fijado como normal la edad de dos años para el control de esfínteres, edad que esta en el INICIO del proceso madurativo, nos hemos creado un problema. Más bien se lo hemos creado a los niños. Desde que un niño empieza a avisar cuando ha hecho pis, o mientras lo esta haciendo hasta que se completa el proceso de adquisición del control pueden pasar dos años mas.

-el verano: puede que hayamos heredado este mito de la edad de los pañales de tela. Pero hoy día no tiene sentido mantenerlo. Además se utiliza la llegada del buen tiempo como disculpa para empezar el “entrenamiento” de niños de 18 meses, 24 meses o 30 meses indistintamente. Llegado el buen tiempo, les quitamos de a hecho el pañal, les perseguimos con un orinal, les llevamos al baño cada 30 minutos y les mantenemos sentados hasta que de casualidad hacen algo. Esto no es control de esfínteres.

-No se puede dar marcha atrás: siempre se puede dar marcha atrás. No hay dobles mensajes. Es muy frecuente que en las vacaciones de verano, un niño perseguido continuamente con un orinal, no se moje nunca. Ese mismo niño sin una madre a su lado todo el día, y puesto que su “control” es ficticio. (en realidad es control por parte de su madre) devuelto a la vida diaria, con mama ausente, pierda ese supuesto “control”. Como decía antes, no se puede hablar de regresión cuando estamos en un proceso que aun no se ha completado.

Es frecuente ver a mamas excusando a sus hijos “es que estaba distraído”, “es que se olvidó avisar”. Cuando el control es real, como sucede en los adultos, estas cosas no suceden. Ningún niño de 10 años se orina porque se olvidó. Y la única diferencia con el de 2 y medio, es que este ultimo no tiene un control real sobre la voluntariedad de esa función.

Cuando el proceso se lleva a cabo respetando el ritmo madurativo del niño este tipo de accidentes son mínimos.

Por tanto, las normas serian:

-Esperar a que el niño este suficientemente maduro como para ser capaz de RETRASAR el momento de orinar o defecar. No solo de avisar inmediatamente antes de hacerlo

-Contar siempre con la colaboración del niño: debe ser capaz de comprender lo que sucede, como sucederá, lo que se espera de él. Así mismo tiene que ser capaz de expresarse y hacerse entender.

-Siempre animar con los buenos resultados. Nunca jamás criticar los “fallos”.

-Permitir al niño que vuelva a usar pañal siempre que crea que lo necesita. No hacerlo por conveniencia de los padres, pero sí si el niño lo necesita.

Los padres tenemos que aprender a ACOMPAÑAR los procesos madurativos, interviniendo lo menos posible. Saber cual es el proceso normal, y cuales son los plazos normales ayuda a respetar los ritmos del niño.

BIBLIOGRAFIA:

-Maria Paula Cavana. Licenciada en Psicología.

http://www.zonapediatrica.com/psicologia/sobre-control-de-esfinteres.htm

_Dr Carlos Gutierrez Segura. Cirujano Pediatrico. Unidad de Urodinámica y Motilidad Digestiva Pediátrica, Hospital Central de Asturias.

Unidad de Incontinencia Urinaria, Reeducación del Suelo Pélvico y Urodinámica

http://www.sccalp.org/padres/esfinteres.htm

- Àngels Codosero Medrano. Psicóloga clínica y psicoterapeuta psicoanalítica

http://www.psicopedagogia.com/control-esfinteres

domingo, 20 de enero de 2008

Cuándo y cómo quitar los pañales


Carlos Gonzalez
Extraído de su libro ”Bésame Mucho” copiado del foro de Crianza Natural
Imagen de eendar
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Muchas veces se habla de «aprendizaje del control de esfínteres » y eso deja a los padres vagamente intranquilos.

Porqué, aparentemente, un aprendizaje requiere una enseñanza. ¿Quién y cómo ha de enseñar al niño a controlar sus esfínteres, sea eso lo que sea? Pues no, aprender a no hacerse pipí encima, lo mismo que aprender a caminar, a sentarse o a hablar, son cosas que no requieren estudio ni enseñanza.

Existen niños de diez años y también adultos que no saben leer o que no tocan el piano porque nadie les enseñó. Los padres tienen que hacer algo (enseñar a su hijo o buscarle un profesor o una escuela) si quieren que aprenda esa y muchas otras cosas. Pero no hay niños de diez años que no sepan caminar, sentarse o hablar, o que se hagan pipí encima (despiertos).

Todos los niños sanos (y buena parte de los enfermos) controlan perfectamente el pipí (de día) y la caca a los cuatro años o bastante antes. Por lo tanto, la pregunta no es «¿qué tengo que hacer para que mi hijo aprenda a usar el retrete?», pues haga usted lo que haga, tanto si lo hace todo «bien» como si lo hace todo «mal», o incluso aunque no haga nada de nada, su hijo aprenderá. La pregunta es «¿qué puedo hacer para que mi hijo no sufra mientras aprende a usar el retrete?» Y la respuesta es «más vale que no haga nada». O que haga lo menos posible.
Cuando los padres hacen algo, cuando sientan al niño a ciertas horas en el orinal, cuando le obligan a estar sentado hasta que hace algo, cuando le riñen si se lo hace encima, a la larga el niño aprenderá también a ir al retrete, pero será desgraciado en el proceso (y sus padres también). En casos extremos, es probable que ciertas «enseñanzas» desafortunadas pue-dan retrasar el aprendizaje o producir en el niño un rechazo a defecar que se convertirá en estreñimiento.

Pero si no le quitamos nunca el pañal, ¿cómo aprenderá? ¿No seguirá llevando pañal toda la vida? Lo dudo. No conozco a nadie que haya hecho la prueba; pero sospecho que, incluso si los padres no tomasen nunca la iniciativa, todos los niños acabarían por arrancarse el pañal ellos mismos.

Nadie va con pañal por la calle a los quince años. Pero el caso es que los pañales cuestan dinero y cambiarlos cuesta un esfuerzo, y casi todos los padres hacen, antes o después, un esfuerzo para quitar el pañal a sus hijos. En principio, eso no debería traer ningún problema.

El pañal es algo totalmente artificial, un invento relativamente reciente que no busca la comodidad del niño, sino la de sus padres. Los niños no necesitan pañal. Muchos padres le quitan a su hijo el pañal en verano y que sea lo que Dios quiera. Incluso antes del año, cuando saben que es imposible que el bebé controle el pipí y la caca de forma voluntaria. Para hacerlo, por supuesto, es conveniente no tener alfombras ni moquetas en casa, y es necesario estar dispuesto a fregar cualquier rincón en cualquier momento, sin el menor reproche.

Así se ahorra el niño algunas escoceduras por el calor y los padres mucho dinero en pañales. Al final del verano, si (como era de esperar) el niño se lo sigue haciendo todo encima, se le vuelve a poner el pañal y tan contentos. En el primer verano después de los dos años, cuando de verdad hay alguna esperanza de cambio, los padres pueden explicarle al niño lo que se espera de él: «Cuando tengas ganas de hacer pipí o caca, avisa. » Pero, por supuesto, no se harán pesados preguntando cada media hora (basta con que lo expliquen una vez en junio o, como mucho, cada quince días), ni lo sentarán en el orinal cuando no lo ha pedido, ni le reñirán o criticarán ni se burlarán de él por los escapes o por las falsas alarmas, ni mostrarán impaciencia.
Puede ser útil preguntarle si prefiere usar el retrete, como papá y mamá, o un orinal (y que elija el que más le gusta) o un adaptador para el retrete.

Mientras no haya un mínimo control, es prudente ponerle el pañal para salir a la calle. Algunos niños logran el control en este verano, otros en el siguiente. Algunos, por supuesto, alcanzan la madurez entre medias y piden que se les quite el pañal en invierno («¿Estás seguro?» «Sí. » «Bueno, vamos a hacer la prueba. ») Quitar el pañal, decíamos, no habría de traer ningún problema, pero a veces lo trae. Incluso sin obligarles, sin reñirles, sin ponerse pesado y sin hacer comentarios ofensivos, algunos niños se niegan a que les quiten el pañal.

Están tan acostumbrados a llevarlo, que no se imaginan la vida sin él. Explíquele a su hijo que no importa que se haga pipí o caca en cualquier sitio, que no se va a enfadar. Pero si a pesar de todo le pide un pañal, póngaselo sin rechistar. Al fin y al cabo, la idea no fue suya; fueron sus padres los que decidieron ponerle pañal cuando nació y no es culpa del pobre chico si se ha acostumbrado.

Es posible que un niño que al año y medio se dejó quitar el pañal, se niegue a los dos años y medio. No insista, no atosigue, simplemente dígale: «Bueno, cuando quieras que te lo quite, avisa», y ya está. Algunos niños están contentos de ir sin pañal, pero se sienten incapaces de usar el orinal. Notan que van a hacer algo, avisan, pero no quieren sentarse en ningún sitio. Quieren el pañal. A veces, durante una temporada, hay que ponerles un pañal cada vez que han de hacer pipí o caca. A algunos, que juegan desnudos en la playa, hay que ponerles un pañal para que hagan pipí. No se asombre, no se queje, no se ría. Póngale el pañal sin discutir, que ya falta bien poco.

Algunos niños, más tímidos, no se atreven a pedir el pañal, pero tampoco a usar el orinal, e intentan retenerse lo más posible. Algunos llegan a sufrir estreñimiento. Si observa que su hijo deja de hacer caca cuando le quitan el pañal, pruebe a ponérselo otra vez (incluso si no lo ha pedido). No es malo volver a usar el pañal después de unos días o meses sin él. No es un paso atrás ni un retroceso, ni le hace ningún daño al niño. A no ser, claro, que él se niegue. Nos vamos ahora al otro extremo, al del niño que no es capaz de controlarse, pero insiste en que le quiten el pañal o en que no se lo vuelvan a poner si se lo habían quitado en verano.
Como siempre, es importante hablar con el niño y ser respetuoso. Si sólo hay fallos ocasionales, es mejor hacerle caso. Si el control es nulo, tal vez pueda convencerle de que se lo deje poner. Pero si se niega en redondo, si llora para que no le pongan el pañal, si lo vive como un fracaso o una humillación, es mejor también hacerle caso, tal vez intentar llegar a una solución de compromiso («puedes ir sin pañal por casa, pero si salimos a pasear te lo has de poner»).

A veces hay que renunciar a salir de casa durante unas semanas para no tener un drama, lo que no deja de ser una lata. Por eso es importante no ponerse pesados con el asunto, no lanzar indirectas y puyas, que nadie le vaya diciendo al pobre niño «qué vergüenza, tan mayor y con pañales», «a ver si aprendes a ir al retrete de una vez», «si te lo vuelves a hacer encima, te tendré que poner pañales como a una niña pequeña» y otras lindezas. Nunca hay que hablar así a un niño, ni en este tema ni en otros. Todos los niños normales saben controlarse de día, sin necesidad de enseñarles nada.

Si su hijo se sigue haciendo caca o pipí encima después de los cuatro años (salvo algún accidente muy de tarde en tarde con el pipí), consulte al pediatra. Cuando hay problemas, con frecuencia son de origen psicológico (a veces debido precisamente a intentos de «enseñarles» a usar el orinal por las malas y otras veces, manifestación de otros conflictos o de celos). En algunos casos, la defecación involuntaria (encopresis) es consecuencia del estreñimiento: se forma una bola que irrita la mucosa rectal y produce una falsa diarrea. El niño no lo hace a propósito, y las burlas y castigos no harán más que empeorar el problema. Pero las noches son muy distintas.

Aunque muchos niños pueden dormir secos a los tres años, otros muchos se hacen pipí en la cama (enuresis nocturna) hasta la adolescencia o incluso toda la vida. Durante la Primera Guerra Mundial, el 1 por ciento de los reclutas norteamericanos fue declarado no apto para el servicio por enuresis. La enuresis nocturna casi nunca tiene causa orgánica o psicológica, sino que depende de la maduración neurológica y de las características genéticas (va por familias). Algunos niños consiguen no hacerse pipí en un día especial (por ejemplo, en casa de un amigo), a costa de pasar la noche prácticamente en vela. Por supuesto, no pueden hacerlo muchos días seguidos.

Por desgracia, algunos padres no comprenden el enorme esfuerzo que han hecho y se lo echan en cara («en casa de Pablo bien que espabilaste, pero aquí no te preocupas, claro, como estoy yo para lavar sábanas»). Este tipo de comentarios, además de cruel, es falso.

Hace poco, una madre comentaba en un foro de Internet que su hija de siete años se hacía pis en la cama. Otra madre le contestaba así:

Yo estuve haciéndome pis hasta los dieciséis años, y peor que me sentía y más acomplejada que nadie… Me tiraba las noches en vela para no mojar la cama, y en cinco minutos que el sueño me rendía, me hacía pis; estaba desde el medio día sin beber nada, era horrible, y seguía haciéndome pis; me levantaba por la noche a lavar mis sábanas para que no se enteraran… No la regañes, no la responsabilices, es una enfermedad, de pronto un día dejé de hacérmelo. Mi hijo mayor se hizo pis hasta los trece años…

Quisiera explicar aquí una anécdota, en homenaje a un gran pediatra japonés, el Dr. Itsuro Yamanouchi, de Okayama. Visité su hospital en 1988, y me fascinó aquel sabio humilde que seguía atendiendo consultas externas de pediatría a pesar de ser director de un gran hospital. Le acompañé una tarde en su consulta, y él me explicaba en inglés lo que ocurría. —Este niño tiene seis años, y se hace pipí en la cama. Le he explicado a la madre que eso es normal, que no hay que hacer nada, y que yo me hice pipí hasta los siete años. —¡Qué casualidad! —respondí en mi inglés vacilante—. Yo también me hice pipí hasta los siete años. El Dr. Yamanouchi se apresuró (para mi sorpresa) a traducir mis palabras, y la madre me miró con más sorpresa aún y se deshizo en reverencias y agradecimientos. Un rato después, otra madre, mientras escuchaba las palabras del médico, me miró también con asombro y me hizo otra reverencia. —Este niño de diez años también se hace pipí en la cama. Le he explicado a la madre que yo me hice pipí hasta los once años, y tú hasta los siete. —Pero… ¿no me dijo usted que también se había hecho hasta los siete? —Bueno —sonrió el Dr. Yamanouchi—, yo siempre les digo un año más.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El control de esfínteres



María Paula Cavanna
Lic. en Psicología
Puerperio-Lactancia materna-Crianza
Publicado en Crianza Natural


El control de esfínteres no se aprende. Se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.

Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos qué nos pasa que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos.

Al haber fijado como "normal" la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.

Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal, e incluso a saber cuando "se lo están haciendo". Este es un lento proceso que puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.

Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se lo hicieron encima, diciendo "estaba tan entretenido jugando, que se olvidó", o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.

Esperar a que llegue el verano
Aprovechar el verano para quitar los pañales es una conveniencia de los adultos. Así aprovechamos con el niño de un año y medio, con el de 2, con el de 2 y medio indistintamente. Perseguimos entonces a los niños incansablemente preguntándoles si tienen ganas de hacer pis, les tocamos las ropas, los sentamos en el inodoro sin ganas, e invertimos preciosas horas en comunicarnos en este nueva escala de valores donde lo más importante, lo que pone feliz o triste a mamá, es "si me lo hice o no me lo hice". Quizás el mito del verano nos haya sido heredado de la época de los pañales de tela, pero hoy en día, con los desechables, con lavadoras automáticas, no hay motivo alguno para apurar los procesos evolutivos de nuestros hijos. Algunos podrán controlar temporalmente esfínteres, cuando todos estamos de vacaciones, y tienen a mamá todo el día consigo, pero al comenzar las clases, las exigencias, las separaciones, vuelven a "retroceder", dejando en claro que aún no pueden ocuparse de controlar esfínteres en situaciones donde están frágiles emocionalmente.

¿Qué nos pasa a nosotros?
Los adultos no hablamos entre nosotros de pises y cacas. La etapa de adquisición del control de esfínteres de nuestros hijos, nos enfrenta con muchas cosas que quizás nos cuesta ver: el placer de los niños al poder decidir casi por primera vez, si retienen su pis o su caca, y hacerlo donde y cuando lo desean; la delimitación de una zona de autonomía, de la cual quedamos excluidos. Es un espacio de poder, donde son ellos quienes deciden y les causa placer estrenar esta capacidad de hacerlo por sí mismos. Nos cambia radicalmente de lugar: aquí no podemos ordenar, ni forzar, ni apurar las cosas. Cada uno lo hace cuando quiere. Nos incomodan ciertos placeres de nuestros hijos... la succión, la masturbación (mi hijo no!!!, Jamás!!!!!) las conductas autoeróticas, y nos incomodan tanto que arremetemos contra ellos, en lugar de volver sobre nosotros mismos a ver qué nos pasa.

De día y de noche
El control nocturno merece un capítulo aparte. Aunque un niño controle esfínteres durante el día, pueden pasar aún muchos meses más hasta poder hacerlo por la noche. Usualmente se dice que luego de varias noches con el pañal seco, el bebé está listo para dormir sin él.

A la hora de pensar en esto, es importante tener en cuenta que:

El niño debe estar de acuerdo y saber exactamente qué está ocurriendo, qué se espera de él ("como hace varias noches que no mojas el pañal, ¿te gustaría probar dormir sin él? Te pondré un plástico debajo de la sábana para que no te preocupes si te haces pis, y probaremos. Si no quieres, probamos más adelante")
Como todo proceso, el control de esfínteres no es algo lineal, sino que habrá muchos avances y retrocesos. Esto es parte de lo esperable, y lo más importante es que nuestros hijos sepan que los acompañamos en este proceso y lo esperaremos todo lo que haga falta.
En cualquier orden de la vida, el reforzamiento positivo es beneficioso ("qué bien lo hiciste, estoy orgullosa de ti", "casi llegamos al baño esta vez, la próxima será mejor aún"). Bajo ningún concepto es aceptable que retemos al niño, que lo humillemos, que lo ridiculicemos o comparemos con otros amigos o hermanos que ya han logrado el control de esfínteres. Recordemos que no hay nada que él pueda hacer para controlar. No depende de que se acuerde, de que esté atento, ni de nada de eso. Se debe estar maduro para eso, y humillarlos o pretender acelerar el proceso es tan ridículo e infructuoso como gritarle a una oruga pretendiendo que se convierta en mariposa.
Dobles mensajes
Una pregunta muy frecuente en las mamás que consultan, es que temen darle un doble mensaje a su hijo si le vuelven a poner el pañal una vez que se lo han quitado. Siempre se puede volver atrás. Los papás consultan atemorizados porque su hijo se ha vuelto "regresivo". No se puede hablar de regresión en un niño de 2 ó 3 años, porque no se puede regresionar a un lugar del que nunca se ha salido.

Otra preocupación muy común es la de los mensajes contradictorios. Personalmente creo que damos tantos mensajes contradictorios a nuestros hijos todo el tiempo, que en el peor de los casos, este sería uno más. Pero no lo es. El único mensaje debiera ser "Te acompaño, y si ayer pudiste estar sin pañal y hoy lo necesitas, te lo pondré". Los chicos tienen cosas mucho más interesantes que hacer a esta edad, antes que estar todo el día preocupados en sus pises y cacas.

Es común que lleguen al consultorio chicos con un diagnóstico de enuresis secundaria (que quiere decir que se hacen pis o caca luego de haber adquirido el control de esfínteres), cuando en realidad, indagando, invariablemente son chicos a quienes se les ha "sacado el pañal" demasiado pronto, y nunca han adquirido verdaderamente el control de esfínteres. En estos casos, sin importar la edad de quien consulta, la solución pasa por volver a usar el pañal, por el tiempo que sea necesario, sin vivirlo como algo humillante, como un retroceso o como un castigo, sino simplemente entendiendo que esta función debe terminar de adquirirse, y como adultos, acompañaremos todo el tiempo que haga falta.

Algo comenzará a cambiar cuando dejemos de decir "le saqué la teta, le saqué el pañal, lo saqué de nuestra habitación", y podamos tener la paciencia suficiente como para esperar a que sean ellos quienes nos indiquen el camino a seguir.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Retirar el pañal o controlar esfínteres: el huevo o la gallina


Este artículo lo he recogido de Proyecto materna. Refleja lo que pienso y también cómo ha sido el proceso con mi hija, que un buen día decidió que ya no necesitaba llevar pañal. Sin más.




El control de esfínteres y la retirada del pañal son conceptos distintos y, sin embargo, en ocasiones, los confundimos. Un niño al que se le retira el pañal sin estar preparado para ello seguirá sin tener el control de esta función aunque nos empeñemos en lo contrario. E incluso puede ser perjudicial. Hay muchos niños a los que, si fuésemos sinceros con nosotros mismos, deberíamos volver a poner el pañal una vez retirado, pues se ve claramente que lo hemos hecho demasiado pronto. Lo que ocurre es que nos parece un retroceso, asumimos como un fracaso educativo el que nuestros hijos continúen con pañal. Y así, nos empecinamos en seguir adelante, aplaudiendo la mínima señal de continencia. Sin embargo, aunque ya no moje la ropa y el suelo a todas horas, habrá que tener en cuenta otros aspectos. Si un niño se hace pis cuando se ríe, cuando se pone nervioso, cuando se olvida de ir al lavabo, cuando está demasiado concentrado en una actividad quiere decir que no tiene el tema controlado. A los adultos no nos pasa ninguna de esas cosas... simple y sencillamente porque sí controlamos. Así que no confundamos el hecho de que nuestro hijo (y nosotros) pueda andar con cierta dignidad por la calle, sin mancharse ni manchar, con que el control de esfínteres sea una realidad.

Ahora bien... ¿por qué no esperamos a retirar el pañal cuando realmente el niño esté preparado? Al margen de las valoraciones en función de un pretendido éxito o fracaso educativo, que ya hemos apuntado, hay otras posibles explicaciones, y vamos a hablar de ellas.

En primer lugar, existe un consenso casi unánime en que para que los niños controlen esfínteres, hay que enseñarles, y eso se consigue a través de la retirada del pañal. Sin embargo, lo ideal sería hacerlo exactamente al revés: esperar a quitar el pañal cuando el niño esté preparado para ello, es decir, cuando pueda controlar esfínteres por sí mismo. Esta idea, en general, produce cierto temor. Se suele creer que si uno no le retira el pañal al niño, éste nunca llegará a controlarse, y tendrá problemas de incontinencia. Lo cierto es que, a no ser que haya un problema funcional real, ningún adulto tiene problemas con el control de esfínteres. Lo que nos hace sospechar que se trata de un proceso madurativo propio del ser humano, y no un objetivo educativo que las familias o las escuelas deban asumir como propio. Desde este punto de vista, en vez de retirar el pañal y correr con el orinal detrás de nuestros hijos, sería mucho más cómodo para todos (sobre todo para los niños, que no se sentirían presionados ni evaluados) esperar a que el propio niño nos diga que ya no necesita el pañal.

Además de este temor, existe un problema logístico añadido. El inicio de la Educación Infantil. En la mayoría de las escuelas de nuestro país, por no decir en la totalidad de ellas, no se admiten niños con pañal. Sabemos que es un problema real de tiempo y atención para una sola maestra o maestro tener 20 niños a los que cambiar y limpiar, pero habría soluciones intermedias si hubiera verdadera intención, por parte de las instituciones educativas, de encontrar alternativas. Pero la realidad es que no se asumen estas posibilidades porque no es sólo una cuestión de recursos humanos, sino de lo que entendemos que un niño debe o no debe saber a una determinada edad. Y pensar que todos los niños, a los 3 años (algunos a los 2 años y 9 meses) deben tener controlada esta función corporal es, cuanto menos, una idea difícil de materializar.

La realidad es que cada niño controla esfínteres a una determinada edad, igual que cada niño habla, anda o salta a una determinada edad. El que se asuma habitualmente que a partir de los 2 años debemos empezar a retirar el pañal tiene más que ver con la universalización de la educación infantil, que aún sin ser obligatoria se ve como necesaria (ésta es otra historia que ya trataremos) y de las condiciones que ésta nos impone para admitir a nuestros hijos. Así que, si estamos hablando de un proceso madurativo que tarde o temprano llega a su fin, ¿por qué empeñarnos en hacer pasar a los niños por este mal trago? Dejemos a cada niño seguir su ritmo y encontrarse seguro con su cuerpo antes de imponerle una convención social.