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sábado, 7 de mayo de 2011

Inteligencia emocional

Otro de los documentos que había en el USB del que he hablado antes, y que no recordaba, es Inteligencia emocional, de Paloma Cuadrado. Buscando el enlace original he encontrado varias páginas con textos suyos, muy interesantes, pero no he dado con éste (tampoco es que me haya desgañitado buscando, la verdad). Así que lo enlazo porque aunque lo he leído en diagonal me ha parecido muy interesante y es candidato a que lo imprima y lea como se merece.

Porque no sólo no basta con decir "tranquilízate un poco" para que alguien se sienta mejor, sino que además es contraproducente. Y que tire la primera piedra quien no lo haya dicho nunca, jejeje. Que tal y como lo digo soy consciente del efecto contrario que produce (en especial porque cuando me lo han dicho a mí me he ofuscado más), pero bueno, como súplica camuflada de orden, a veces sale.

El texto está aquí: La inteligencia emocional
La imagen, de Patricia Metola . Al ir a su nuevo blog, he visto un video precioso sobre la Princesa feliz que ha hecho.

Disciplina positiva

Seguramente conoceréis el libro de Jane Nelsen. De hecho, por algunos rincones del blog hay artículos suyos (pedazos del libro, al parecer).

Hace tiempo, mucho tiempo, encontré en algún sitio esta documentación que sirve como base para realizar escuelas de padres desde el enfoque de la disciplina positiva. Está editado por la Universidad de Puerto Rico. En concreto por la extensión agrícola del Colegio de ciencias agrícolas, dato que a mí me ha llamado bastante la atención. :) . Se quedó en una memoria USB junto a tantas cosas que he visto esta semana. En fin, que son 21 páginas con varias técnicas basadas en la comunicación y en la convicción de poder resolver los problemas de forma positiva.

Aquí lo tenéis enlazado: Disciplina positiva
Esta foto tan graciosa la he cogido de aquí

miércoles, 9 de marzo de 2011

Mediación

Pues ya que ha salido el tema de la mediación escolar en los comentarios de la anterior entrada, me traigo un enlace muy interesante sobre mediación de una página que es una auténtica mina en temas de convivencia escolar. Y este vídeo en concreto, en tres partes, me ha encantado.

En el primer vídeo explican qué es la mediación y plantean el conflicto concreto que se va a trabajar


En el segundo vídeo vemos el proceso de mediación según el modelo de Torrego:


Y en el tercer vídeo se realiza un repaso de las técnicas de comunicación que se han utilizado durante el proceso de mediación.

sábado, 5 de marzo de 2011

Las sillas de pensar (y no va de castigos)

Estos días ando profundizando en diferentes técnicas para resolver conflictos con niños de infantil y primaria. Una de las que me ha llamado la atención ha sido El txoko (el rincón) o el rincón de los conflictos según los autores (Alzate, Porro). Precisamente me ha llamado la atención por ese dar la vuelta a la silla de pensar... o bien mirado la silla de pensar aplicada como castigo fue en realidad un desvío de su uso original, siendo un espacio de recogimiento donde se podía ir voluntariamente para resolver un problema de matemáticas o lo que fuese, una escenificación de la idea de concentración y paréntesis mental. Pero ya sabemos el uso indiscriminado que se les da en muchas escuelas como castigo, devaluando el ya de por sí devaluado concepto de pensar.

Básicamente, como técnica de resolución de confictos, consta de un par (o tres) de sillas situadas en un sitio tranquilo de clase. Se le puede poner, a modo simbólico unos carteles con una oreja  en una silla y una boca en la otra. La idea es que las personas que tengan un conflicto puedan sentarse allí, tomarse su tiempo, su kit kat e ir alternando sillas. Cuando se está en la silla-oreja no se habla, sólo se escucha. Y en la silla-boca se cuenta la propia visión de lo sucedido. Cuando uno ha acabado de hablar, se alternan los papeles, las veces que sea necesario. Cuando los ánimos están tranquilos para dialogar, se dialoga y se llega a acuerdos, dando ideas que solucionen la situación. Si no, siempre pueden acudir al profesor si lo ven necesario.

Puede parecer un teatrillo y en realidad lo es. Pero aporta a los niños varias competencias: que cuando se tiene un conflicto pueden ser capaces de resolverlo sin necesidad de implicar a un tercero, les enfoca a que cuando hay un conflicto se puede resolver hablando, dando un valor singular a la escucha, a la expresión de sentimientos y al diálogo, que cuando los ánimos se calman es más fácil encontrar soluciones.

Por lo que he visto en este estudio de Álzate, se está llevando a cabo en colegios en educación primaria con muy buenos resultados, teniendo en cuenta que al principio sólo es algo que está ahí y que poco a poco lo van incorporando como propio, incorporando el valor de "ambos ganamos" en este conflicto. Comenta en el estudio que se ha notado un cambio en la actitud hacia los conflictos por parte de los alumnos, que al llegar del patio, gran fuente de conflictos, los que lo necesitan, se van de forma voluntaria y en muchos caso por propia iniciativa, a ese rincón el tiempo que crean necesario. Para ello, claro, los profes tienen que estar dispuestos a que se "pierdan" un rato de clase, tienen que creer en la importancia de lo que están aprendiendo los niños de forma alternativa.

imagen cogida de internet

viernes, 4 de junio de 2010

Ayudar a los niños a resolver conflictos emocionales

Ayudar a los niños a resolver conflictos emocionales, Por Naomi Aldort.

Hace mucho tiempo que quiero leer este texto y nunca tengo tiempo. Ya hasta se me había olvidado. Está en la sección de artículos, muy renovada de un tiempo a esta parte gracias a las traducciones de Sula, de Crianza Natural.

Pues nada, dejo el artículo y vuelvo a mis cosas, pero así no se me pierde otra vez...

martes, 2 de marzo de 2010

¡Jo, siempre él!

Hoy traigo un par de cosas, muy relacionadas.

La primera es un enlace al capítulo Cómo propiciar la colaboración del libro Cómo hablar para que sus hijos escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen, de Adele Faber y Elaine Mazlish, que subió Sole a Entrecomadres.


La segunda son las viñetas y resúmenes de capítulo del libro ¡Jo, siempre él!, de las mismas autoras. El libro va en la misma línea que el cómo hablar, pero se centra en situaciones en las que lo que prima es la relación entre hermanos. A mí me gusta mucho, aunque no sé si así puestas, a palo seco, se entenderán las viñetas. Quería haber hecho una pequeña introducción, pero de momento no me ha dado tiempo.

Jo siempre el

domingo, 1 de noviembre de 2009

El niño feliz


El niño feliz, su clave psicológica. Dorothy Corkille Briggs. Editorial Gedisa.

Copio parte del esquema que viene al final del libro. Supongo que puesto así, en forma de lista, hay conceptos que no se entienden, por eso recomiendo la lectura del libro.

La imagen es de Patricia Metola.

Capítulo 1: Bases de la salud mental

- Lo que el niño siente respecto a sí mismo afecta su manera de vivir la vida.

- La autoestima elevada se funda en la creencia, por parte del niño, de ser digno de amor y valioso.

- El niño debe saber que importa por el mero hecho de existir.

- El niño debe sentirse competente en el manejo de sí mismo y de su entorno. Necesita sentir que tiene algo que ofrecer a los demás.

- La alta autoestima no es "engreimiento"; consiste en que el niño se sienta serenamente cómodo de ser quien es.

Capítulo 2: Los espejos crean nuestras propias imágenes

- Todo niño posee los elementos necesarios para gustar a sí mismo.

- El niño aprende a verse a sí mismo tal cual lo ven las personas importantes que lo rodean.

- Construye su autoimagen de acuerdo con las palabras, el lenguaje corporal, las actitudes y juicios de los demás.

- Se juzga a sí mismo según como se vea en comparación con otros y cómo sean las reacciones de los demás hacia él.

- La alta autoestima surge de experiencias positivas con la vida y el amor.


Capítulo 3: Los espejos influyen en la conducta

- La conducta del niño se ajusta a su autoimagen

- El niño puede tener confianza en sí mismo en un terreno y en otros no; su forma de actuar nos da claves acerca de si siente que opera desde una posición fuerte (enunciados positivos acerca de sí mismo) o débil (enunciados negativos acerca de sí mismo).

- Cuando el niño se considera inepto, espera fracasar y actúa en consecuencia. La seguridad personal, en cambio, le da el valor y la energía necesarios para salir al paso de cualquier tarea; le permite esperar vencer; y también actúa en consecuencia.

Capítulo 4: El precio de los espejos distorsionados

- El niño busca autorrespetarse.

- Cuando se siente inepto, puede someterse a una vida de autodestrucción y de retracción, o bien elevar diversas defensas que le permitan conservar la autoestima.

- Las defensas neuróticas se erigen en torno de la creencia de ser indigno de amor y carente de valor.

- Cuando las defensas alejan a los demás, el niño deja insatisfecha su necesidad de reflejos positivos.

- Los reflejos positivos que damos al niño evitan que este tome por atajos que lo alejan de la plenitud de la vida.


Capitulo 5: La trampa de los reflejos negativos

- Por lo común, la visión de sí mismo por parte del niño cambia constantemente.

- Si el niño se convence de no ser bueno, se verá obligado - por la necesidad de convervar su coherencia interna- a evitar que le lleguen mensajes positivos acerca de sus aptitudes.

- La baja autoestima rígida es el resultado de la acción de muchos factores negativos durante mucho tiempo.

- Las actitudes negativas del niño hacia sí mismo, se pueden transformar en autoestima si se brinda al niño un clima de aceptación y experiencias de éxito.


Capítulo 6: Pulimento de los espejos representados por los padres

- Todos vemos a nuestros hijos a través de los filtros de la inexpeiencia, las normas ajenas, nuestros conflictos no resueltos, nuestras necesidades insatisfechas y nuestros valores culturales.

- Los filtros se transforman en expectativas, de acuerdo con las cuales medimos a nuestros hijos y que influyen la forma en que los tratamos.

- Cuando nuestras expectativas no se ajustan a nuestro hijo y a su etapa de crecimiento en particular, lo ma´s probable es que nos sintamos decepcionados por eso.

- Cuando el niño siente constantemente que no cumple con lo que esperamos de él, pierde el respeto por sí mismo.

- Nuestras expectativas tienen más probabilidades de ser justas cuando se fundan en los hechos del desarrollo de los niños, la observacion alerta y la sensibilidad respecto de las presiones sufridas por nuestro hijo en el pasado y en el presente.

- Revisemos nuestras expectativas a menudo; ellas son muy proclives a quedar fuera de lugar.

- Cuanto más satisfechos nos sintamos como personas, tanto menores serán las presiones no realistas que ejerzamos sobre nuestros hijos.

- Hacemos a nuestros hijos lo que nos hacemos a nosotros mismos. Por consiguiente, el aumento de nuestra autoaceptación nos permitirá aceptarlos mejor a ellos.


Capítulo 7: El verdadero encuentro

- Todo niño necesita atención concentrada - verdaderos encuentros- para sentirse amado.

- El afecto físico, la constante renuncia a nuestras propias necesidades, la sobreprotección, las altas expectativas, el tiempo que les dedicamos y los presentes que les hacemos, no siempre bastan para transmitir nuestro amor a nuestros hijos.

- Es probable que el chico vea el alejamiento constante de sus padres -preocupados por el pasado, el futuro, los horarios, las tareas- como falta de amor. El sólo puede sentirse digno de que lo quieran si nosotros nos tomamos el tiempo necesario para estar por completo por su persona.

- Hagamos un hábito del mantenernos abiertos a la maravilla que son nuestros hijos aquí y ahora. Comprobemos a menudo la cuota de atención concentrada que les otorgamos.


Capítulo 8: La seguridad que brinda la confianza


- La confianza es el ingrediente más importante del clima de seguridad psicológica.

- El niño debe poder contar con nuestra ayuda amistosa para la satisfacción de sus necesidades.

- PAra que él confíe en nosotros, nuestras palabras deben coincidir con nuestro lenguaje corporal.

- El necesita que nos mantengamos abiertos en la medida apropiada en cuanto a nuestros sentimientos, reservas y ambivalencias.

- El niño necesita que seamos humanos; seamos auténticos con él. Esto le ayudará a aceptar su propia humanidad, y le dará un modelo que ha de permitirle abarcar todas las partes de su propio ser. De este modo, no se alienará de sí mismo ni de los demás.


Capítulo 9: La seguridad del no enjuiciamiento.

- El segundo ingrediente de la seguridad se hace presente cuando desaparecen los juicios.

- Respondamos con "reacciones del yo" a su conducta: abandonemos por completo todo juicio acerca de la persona de nuestro hijo.

- Cuando el chico pueda verse como persona independiente de sus actos estará en mejores condicioens para crearse un autorrespeto sólido.


Capítulo 10: La seguridad de sentirse apreciado

- El tercer ingrediente de la seguridad psicológica consiste en apreciar lo exclusivo de nuestro hijo, aunque su conducta no nos resulte aceptable.

- No demos por descontada la exclusividad de nuestro hijo; tratémoslo con el mismo respeto que deseamos para nosotros, concentrémenos en sus cualidades positivas, evitemos el confundir su persona con sus actos, y tratemos de valorarnos nosotros mismo. De este modo, la estima vendrá por sí sola.

- Cuando el niño se siente estimado, se propone metas más realistas, acepta a los demás como son, aprende con mayor eficiencia, aplica su creatividad y gusta de sí mismo.


Capítulo 11: La seguridad de ser "dueños" de nuestros sentimientos

- El cuarto ingrediente de la seguridad consiste en permitir que el niño sea "dueño" de sus sentimientos sin por ello retirarle nuestra aprobación.

- Respetamos la separación que existe entre el niño y todo lo demás, cuando evitamos exigirle que adapte sus sentimientos y reacciones a los nuestros.

- Ofrezcamos muchas experiencias a los niños, pero tratemos con respeto su reaccion ante las mismas. Evitemos imponerles lecciones cuando ellos no disfrutan de las mismas.

- Planeemos activamente la diferenciación de nuestros hijos, tanto en cuanto a nuestras expectativas como en lo que hace a las actividades familiares.

- El respeto por sus diferencias y su exclusividad nutre la autoestima del niño.


Capítulo 12: La seguridad de la empatía

- La empatía consiste en comprender el punto de vista del niño sin juicios, acuerdo ni desacuerdo. Estemos atentos al lenguaje corporal, ya que este es más preciso que el hablado.

- Para ser verdadera, la empatía debe provenir de nuestros sentimientos.

- Cuando el niño se muestra transtornado, fuera de sí, su anhelo secreto es el de obtener comprensión empática. La necesita antes de que se le puedan dar explicaciones, razones o respaldos.

- Si consideramos que el papel del progenitor es el de nutrir, si respetamos la integridad de nuestro hijo, si estamos en contacto y en paz con nuestros propios sentimientos, la empatía se producirá fácilmente.

- La empatía barre con la alienación; es una poderosa prueba de amor. Y construye activamente el amor de los niños por uno.


Capítulo 13: La seguridad de tener crecimiento exclusivo

- El quinto ingrediente de la seguridad psicológica es la libertad para crecer de manera única.

- El crecimiento se opera por saltos, entre los cuales median regresiones y estancamientos.

- El ritmo de crecimento forma parte integrante del niño.

- Cuando el niño siente la seguridad de poder retroceder, está en libertad para crecer.

- Los siete incredientes del encuentro seguro se combinan para formar el clima del amor. Ellos aseguran que nuestro hijo sentirá nuestro interés por él; de este modo se pone en condiciones de desarrollar sincero autorrespeto, y de desplegarse en todas direcciones.


Capítulo 14: Cómo tratar los sentimientos del niño

- La mayoría de nosotros no trata los sentimientos de los niños de la forma en que quisiera que los demás tratasen los nuestros.

- Todo niño alienta toda clase de sentimientos, con los cuales la tradición nos ha enseñado a no entrar en contacto directamente.

- Cuando tratamos los sentimientos negativos mediante la razón, el juicio, la negación, el consejo, el respaldo o la desviación, apartamos al niño de nosotros. Semejante actitud lo fuerza a disminuir su autoconcepto y a reprimir o disfrazar sus verdaderas emociones.

- Los sentimientos reprimidos no sólo no desaparecen, sino que conspiran contra la salud física, emocional e intelectual.

- El poder de los sentimientos negativos se diluye cuando las emociones se aceptan con comprensión y se canalizan por salidas aceptables.

- Nuestro hijo necesita que seamos oyentes activos, y no pasivos.

- Para liberarnos de actos negativos, deshagámonos primero de los sentimientos negativos, que son la causa de aquellos.

- Los actos pueden necesitar limitacion; pero la expresión de los sentimientos sólo debe limitarse en cuanto a con quién, cuándo y dónde se efectúa.


Capítulo 15: Cómo descifrar el código de la ira

- La ira, sentimiento normal, enmascara un sentimiento anterior.

- Cuando aceptamos la ira del niño mediante la atención activa, él nos conduce casi siempre hacia la emoción subyacente. Canalicemos sus sentimientos por salidas seguras.

- Se puede reducir el número de momentos de ira, pero no eliminarlos por completo. Cuando el niño cae a menudo en estados de ira, se debe comprobar si sus necesidades físicas y emocionales se encuentran satisfechas, si no enfrenta demasiadas frustraciones, y si realiza suficiente ejercicio físico. También es necesario comprobar nuestras expectativas, el tipo de disciplina que aplicamos, el que no haya exceso de competencia o de comparaciones para él, y las tensiones familiares. Por último, asegurémonos de que le brindamos abundancia de encuentros seguros.

- La ventilación de nuestras propias hostilidades nos ayudará a trabajar con las de nuestros hijos.

- Enviemos nuestros primeros sentimientos como "reacciones del yo".

- La mayoría de las pataletas son signo de pérdida de control y de frustración extema, y no muestras de "comportamiento de mocosos".

- Los signos indirectos de la ira son las bromas continuas, la chismografía, el sarcasmo, la actuación de la agresión, el ataque a los valores adultos, los accidentes frecuentes, los temores irreales, la conducta modelo, la depresión y los síntomas psicosomáticos.

- La aceptación por nuestra parte de la ira del niño evita que este use salidas indirectas o se reprima. Y le permite aceptar su propia humanidad total.


Capítulo 16: Cómo desenmascarar los celos

- Los celos en familia son un sentimiento normal, ya que todo niño anhela ser el favorito.

- Los celos enmascaran los sentimientos reales o imaginarios del niño en el sentido de hallarse en desventaja.

- Las presiones internas y externas pueden deteriorar la sensación de aptitud del niño; eso lo hace proclive a los celos.

- El niño encuentra en la alta autoestima una seguridad interna que lo protege contra los celos frecuentes en intensos.

- Los celos aumentan cuando se hacen presentes el favoritismo, las comparaciones y la falta de respeto por la individualidad. Evitemos el usar a un niño para cubrir nuestras propias necesidades insatisfechas. La atmósfera familiar tranquila, fundada en la cooperación y en la disciplina democrática, reduce la frecuencia de los accesos de celos.

- Signos indirectos de los celos son los aumentos súbitos de la dependencia, la regresión, la demanda de cosas materiales y la mala conducta.

- Cuando los celos se presenten, ayudemos - mediante la atención concentrada- a que el niño los exprese. Su sentimiento es real para él independientemente de lo reales o imaginarios que puedan ser los hechos que lo provocan.

- Ayudemos al niño a sentirse comprendido, incluido e importante; así, no se sentirá defraudado.


Capítulo 17: Motivación, inteligencia y creatividad

- Todo niño nace curioso, y con tendencia a confiar en sí mismo.

- Si queremos estimularlo intelectualmente y asegurarnos de que empleará la creatividad, debemos apoyar sus exploraciones, su curiosidad y sus movimientos hacia la autoconfianza. Debe sentirse seguro para hacerse preguntas y descubrir hechos.

- Estimulamos la inteligencia del niño cuando le brindamos ricas experiencias de primera mano, contacto con un lenguaje amplio, experiencias exitosas de solución de problemas, y ejemplo y actitudes familiares de valoración del aprendizaje y la independencia.

- El crecimiento intelectual del niño se ve afectado por: los impedimentos físicos, la insatisfacción emocional, los sentimientos reprimidos, la presión indebida tendiente al logro de metas no realistas, la disciplina no democrática, el corte de las líneas de comunicación, las aulas abarrotadas, los maestros inadecuados y las técnicas de enseñanza deficientes.

- El clima de encuentro seguro motiva al niño para parneder y capitalizar su exclusividad innata. Existe relación directa entre la autoestima elevada y la creatividad sin trabas.


martes, 15 de septiembre de 2009

¿Por qué Gritan?


Ultimamente, hablando con otros padres que acaban de tener hijos en segunda ronda, comentamos que los mayores gritan mucho, de repente, como si se hubiesen vuelto sordos o como si las cuerdas vocales se hubiesen vuelto locas.

Y he aqui una explicacion que me he encontrado en CN. A mi me ha dado que pensar.
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Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente :

-¿ Por qué la gente se grita cuando están enojados ?

Los hombres pensaron unos momentos:
- Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos.

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el sabio-. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:

- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro, a través de esa gran distancia.

Luego, el sabio preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó:

- Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuán cerca están dos personas cuando se aman.

Luego, el sabio dijo:

-Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

jueves, 4 de junio de 2009

Escuchar a los niños


Este texto me lo he encontrado en el escritorio de mi ordenador, junto a la version en catalan, asi que supongo que sera de Miquel Angel Alabart, pero no estoy segura... quizas es de la revista Viure en Familia... soy un mar de dudas, pero queria ponerlo aqui antes de eliminarlo del ordenador y perderlo para siempre.

Ultimamente me veo bastante retratada en este articulo, la verdad. Y lo peor, es que soy consciente de ello, pero me meto y me meto y me meto en luchas de poder (creadas por mi). Podria decir que el calor hace que este agotada (bueno, la crianza de dos ayuda tambien a estar cansada), y que el cansancio se transforma en irritabilidad y en un no poder mantenerme al margen de ciertas peleas absurdas con mi hija. Digamos que muchas veces me veo con el automatico puesto. Si consigo pensar algo del tipo ¿y que mas da? suelo encontrar una forma colaborativa de resolver el conflicto (normalmente creado por mi, todo sea dicho, aunque eso lo veo a posteriori). Si no, pues me pongo estupenda de la muerte, a la altura de una niña de 4 años. Con esto no me estoy fustigando, ni mucho menos. Creo que son procesos normales pero siempre se puede hacer algo por apagar el automatico y volver a retomar la escucha (de ellos y de nosotros mismos) y dejar la "lucha".


Imagen de monica Calvo


El problema de los niños “caprichosos”, que “no tienen límites” o que “se portan mal” es un problema falso. En realidad, lo que necesitamos abordar es la discapacidad que tenemos los adultos para comunicarnos con los niños. Por eso necesitamos escucharles, reconocer nuestras propias necesidades y las de ellos, y comunicarnos verbalmente legitimando lo que nos pasa. Entonces podremos buscar acuerdos entre el deseo de uno y el deseo del otro, buscando creativamente una manera de respetarnos.

Siempre me ha llamado la atención que no consideremos necesarios los acuerdos con los niños. Por ejemplo: un niño nos pide que le expliquemos un cuento antes de ira dormir. Le decimos que se tiene que lavar los dientes. Se enfada. Discutimos. Ni se lava los dientes, ni le explicamos el cuento. Por la noche se hace pipí. Todos nos sentimos confundidos y amargados. Una opción posible es tener en cuenta la demanda original, formulada bajo la forma desplazada de explicar un cuento.

Reconocemos que hemos trabajado todo el día, que el niño pequeño nos echa de menos, que quiere un momento de intercambio sólo, que ya no sabe como pedirlo. Aquí los adultos contamos con la palabra mágica: “ah… ¿quieres que te explique un cuento? ¿qué te parece si nos lavamos los dientes?” o bien, “yo también tengo muchas ganas de estar un rato tranquila contigo” o, incluso, podríamos dejar el lavarse los dientes para otro moemtno. Si los niños piden que les expliquemos un cuento, tengámoslo en cuenta! Pactemos teniendo en cuenta lo que ellos necesitan y lo que nosotros los adultos estamos en condiciones de ofrecer: ponerse de acuerdo significa acercar posiciones. Una vez hemos accedido a la petición desplazada, tenemos que ir a buscar la petición original. Esta cuestión requiere un conocimiento genuino sobre las necesidades básicas de los más pequeños. Los adultos solemos considerar que “ya son demasiado mayores para…” creemos que tendrían que hacer lo que sea que aún les resulta difícil como habilidad: jugar solos, no chuparse el dedo, permanecer en fiestas de cumpleaños sin nuestra presencia, dejar el biberón, no interrumpir cuando los mayores hablan, etc. No obstante, los niños que “no hacen caso” generalmente provienen de hogares donde la presencia compresa de los padres es escasa.

En cambio, escuchar a los niños e intentar una comunicación honesta con ellos requiere un mínimo de dedicación: o nos disponemos a buscar un rato largo por el día para alimentar las relaciones afectivas con nuestros hijos o la vida cotidiana se convierte en un infierno de prohibiciones. No hay niños difíciles, hay adultos a los que nos resulta más fácil desplegar nuestra energía y nuestros intereses en otros ámbitos.

Cuando las familias consultan por los “niños que no tienen límites” suelo sugerirles una tarea muy difícil: que se organicen para permanecer 15 minutos al día sentados en el suelo de la habitación de su hijo o hija sin hacer nada. Sólo observándoles y estando disponibles. En la siguiente entrevista que tenemos solemos comentar los resultados. Aunque parezca increíble, casi nadie lo consigue. Porque suena el móvil, o han vuelto tarde de una fiesta de cumpleaños, o han ido a comprar, o se ha enfermado la abuela. De esta forma podemos, al menso, reconocer los obstáculos emocionales que la mayoría de los adultos tenemos para ocuparnos 15 minutos al día exclusivamente para nuestros hijos e hijas. La realidad es que los niños esperan. En la vida cotidiana el instante de “estar con los padres” parece no llegar nunca.

Si por casualidad el niño está entretenido, “aprovechamos” para “huir” a preparar la cena. Entonces el niño interpreta que “cuando estoy tranquilo y juego solo, pierdo a la madre o el padre”. En cambio si molesto “tengo al padre o a la madre”. Cada niño “caprichoso” es en realidad un niño que necesita más padre o madre, necesita un adulto que se pare, que encuentre “un límite” en su vertiginosa forma de actuar. Estamos preocupados por la educación de nuestros hijos e hijas, preguntándonos cómo hacer para que se porten bien, sean amables y educados y puedan vivir según las normas de nuestra sociedad. No obstante, estos “resultados” no dependen tanto de nuestros anhelos, sino de lo que comunicamos genuinamente. Para ello se requiere un trabajo de introspección permanente. No podemos pretender que los niños pequeños expliquen sencillamente aquello que les pase, si no les escuchamos. Tampoco serán capaces de hacerlo si no les explicamos qué nos pasa. Y aún peor, nosotros no sabemos hablar con ellos, porque ni siquiera nos entendemos a nosotros mismos. Pero sólo será posible llegar a acuerdos si tenemos presente el conocimiento y aceptación de aquello que nos sucede a todos. De esta forma será factible experimentar encuentros armoniosos y tiernos. En lugar de hablar “de estos niños que se portan mal”, hay que considerar nuestros modelos de comunicación, la confianza con la que nos dirigimos hacia nuestros niños, la búsqueda de nuestra verdad y el ejercicio de hablar con la verdad personal cada día, a cada instante, con cada uno de los niños. Este entrenamiento requiere valentía , ya que a veces tenemos que deshacernos de modelos antiguos aprendidos en la infancia, que perpetúan autoritarismos, miedos y enorme desconocimiento del alma humana.

En la práctica cotidiana de la escucha constatamos que las “luchas” contra los niños se suavizan, aparece la comprensión y la aceptación de las diferencias y el verdadero sentido personal que tiene para cada uno de nosotros la vida compartida con nuestros hijos e hijas.

lunes, 25 de mayo de 2009

Conectar con los niños


Articulo publicado en el pais semanal 26-04-2009 y adaptado (en su bibliografia) por Sole, de entre comadres. La verdad es que como yo soy tan racional, no siempre tiendo a contar historias simbolicas, y creo que es algo que tengo que revisar. Sole tambien recomendaba esta pagina con cuentos. Reconozco que aun no he echado mano a cuentos con el objetivo de educar. Siempre me he acercado a ellos por el placer de disfrutarlos, pero es cierto que la mayoria de cuentos e historias pueden servir para ver modelos... no se, ya digo que tengo que revisarme esto. Pero si que el sentido de tratar de acercarnos a su lenguaje, a su forma de entender las cosas, me parece fundamental. Por eso resalto el ultimo parrafo. Hay que entender que no son adultos en miniatura.

Hace poco, unas madres me preguntaban por cuentos para ayudar a los hijos en su adaptacion al cole. Y me di cuenta de que yo lo que hice fue una proyeccion del futuro. Le explique punto por punto lo que iba a suceder durante el dia en el cole, tambien la lleve a la clase antes de que comenzara, para que jugara con los juguetes, conociera a la profe, la visualizara, le diera vida real. Vamos, que de simbolico, nada, pero realmente a ella le motivo todo lo que le explique y experimento y desde el primer dia fue encantada a clase.
Si que, por ejemplo, me he acercado al abordaje de los sentimientos que genera el tener un hermano pequeño, a traves de un cuento que me paso Eva (y que a ver si consigo el permiso de las autoras para colgarlo). El poder ver a traves de un cuento que todos los sentimientos son validos creo que le ha ayudado mucho a elaborarlos.

Conectar con los más Pequeños
FERRAN RAMON-CORTÉS 26/04/2009


A menudo hablamos a los niños como si fueran adultos. Error. Hay que cambiar el código. Sustituir la explicación conceptual por la narración simbólica, por cuentos e historias. Echarle imaginación. Es eficaz y estimulante.

Cuando mi hija empezaba a leer, un día, libro en mano, me preguntó:


–Papá, ¿qué es generoso?

Se lo intenté explicar lo mejor que pude. Le conté que ser generoso consiste en dar a los demás, en compartir las cosas, en no quererlo todo para ti…

–¿Lo has entendido? –le pregunté.

Al tiempo que corría por el pasillo hacia su habitación, oí que me contestaba:

–Creo que sí.

Pasaron algunas semanas, y una tarde me volvió a preguntar:

–Papá, ¿qué era lo de generoso?

Batalla perdida, pensé. Quizá lo había entendido en su momento, pero evidentemente no lo había interiorizado, y por ello ya no lo recordaba. Probé con otra estrategia: en lugar de insistir con mis explicaciones, le conté una historia. Un ejemplo de generosidad de una persona muy cercana a ella: su abuela. Escuchó atentamente mi relato con los ojos abiertos como platos y con una gran sonrisa en sus labios. Yo noté que esta vez algo se estaba moviendo dentro de ella.

Algunos meses más tarde, volviendo de la escuela me dijo:

–¿Sabes, papá?, hoy en el cole hemos hablado de lo de ser generoso. Y yo les he dicho: “Como mi abuela”.

Ahora estaba seguro: no sólo lo había entendido, sino que probablemente lo recordaría para siempre.

Conectando con los niños.

“La distancia más corta entre el hombre y la verdad es un cuento”

(Anthony de Mello)

Como adultos, estamos acostumbrados a comunicarnos mediante explicaciones conceptuales. Un código de comunicación que compartimos y que permite que nos entendamos perfectamente entre nosotros. Lo utilizamos cuando nos comunicamos entre adultos y, por extensión, lo utilizamos también con los niños. Pero la mente infantil es poco receptiva a este código. A los niños les cuesta entrar en el significado de los conceptos, y aunque los pueden entender, difícilmente los recuerdan por mucho tiempo. Las explicaciones conceptuales calan muy poco en sus mentes infantiles, y les llegan muy poco. Por eso nos parece que tenemos que repetirles doscientas veces las cosas para que las asimilen, cuando lo que ocurre es que no les interesa lo que les contamos. Y es que sin darnos cuenta, les hablamos en un código de adultos que los adultos entienden y comparten, pero que a ellos les es completamente ajeno.

Pero comunicarnos con los más pequeños no es difícil. Exige solamente un cambio de código. Hemos de abandonar las explicaciones conceptuales y cambiarlas por la narración simbólica, es decir, las historias, los cuentos, las metáforas, las vivencias, o cualquier otro recurso narrativo que se nos ocurra.

Podemos explicarle a un niño veinte veces la necesidad de comer verduras. Ni le interesará ni lo comprenderá realmente. Pero una buena historia, con un héroe alimentado de verduras (al más puro estilo de Popeye y sus espinacas), le transmitirá perfectamente la idea, y no lo olvidará fácilmente.

El poder de las historias

“La mente es una criatura metafórica” (Michael A. Arbib)

La mente de los niños es especialmente sensible a la fantasía. Y lo que es más importante, como son muy listos, son perfectamente capaces de conectar esta fantasía a su vida real aprendiendo de las historias.

Las historias comunican mucho más que las meras explicaciones. En primer lugar, porque el niño las visualiza, las imagina, las vive. Las hace suyas, atesorándolas y fijándolas en la memoria. En segundo lugar, porque conectan con sus experiencias y con todo lo que ocurre a su alrededor. El niño le da significado a la historia estableciendo precisos paralelismos con su vida. Las historias conectan con vivencias y realidades que son únicas e individuales de cada niño que las recibe. Y en tercer lugar, porque las historias mueven emociones, cosa que difícilmente hace una mera explicación. Mover sentimientos es una clave esencial para fijar el recuerdo. No sólo en los niños, también en los adultos, las cosas que sólo se entienden, se olvidan. Las que además se sienten, se recuerdan para siempre.


Los niños se encuentran inmersos en pleno proceso de desarrollo de su personalidad. Es un momento crucial para que entiendan el significado de determinados valores y para que den sentido a sus comportamientos. Es una etapa en la que necesitan información y quieren comprender el significado de muchas cosas que ocurren a su alrededor. Nosotros, como adultos, también nos vemos en la necesidad de explicarles muchas cosas que no son fáciles de explicar.

La separación de los padres de un amigo, la llegada al mundo de un nuevo hermano, un compañero de clase que viene de un país lejano y no habla nuestro idioma, la muerte de un abuelo… Hay mil cosas que vamos a tener que explicar a los niños porque son situaciones que ya están viviendo o que un día les tocará vivir.

A veces no sabemos ni cómo ponernos a ello. Sin embargo, es mucho más fácil de lo que parece. Tenemos que atender a su lógica. Los niños son extremadamente listos. Y tienen una lógica aplastante. El primer día que fuimos a esquiar, mi hijo de cuatro años andaba buscando la tele del telesilla: “¿Los telesillas no son sillas con tele?”, me preguntó.

No caiga en la tentación de explicarle que tele significa lejos, que televisión es una visión remota o que telesilla son sillas que te permiten cubrir una cierta distancia. Conecte con su lógica y métase de lleno en su fantasía. Es usted quien ha de ir a su mundo, no traerlos a ellos al nuestro… Todavía…

Nos basta con buscar, o inventar, una buena historia. Una historia que haga que el niño se meta en la situación que le queremos contar. Que la viva en su imaginación y la llene de fantasía. Si lo hacemos así, nos daremos cuenta de que las preguntas vienen solas e inmediatamente al término de nuestro relato, prueba de que la historia ha despertado en el niño lo que tenía que despertar.

Van a continuación tres estrategias para conseguir de los niños lo que tanto nos cuesta aplicando nuestro esquema:

Cuentos para transmitir afecto. Cuando explicamos historias a los más pequeños, además de educarles o enseñarles algún concepto (si la historia está pensada para ello), obtenemos un beneficio adicional: establecemos un fuerte vínculo de afectividad. A través de un cuento compartimos con el niño un espacio de fantasía que él aprecia y valora especialmente. Y de alguna manera, nosotros mismos acabamos siendo parte de la historia. Porque el cuento tendrá los matices y la fuerza que le demos a través de nuestra entonación, de nuestra particular manera de contarlo. Eso genera mucha complicidad con los pequeños, que querrán que les repitamos el cuento una y otra vez, exactamente con las mismas palabras, con las mismas inflexiones, sólo para disfrutar del momento.

Es un efecto que, si nos paramos a pensarlo, no nos resulta ajeno. Porque es exactamente igual a lo que nos pasó a nosotros de pequeños con los cuentos de nuestros padres y que esperábamos con impaciencia cada noche.

para mantener el recuerdo. Es bueno que los pequeños conozcan a sus antepasados, que tengan una historia familiar y que conozcan toda la saga. Es bueno también que recuerden a los que ya nos han dejado y a los que han tenido un papel especial en sus vidas. Todo esto lo podemos contar también con las historias. Historias que haremos a medida y en las que los personajes y los héroes serán estos familiares a los que queremos recordar.

El recuerdo contiene siempre una importante dosis de distorsión. No nos debe preocupar aportar, además, una buena dosis de fantasía. Lo importante es asegurarnos de que lo mantenemos vivo.

para establecer unas reglas. Otro aspecto fundamental en la comunicación con los niños es el establecimiento de normas o pautas de conducta. También aquí el código que utilicemos será crucial.

Es difícil que un niño entienda que debe despertarse a las 7.15, que tiene que estar desayunando a las 7.35 y que a las 8.00 hay que salir hacia la escuela. Se lo podemos repetir cien veces, que no lograremos mucho. Y recordar las normas cada mañana, al tiempo que nos enfadamos porque vamos con retraso, no ayuda mucho. ¿Cómo puede hacerse cargo un niño de lo que significa todo esto? Hacer un juego de todo ello es mucho más efectivo. Marcar en el reloj de la cocina una gran línea roja, jugar a acercarse a la línea, hacer de los últimos minutos unos momentos de máxima expectación y premiar con un punto la victoria, convierte la norma en un reto. Y hará que la recuerden y, sobre todo, la aprendan.

¿Que no estamos muchas veces para juegos? Debemos saber que si recurrimos a la norma explícita y a la bronca, no la acabarán de comprender. Sabrán que les están riñendo, pero no sabrán exactamente por qué, ni qué tienen que hacer para solventarlo. Es cierto que no todas las normas admitirán un juego, pero sí una dosis de fantasía, una metáfora o una pequeña historia. Y es bueno que lo hagamos, porque es su lenguaje, y lo que queremos es que nos entiendan.


CON OTRO LENGUAJE
1. Libros

‘El niño con el pijama de rayas’, de John Boyne (Salamandra, 2007). Un maravilloso ejemplo del funcionamiento de la lógica infantil, tan sensata y tan directa, y tan despojada de segundos sentidos y de malicia.

‘Cuentos de todos los colores’, de J. M. Hernández Ripoll y Aro Sainz de la Maza (RBA, 2004). De gran ayuda para acercar la multiculturalidad a los niños a través de los cuentos.

2. Películas

‘La isla de Nim’, dirigida en 2008 por Mark Levin y Jennifer Flackett. Narra la historia de una niña que acude a su héroe literario para salir de una situación límite. Una interesante metáfora de la traslación de las historias a la vida real por parte de los niños.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Escuchando el "Si" en el "NO"


Un texto sobre comunicación, que es un apartado que hace tiempo tenía olvidado. Esto de la Comunicación No Violenta es algo que suena bien, comunicarse sin ser violentos, pero es cierto que cuando he leído algo específico sobre ello me ha resultado demasiado meticuloso, metódico y poco sincero si no hay un trabajo interior (igual tendría que leer más sobre el tema, no sé). Pero la idea del texto me parece buena, no engancharnos al no de nuestros hijos y poder seguir comunicando nuestras ideas, nuestros motivos, reconocer los motivos del otro, sin menoscabar la igual dignidad que tienen nuestros hijos respecto a nosotros sus padres. Esto de la igual dignidad es algo que leí en el libro de Jesper Juul, Su hijo, una persona competente y la verdad es que lleva varios días rondándome la expresión, la aplico para todo. No siempre es fácil no darse la vuelta ante el no de nuestros hijos y no soltar un "¿cómo que no?", o un "claro que sí", y enzanzarnos en una lucha de poderes. Pero por experiencia, es más rápido llegar a donde queremos sin soltar estas frases, a no ser que sea riendo.


El texto lo he extraído de la página de CNV de Argentina.
La imagen la he traído de un blog que se llama pepebujos, de un estudiante que suele aprovechar las clases más aburridas para dar rienda suelta a su verdadero talento.
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"NO!" La temida palabra ha sido dicha. Le has pedido a tu hijo que haga algo razonable, como ponerse protector solar en un día caluroso y de sol, que lave sus manos antes de comer, que se ponga los zapatos antes de salir de la casa, que levante sus juguetes que dejó desparramados por el living, que se lave los dientes antes de dormir, que vaya a dormir.

Y, tu hijo de uno, dos, tres, cuatro o más años, tiene una mente independiente. Te encanta su inteligencia, su independencia cada vez mayor y su seguridad, su deseo de decidir lo que quiere y cuando. Pero te gustaría que sea razonable! Quisieras que hiciera, sin demasiadas complicaciones, lo que vos querés que haga.

Negociar el espacio entre lo que queremos y lo que nuestros niños quieren puede forzar nuestra paciencia y llevarnos al límite. Los libros de educación para padres dan fe de esto, ya que uno después de otro focalizan en cómo hacer que nuestros hijos hagan lo que queremos que hagan, sea a través de "disciplina efectiva", premios, castigos o diálogo.

La comunicación no violenta (CNV) ofrece una perspectiva y habilidades que permiten un acercamiento al diálogo más profundo y desarrollado que cualquier otro proceso que yo haya encontrado. La premisa que subyace en la CNV es que todas las acciones humanas son intentos para satisfacer nuestras necesidades humanas, entender y empatizar con estas necesidades crea confianza, conexión y, más ampliamente, paz. Esta premisa se traduce en un juego de herramientas para la comunicación muy práctico y concreto que aumenta nuestra habilidad para reconocer y empatizar con los sentimientos y necesidades propios y ajenos. Cuando usamos consistentemente (e incluso ocasionalmente) la CNV podemos crear conexión profunda, confianza y cooperación entre los miembros de todas las edades de una familia.

Un dialogo de CNV

Recientemente, una madre me escribió sobre un problema muy familiar para la mayoría de los niños menores de cinco años. Quería saber como podía enfrentar un "no" de su hija de 2 años sin recurrir a la fuerza. Describió la siguiente situación:


"A veces mi hija se niega a sentarse en la sillita del auto, y en ese caso nosotros la forzamos a hacerlo (*) . Este hecho se vincula con la protección de mi hija. Pero podría argumentarse que podríamos simplemente esperar y no ir a ningún lado en el auto hasta que podamos hablar con ella para que entre voluntariamente. Sin embargo, como la mayoría de la gente, siempre estamos a las corridas y esperar resulta muy raramente una opción práctica."

(*) En los EE.UU. existen leyes sobre el uso de sillas diseñadas para la seguridad de los niños de determinada edad y tamaño en los autos. Aquellos adultos que no las respeten se encuentran frente a importantes multas o penalidades.

Un dialogo de CNV puede o no ayudar a resolver este problema rápidamente, pero seguramente ayudará a la madre a tener la calidad de relación que ella quiere con su hija. Si elige tomarse un tiempo para conectar con su hija (lo cual a veces logra que las cosas se hagan más rápidamente) el dialogo sería algo así:

Madre: Ya es hora de ir a la casa del abuelo.

Hija: NO! NO! NO!

Madre: ¿Estás divirtiéndote con lo que estás haciendo y querés seguir haciendolo?(En lugar de escuchar el "no", la madre escucha a lo que la niña le está diciendo "sí", tratando de adivinar sus sentimientos-placer- y sus necesidades- jugar y elegir).

Hija: Si! Quiero seguir cuidando a las plantas!

Madre: Realmente te estás divirtiendo cuidando a las plantas?

Hija: Si!

Madre: Me encanta ver como te divertís. Pero estoy preocupada porque me gusta llegar a los lugares a la hora en que dije que iría.

(En lugar de volver con su propio "no" la madre expresa sus sentimientos y su necesidad de ser responsable).
Si queremos llegar a lo del abuelo a la hora en que le dije que llegaríamos es hora de salir. Te gustaría subirte a la sillita del auto ahora?(La madre termina con un pedido que permite que su hija sepa lo que la madre quiere en este momento y que le ayudaría a satisfacer sus necesidades).

Hija: No! Quiero seguir con las plantas!

Madre: Me siento confundida sobre qué hacer. Me encanta cuando haces cosas que te gustan, y también quiero hacer lo que dije que iba a hacer. (La madre esta mostrando que está preocupada por satisfacer ambas necesidades).
Estarías dispuesta a subirte a la sillita en cinco minutos así podemos llegar allá pronto? (La mamá ofrece una estrategia que tal vez satisfaga ambas necesidades, otra vez en forma de pregunta.)

Hija: Está bien.

También podría no ser tan fácil...

Hija: NO! Yo no quiero ir! Me quiero quedar en casa!

Madre: Estás MUY frustrada ahora? VOS querés elegir lo que querés hacer? (Mamá conecta con su hija mostrando que entiende y acepta las emociones intensas de su hija y su necesidad de autonomía.)

Hija: Si! Yo quiero seguir regando y cuidando a las plantas!

Madre: Aha. Me siento triste porque quiero armar programas que funcionen para todos. ¿Te gustaría pensar conmigo en algo que funcione para las dos en este momento? (Nuevamente, la madre expresa su cuidado para encontrar una solución que satisfaga ambas necesidades y llega a esta estrategia que también puede satisfacer las necesidades de su hija de elegir y tener autonomía)

Hija: Está bien.

Dependiendo de la edad de la hija, las estrategias para satisfacer las necesidades de todos, pueden venir del padre con un feedback del hijo, o de ambos. Mi hijo comenzó a plantear estrategias para satisfacer las necesidades de todos antes de los 3 años, a menudo algunas novedosas y funcionales en las cuales nosotros no habíamos pensado. Incluso si el niño dice "no" en esta etapa, la CNV continúa ofreciendo opciones para el dialogo que profundizan nuestra conexión. Con experiencias repetidas que dan al niño confianza en que los adultos respetan sus necesidades tanto como las propias, rápidamente comenzará a desarrollar mayor capacidad para considerar las necesidades del otro y actuar en consecuencia.

Satisfacer necesidades como la base de estrategias

Usando la CNV, hacemos foco en cómo satisfacer todas nuestras necesidades, a veces posponiendo decisiones hasta que hayamos hecho una conexión con el otro que será la base de la solución. Habiendo conectado, padre e hijo trabajando en la situación de la sillita del auto pueden tener una gran variedad de estrategias, dependiendo en cuáles necesidades están mas vivas para ellos. La madre puede darse cuenta que puede satisfacer su necesidad de ser responsable llamando al abuelo y posponiendo la cita para una hora después. Ella puede elegir satisfacer su necesidad de consideración expresando sus sentimientos y necesidades más apasionadamente y buscando ser entendida por su hija. O puede conectar con sus necesidades de armonía y tranquilidad y elegir cambiar de planes. Si se cambian los planes en un claro intento por satisfacer las necesidades de todos, esto es distinto a claudicar a los caprichos del niño.

Conectar con las necesidades del niño puede crear otras estrategias. La niña puede tener una necesidad intensa de jugar, que puede satisfacerse armando un plan sobre lo que podría hacer cuando lleguen a la casa del abuelo. Puede tener una poderosa necesidad de autonomía, que puede satisfacerse pidiéndole que ella decida cuando está lista. También tiene la necesidad de contribuir con la vida de otros. Si la madre encuentra una manera de expresar sus propios sentimientos y necesidades y hacer pedidos claros a su hija, puede ayudar a la hija a conectar con la necesidad intrínseca de contribuir con otros y así entrar en la sillita del auto resulta una elección del niño en vez del resultado de una lucha de poder que ha perdido.

En ambos casos, cuando la madre insiste con honestidad expresando sus sentimientos y necesidades y empatizando con los sentimientos y necesidades de su hija, madre e hija desarrollarán las habilidades que necesitan para encontrar estrategias que funcionen para ellas a lo largo de sus vidas.

¿Que diferencia tiene el escuchar un "si"?

Cuando nuestros niños dicen "no" y nosotros escuchamos "no", nos quedamos con dos opciones insatisfactorias. O nos acomodamos a sus "no" o nos contrariamos. Cuando elegimos transformar los "no" de nuestros hijos en una comprensión del "sí" que está detrás ganamos en una mejor comprensión de lo que motiva las acciones de nuestros hijos, necesidades que son compartidas por todos los seres humanos.

Al entender a nuestros hijos más profundamente, generalmente nos sentimos más conectados con ellos y ellos con nosotros. La gente que está conectada tiene una capacidad mayor para pensar creativamente en estrategias para satisfacer sus necesidades, extender nuestra buena voluntad hacia el otro, y ejercitar más paciencia y tolerancia cuando sus necesidades no son satisfechas en el momento. En mi familia, esto no significa que resolvemos todo fácilmente. Pero sí significa que casi siempre nutrimos nuestra conexión a través de estos diálogos, y que confiamos en el otro profundamente con nuestros sentimientos y necesidades. Esta es la cualidad de relación que quiero con mis hijos y con mi pareja.

Cambiar nuestras respuestas a los "no" de nuestros hijos significa, en parte, dejar el poder que tenemos sobre nuestros hijos a través de renunciar a (o al menos reducir) nuestros propios "no" hacia ellos. Esto significa estar dispuesto a abandonar nuestro apego a las estrategias, a partir de una comprensión de nuestras necesidades y las de nuestros hijos. Esto implica focalizar en la naturaleza de la relación que queremos tener con nuestros hijos, lo que queremos enseñarles, y para qué clase de mundo queremos prepararlos.

Pero usar la CNV no significa resignar satisfacer nuestras necesidades! Nuestras profundas necesidades humanas importan, y tenemos herramientas poderosas para satisfacerlas: expresar nuestros sentimientos y necesidades apasionadamente, y aprender a identificar qué es lo que queremos que satisfaga nuestras necesidades sin un costo para nuestros hijos. Sin culpar, avergonzar, o pedir obediencia podemos satisfacer nuestras necesidades conectando con nosotros mismos y con nuestros hijos.

Hay un peligro al hacer pedidos a nuestros hijos en lugar de demandas o ultimatums; ellos pueden simplemente decir "no", y podemos pensar que debemos aceptarlo. Por supuesto, no hemos perdido mucho, porque nuestros hijos dicen "no" con frecuencia a nuestras demandas! Que placer, entonces, descubrir que escuchando el "sí", ganamos la libertad de no tener que tomar un "no" como respuesta. Podemos usar un "no" (de nuestros hijos, nuestras parejas, de nosotros mismos) como el comienzo de un rico dialogo que puede acercarnos y movernos en la dirección de la satisfacción de todas nuestras necesidades.



© por Inbal Kashtan 2003
Este artículo aparece en la publicación de Inbal Kashtan "Parenting from Your Heart: Sharing the Gifts of Compassion, Connection, and Choice" (PuddleDancer Press, 2003). Inbal Kashtan es la coordinadora del Proyecto de Educación para Padres del Centro para la Comunicación No Violenta. Vive con su familia en California, EEUU. Por mayor información sobre su publicación y sobre el Proyecto de Educación para Padres del CNVC, consultar en www.cnvc.org

sábado, 20 de septiembre de 2008

Ideas para educar sin violencia


Juraría que esto ya lo había puesto, pero como he visto que no lo encontraba y que como siempre me cuesta tanto dar con este listado, lo subo aquí. Surgió de un post en el foro de Crianza Natural, hace casi 3 años ya (la lectura del post no tiene desperdicio). Cada madre iba aportando qué ideas solían funcionar para quitar hierro a las situaciones conflictivas y poder pasar esa barrera del enfado y la invasión de cólera que hacía que la historia aún se volviera más tensa y difícil de solucionar. Esther recopiló todas esas herramientas y el documento ha ido a parar a la nevera de muchas casas.

Imagen de Mónica Calvo
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IDEAS PARA EDUCAR SIN VIOLENCIA

1. OBSERVAR : Si nos anticipamos a la rabieta estaremos mas preparados para afrontarla.

2. ESCUCHAR Y COMPRENDER: lo que tu hijo quiere decirte es importante para él. Debemos tomarlos en serio. Hacerles entender de que nos hemos dado cuenta de qué es lo que quieren:
“Te gusta mucho esto, verdad? pero.........”
"Entiendo que quieres esto pero...."
"Cariño, es que así no entiendo lo que me dices, ¿te calmas un poquito y me lo pides hablando?..

3. PACIENCIA Y TRANQUILIDAD: SI PIERDO LOS NERVIOS PUEDO RECUPERARLOS...PARA ELLO TENGO LAS SIGUIENTES HERRAMIENTAS:

1) CONTAR HASTA 89432
2) REPETIR FRASES: "paciencia, paciencia, mañana a esta hora ya va a haber pasado todo"
3) CAMBIAR DE CONTEXTO: Alejarse o buscar una distracción relajante para calmarse
4) RELAJARSE: respirar hondo, yoga, spa...
SI DESPUES DE TODO PIERDO LOS NERVIOS:
5) Pedir perdón y explicar nuestros sentimientos.
4. ABRAZOS

P.E: abrazarle y susurrarle cosas del estilo " que enfadado está mi chiquitín, ya le pasa, ya le pasa...", sino se deja, dejarlo desahogarse

5. HUMOR : no hay cosas que si las miran 'de lejos' parecen graciosas ??
Decirle las cosas cantando o bailando
Hacerlos reír
Desconcertarles haciendo algo inesperado: cantar, poner caras, cambiar de sitio, pegar saltos y carreras, bailar...

6. SEGURIDAD : sentirse seguro de uno mismo y de que va a saber manejar la situación
P.E: Sonreír y decir: yo sé que eres un buen chico y vas a hacer lo correcto.

7. COHERENCIA: si hay un “no” que sea realmente justificado y coherente. Analizar en que situaciones es realmente importante el poner limites. Vale la pena estar todo el día diciéndole NO a todo?

8. EXPLICAR: pausada y serenamente las cosas

9. CONFIAR EN EL: Mi hijo es un encanto y estoy segura de que va a hacer lo correcto

10. RELATIVIZAR: analizar la situación. Vale la pena para dos días que se vive enfadarse tanto ¿Es realmente importante esta limitación?

11. EXTRAPOLAR: El comportamiento de niño al de adulto: Si tú tienes derecho a salirte de la línea recta, tu hijo también

12. FOMENTAR LA EMPATIA: Intenta ver las cosas desde el punto de vista de tu hijo

13. CAMBIA EL CONTEXTO: Realizar otra tarea que les guste/relaje para que olviden el motivo de la rabieta.

14. RECOGIMIENTO/MEDITACION/SEPARACION: nunca como castigo, sino para desahogo, cambio de contexto o para recuperar la serenidad(no debe verse como un castigo ni ser traumática)..mejor acompañado

15. ENSEÑARLE A PONERSE EN EL LUGAR DE LOS DEMAS:
“A ti te gustaría que te hicieran eso?”

16. PACTAR/NEGOCIAR

17. SI HACE ALGO REALMENTE PELIGROSO, USAR UN NO ENÉRGICO

18. SIEMPRE, SIEMPRE, HAY QUE HABLARLES A LOS NIÑOS A SU ALTURA;

AGACHARNOS O COGIENDOLOS EN BRAZOS, PERO SIEMPRE QUE SU MIRADA Y LA NUESTRA ESTE A LA MISMA ALTURA; Y MÁS EN LOS MOMENTOS DE LOS QUE ESTAMOS HABLANDO

19. NO CONTAGIARNOS DE SUS EMOCIONES: no ponernos a su nivel y pillarnos una rabieta nosotros también:

"quiéreme más cuando menos me lo merezco, porque es cuando más lo necesito".

IDEAS MAESTRAS
Descargar adrenalina: hacerle cosquillitas en la barrigota y diciéndole "como que no, bichito mío, ya veras tu, te voy a comer el culete

Ayudarles a descargar la rabia: "vaya enfado te has cogido, porque no me dibujas en este papel lo enfadado que estas?"

El cuento de la lechera. Cuando te piden insistentemente algo que no le podemos dar en ese momento, puede funcionar el montarse un cuento sobre ello en tono de complicidad y humor: "vaya cariño, me encantaría tener una varita mágica para poder hacer aparecer esto o lo otro..."
Despedirse: si hay que irse y el no va a querer ayudarle a hacerse a la idea despidiéndose de las cosas: “adiós agua”, etc..

No quieres darle algo: un pelin teatrera "qué lástima, se nos han acabado, no tenemos, pero mañana acuérdate que hay que comprar"

Bloqueo: si quiere hacer algo prohibido, impedírselo interponiéndose y dejar solo que lo use aprendiendo la utilidad de ese objeto(p.e. jugar con el interruptor no, pero si hay que encender la luz, pedirle que lo haga él

Compañeros de desgracia: si no quiere hacer algo, acompañadlo en la tarea

Que pasa?: Mirar los ojos del “enrabietado”, con amor. hasta que ambos vuelvan a estar tranquilos. En silencio. Buscar señales no verbales por ver si es capricho o si le pasa algo. Luego, volver a intentarlo de nuevo. Si no funciona, cambiar de actividad.

LA SOLUCION DEFINITIVA: CTRL+ALT+SUPR: BORRON Y CUENTA NUEVA: AMBAS PARTES COMENZAR DE CERO
"Empezamos de 0?" y le doy la mano tipo” de acuerdo" o le digo "a mí no me gusta estar enfadada, prefiero estar contenta y tú?"

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Y ahora qué?


Cuando nuestros hijos comienzan a desplazarse, a muchas madres nos asaltan las dudas. ¿Debería permitirle que lo tocara todo?, ¿cómo abordar algunas situaciones que rodean el peligro?... Si escuchamos las voces que llegan desde el exterior, justo es ese momento en el que oímos “hay que ponerle límites”, “hay que decirle que no” y demás frases vagas y carentes de sentido por sí mismas. Si a quien miramos es a nuestro hijo vemos a alguien a quien se le ha despertado un gran interés por la vida, que ansía conocerlo todo, necesita experimentar, moverse. Así que a muchas madres nos toca pasar por un momento de reflexión, de reubicarnos, de adaptarnos a una nueva fase de las muchas que vamos a pasar con nuestros hijos.

Mi postura ante este tema ha sido la de seguir a mi hija, que a la edad de 10 meses se convirtió en una gran exploradora con ganas de satisfacer su curiosidad por conocer absolutamente todo lo que la rodeaba. Aunque hoy no me voy a adentrar en el tema límites, tenía claro que esos límites de los que me hablaban desde fuera (es decir, desde el gabinete de psicología de la guardería) pasaban únicamente por su seguridad. Y era yo la responsable total de proporcionar una estructura segura donde ella pudiese satisfacer su gran curiosidad.

También tenía muy en cuenta que la capacidad para razonar aún no se había despertado en su cerebro y durante muchos meses más seguiría actuando por impulsos. Con esto quiero decir que no esperaba que con decirle una vez que por su seguridad no podía hacer algo fuera a entenderme para siempre. Cada situación, aunque para mí fuese repetida, para ella era vivida como la primera vez, así que yo tenía que resetear mi mente para poder estar a su nivel y que no me abandonara la paciencia. Esto fue sencillo, gracias a mi poca memoria.

Mi planteamiento general ante sus excursiones era ¿Es peligroso? Si lo era de forma inminente no había más tiempo de explicaciones (explicaciones muy básicas, que ellos también se pierden si les contamos películas). Ahí sí utilizaba un “no” de alarma, un “para!”… Si veía que el peligro no era inminente pero si seguía, la situación podía complicarse para ella, sí le explicaba “L, esto (breve descripción de lo que hacía en una o dos palabras) es peligroso”.

Si no era peligroso para ella o para los demás, pensaba “en qué me molesta que haga lo que hace”, “¿y por qué no puede hacerlo?” y en base a la respuesta, de forma sincera conmigo actuaba dejando que siguiera o redirigía su actuación hacía algo en lo que yo también me sintiera cómoda. Cuando le decía la palabra No (en sus múltiples facetas, no me refiero sólo a esa palabra, luego me extiendo sobre eso), era porque tenía muy claro que era que no. Es decir, me planteaba si era peligroso, si no lo era me planteaba por qué no quería que hiciera algo, si encontraba razones de peso dentro de mi esquema mental ( y para decidir eso también me planteaba la importancia que para ella tenía realizar esa acción), decidía, de forma muy rápida. Esta rapidez podía dar lugar a “errores de cálculo” y siempre lo he tenido en cuenta y he aceptado esos errores, pero sobre todo me aportaba seguridad a la hora de actuar a partir de mi decisión.

En esta etapa me fueron de gran ayuda los textos del doctor Sears. Yo veía que me faltaba “lenguaje” para comunicarme de forma positiva con mi hija y a través de ellos conseguí seguridad para hacerme con formas de comunicarme con mi hija. Esas formas que adopté salían de dentro de mí en realidad. Las tenía adormecidas en algún lugar y gracias a las pequeñas (o grandes) orientaciones del padre de la crianza con apego conseguí que salieran. Y con ello sentamos las bases de nuestra comunicación.

Según él, la palabra No es una palabra con mucha fuerza, que sale fácilmente de nuestra boca y que por esto mismo, por el abuso que podemos hacer de ella, puede llegar a perder su significado y quedar carente de sentido. De hecho, yo misma he comprobado esa máxima de que lo mejor es decirles qué quieres que hagan y no que no quieres que no hagan. Dicho así queda enrevesado, y de hecho supone más esfuerzo para la mente adulta, ya que en pocos segundos tiene que dar la vuelta a la situación y transformar un “no salgas a la terraza” por un “quédate dentro”, o un “no golpees al gato” por un “caricias”, o un “no toques el cuchillo” por un “mira qué cuchara tienes ahí delante para tocar” (y en este caso mi pensamiento era un “tengo que recordar no dejar cuchillos a su alcance”) o un “no toques” por un “vamos a mirar esta figura tan frágil”… y así hasta el infinito. Pero pronto me di cuenta de que su capacidad para entender lo que le estaba diciendo era impresionante. Y aunque nunca olvidaba lo que he comentado antes, que actúan por impulsos, pronto noté que al gato lo acariciaba de forma suave siempre, por ejemplo. Es famoso su texto 18 maneras de decir No de forma positiva, pero no creo que sirva para aplicar de forma metódica (cuál método), sino que insisto en que hay que reflexionar y sacar aquello que nos suene sincero, que cuadre con nuestro esquema como padres.

En general me encontré que ante esas situaciones que no podía dejar pasar ella me escuchaba y rápidamente encontraba algo más seguro que explorar. En las pocas situaciones en las que eso no era así y realmente no podía hacer lo que quería, ahí estaba yo para abrazarla, reconocer y verbalizar esos sentimientos de rabia, frustración, enfado… Y aquí también resulta sorprendentemente lo rápido que se sentía aliviada y dispuesta a volver a sus “tareas”.

Resumiendo, seguir a nuestros hijos en su despertar a la vida no es fácil. Nos topamos con mucho equipaje en forma de estereotipos, de conductas aprendidas, de frases automáticas. Hay que mirarse dentro y ver hacia dónde queremos ir y cómo.

También es importante el ver las etapas evolutivas en las que se encuentra, porque a veces pedimos cosas para las que no están preparados (razonar, obediencia, que asuman las normas de convivencia al uso y las usen siempre...). Y por supuesto, mirarle a él, como persona individual. Cada uno es diferente, con su carácter diferente y por lo tanto no responde igual ante situaciones iguales. Y otra cosa, que cuando no hacen las cosas como queremos no nos están desafiando, ni hay que tomárselo como algo "personal", sino como algo natural. Esto parece de perogrullo, pero cuanta más naturalidad (sincera) se le de al tono de voz, sale menos agresividad, más confianza y ante eso ellos (y todo el mundo), se fían de nosotros y nos hacen más “caso”.

Pero creo que realmente lo que esta etapa requiere por encima de todo es que una parte nuestra vuelva a la infancia, que redescubramos el mundo a través de sus ojos, que les sigamos. Eso nos aporta una dosis de humor, de buen rollo y esa sensación de estar metidos en un gran juego. Porque en realidad, para ellos todo es un juego y actuando en ese gran juego, siendo participantes activos, les podemos transmitir muchísimas cosas. Y además, disfrutaremos.


Imagen de Patricia Metola. Aunque la ilustación es antigua, estoy muy contenta porque ha vuelto a actualizar su magnífico blog

martes, 8 de abril de 2008

Educar emocionalmente




Traigo este artículo desde la página web de entrecomadres. Su autora es Soledad González, a la que muchas veces he mencionado, como Solecilla o Sole. Es un artículo largo, lo sé, pero es que me parece muy interesante. Es un tema del que he subido muchos textos, pero sin duda, faltaba éste.




La imagen esta vez es de Mónica Calvo




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ELEMENTOS NECESARIOS:

-CONOCER NUESTRAS PROPIAS EMOCIONES
-ESCUCHAR: lo que dicen y lo que no dicen.
-VERBALIZAR
-ACEPTAR
-EMPATIZAR
-FACILITAR QUE EL NIÑO RESUELVA POR SI MISMO LAS EMOCIONES O SITUACIONES.


Los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos. Nos sentimos muy satisfechos, lógicamente, cuando en el colegio nos dicen que nuestro hijo es inteligente y que no tendrá problemas con los estudios. Pero ¿debemos conformarnos con esto? ¿El buen resultado académico lo es todo? No. Puede ser que nuestro inteligente hijo tenga problemas para relacionarse con sus compañeros, o sea inexpresivo, o incapaz de gestionar ni controlar sus emociones, enfadándose en exceso cuando algo sale mal. Los estudios del profesor Goleman, el “padre” de la inteligencia emocional, revelan que algunos niños cuyo desarrollo académico era pobre, ocupaban luego puestos de mucha responsabilidad, gracias a la posesión de una desarrollada inteligencia emocional. En la otra vertiente, también demostró que muchos muchachos con un brillante currículo académico, pero con un manejo deficiente de sus emociones, no eran capaces de ocupar aquellos puestos que por el currículo les habrían correspondido, o bien eran incapaces de ser felices en su vida diaria.

Otra de las afirmaciones que hizo Goleman es que este aprendizaje se debe comenzar en edades tempranas, antes de que el niño llegue a la escuela. Si las familias no realizamos esta tarea de alfabetización emocional llegaran a la comunidad escolar (como es ya frecuente ver) niños que no controlan sus emociones, que tienen respuestas exageradas, desproporcionadas y fuera de tono cuando se les pide cuentas sobre cualquier pequeño problema fácilmente superable. Aprender a moderar los impulsos, resolver los conflictos mediante el dialogo, interpretar correctamente los comportamientos y ser capaz de predecir los sentimientos de los demás y muchas mas cosas. Todo eso se enseña utilizando la inteligencia emocional en la educación de nuestros hijos.
Para que se produzca un elevado rendimiento escolar, se deben dar en el niño determinadas características, además de la inteligencia “clásica” medible con un test:
-confianza en si mismo -curiosidad por descubrir -sensación de ser capaz y eficaz -autocontrol -relación con el grupo de iguales -capacidad de comunicar -capacidad de cooperar con los demás.

Ver los momentos emocionales que surgen en nuestra vida diaria con los niños como oportunidades para la vinculación y el aprendizaje, en lugar de verlos como una carga, un problema que hemos de solucionar no se da de forma espontánea en todos nosotros (mas bien, yo diría en casi ninguno ¿Quién piensa en aprender cuando nuestro hijo nos abraza o monta un berrinche de órdago?). Pero es un cambio de actitud que es necesario hacer si de veras queremos iniciar a nuestros hijos y nosotros mismos en la educación emocional.
Todos estamos programados para lidiar con las emociones de un modo diferente. Existe la actitud despreocupada de quien ve los sentimientos como algo tonto y sin relevancia y si el niño se muestra triste o dolido este tipo de padres dirá: así es la vida, y cuanto mas pronto te des cuenta, mejor.

Otra actitud posible es la de los padres que consideran que sentimientos negativos como la tristeza o la ira, son peligrosos y tratan de librar al niño de ellos lo más pronto posible, reemplazándolos por sentimientos positivos. Por ejemplo ante el niño a quien se le ha escapado el globo y llora desconsolado le dicen: no llores mas, que yo te comprare un helado para que te contentes.

A otros la expresión de las emociones les hace sentir incómodos. Y por ello trataran de evitar o ignorar los sentimientos de sus hijos, recurriendo a amenazas para controlar su comportamiento emocional. Y hay muchas más actitudes corrientes respecto a las emociones del niño que no son positivas en términos de educación emocional (la verdad es que repaso esta lista y veo que…casi siempre me equivoco, al menos en primera instancia):

-rescatar: no te preocupes, mama va a hacer que esto no te pase más para que no estés triste.
-castigar: no puedes ponerte así por esto que además ha sido tu culpa. Vete a tu cuarto.
-resolver el problema: no llores, que te compro ahora mismo otro globo/ yo hablo con ese niño para que….
-moralizar: si hubieras recogido tus juguetes no se habrían estropeado. No vengas ahora llorando.
-negar: no te sientas mal, no fue culpa tuya que la lluvia estropeara los juguetes.
-humillar: ¡como puedes ser tan irresponsable! Ahora mismo llamo a tu padre y le cuento que te has dejado los juguetes en el jardín y se han estropeado.
-demostrar lastima: oh! Esta lluvia mala. No tendría que haber llovido para que no se estropearan los juguetes.
-aleccionar: esto te enseñará a mantener tus juguetes guardados, señorita.

Y esto es solo una lista parcial de actitudes destinadas a frenar los sentimientos. Con estas actitudes pretendemos enseñar a nuestro hijo una lección, y los resultados son a menudo muy diferentes. Con ellas logramos que el niño se centre en que no está bien sentirse triste o culpable, en lugar de centrarse en el reconocimiento de sus sentimientos, la aceptación de los mismos y la búsqueda de soluciones.

Las emociones, todas, incluso las negativas forman parte de nosotros y por tanto de una persona sana y feliz. Aprender a reconocerlas, aceptarlas y manejarlas es algo que los padres pueden u deben transmitir.


-CONOCER NUESTRAS PROPIAS EMOCIONES:
Podremos ayudar mejor a que nuestros hijos conozcan y manejen sus emociones si conocemos previamente las nuestras, como las sentimos, como las manejamos, como nos desenvolvemos con ellas. Por ejemplo, es importante que nos hagamos las siguientes preguntas:

-¿Cómo manejas tus emociones, especialmente las negativas como la ira o la tristeza?
-¿Cómo cambian tus emociones a lo largo del DIA?
-¿Cuántas palabras relativas a emociones como frustración, preocupación, alegría, tensión…utilizas a lo largo del día?
-¿Cómo manejas la situación de tener que lidiar con dos o mas emociones simultáneamente?

Los padres y cuidadores que están en contacto con sus propias emociones pueden relacionarse mejor con las emociones de los niños. Como todo buen guía, un padre que conoce el terreno conducirá mejor a sus hijos a través de el.

Por otro lado, padres y cuidadores atraviesan a lo largo del día la serie completa de emociones a través del niño. ¿Quién no comparte el orgullo y la alegría de un niño que nos enseña su última obra de arte? ¿Y como no sentir ira cuando el niño no deja de gritar en el supermercado porque no le hemos comprado las chuches que nos pedía?

Debemos aprender a compartir con el niño nuestras propias emociones cuando sea adecuado. Esto supone enseñarles además que somos capaces de controlarlas. Por ejemplo, decirle a un niño chillando que estamos enfadados con el, cuando nuestra ira es obvia y estamos fuera de control, es compartir una emoción, pero es menos didáctico para el niño, que si somos capaces de, sintiendo la misma ira, decirle con la mayor calma posible: ahora estoy demasiado enfadado para que podamos hablar. Necesito tranquilizarme, hablaremos luego. De este modo, no ocultamos nuestra emoción: el enfado, pero le enseñamos a nuestro hijo que somos capaces de mantener la emoción bajo control.

-ESCUCHAR:
Estar receptivo a las emociones de los hijos pone a los padres en mejor posición para ofrecer apoyo, comprensión durante los momentos difíciles de ira, tristeza frustración, y también para celebrar junto con ellos los momentos de alegría, felicidad y risa.

La forma de transmitir los sentimientos es diferente en diferentes etapas de la vida de un niño. Es fácil adivinar que un bebé que ríe está feliz, y que un bebé que llora se siente desdichado. Pero no siempre es fácil ir mas allá, y no todas las emociones son tan evidentes.

Cuando un niño ya puede hablar, debemos escucharle. Es imprescindible hacerlo atentamente (no a la vez que hacemos la cena y vigilamos al hermano pequeño). Si en ese momento no podemos dedicarle toda nuestra atención, es mejor decírselo así, y aplazar la conversación a un rato mas tarde: cariño, eso que me cuentas parece muy importante/parece que te afecta mucho/te resulta muy complicado…y ahora mamá/ papá tiene que hacer esto. Pero dentro de media hora estaré libre para escucharte con la atención que merece lo que me cuentas. Pero si existe la posibilidad de pararnos y escuchar atentamente en ese momento, debemos hacerlo: cariño, eso que me cuentas me parece muy importante. Me sentaré contigo para que me lo expliques mejor, aunque luego tengo que seguir haciendo la cena. (Esto, además le hará sentir muy importante y especial)

La forma de escuchar a los niños debe dejarles claro que estamos prestándoles atención y que tomamos en serio lo que nos dicen.

-tipos de escucha:
Atención activa: es una técnica muy adecuada para iniciar una conversación con niños. Exige que los padres sean capaces de ponerse en el lugar del otro, de forma que pueda descifrar los mensajes emocionales de manera correcta.
Por ejemplo: una chica le dice a su padre: ¿papá, que clase de chicas te gustaban cuando eras joven?
-supongo que lo que te preguntas es como debes ser para gustar a los chicos ¿es eso?
-si, tengo la sensación de que no les gusto, y no ser porque es.

El padre ha descifrado correctamente el mensaje y ha expresado lo que le sucede a su hija, dándole un nuevo sentido a la conversación: el problema no es averiguar que encontraba su padre atractivo en las chicas, sino los problemas de inseguridad en si misma de la hija.

O bien, Sandra de tres años se dispone a ir a la playa con la chica que la cuida. Yo acabo de volver de trabajar (sin comer aun) y cansada (todo esto Sandra no lo sabe) en el momento de salir, dice que no quiere ir a la playa.
-¿no quieres ir a la playa?
-no
-bueno, pues tata se lleva a Carlos y tu te quedas conmigo
-nooooo,¡si quiero ir!
-bueno, pues prepárate, porque tata ya se va.
-nooooooooo ¡no voy!

…. Y sí un buen rato, y la cosa comenzó a convertirse en una rabieta autentica. Hasta que su madre, o sea, yo, descifra lo que subyace bajo ese aparente berrinche sin sentido:>/BR> -Sandra, tu quieres ir a la playa, pero quieres que yo vaya con vosotros ¿verdad?
-si.
-pero mama aun no ha comido, y acabo de llegar muy cansada de trabajar. Yo voy a bajar luego a buscaros a la playa, y te prometo que mañana vamos a pasar los tres juntos todo el día en la playa.
-vale.

Y Sandra se fue a la playa sin una protesta más.
-Escucha pasiva: Es posible que para un niño resulte más fácil hablar sobre sus experiencias y emociones si le escuchamos sin interrumpirle para expresar rápidamente nuestra opinión. Se trata de darle mientras habla señales inequívocas de que le estamos escuchando atentamente y que nos interesa lo que dice, hablando nosotros lo menos posible:
Un ejemplo:
-hoy me han mandado al despacho del director
-¿a si?
-si, dijo el profesor que hablo mucho en clase
-¡vaya!
-no soporto a ese profesor. Además me tiene manía, y sus clases son muy aburridas
-hummmm
-como la clase es tan aburrida, por eso nos pasamos el rato haciendo el tonto.
-…(mantener contacto ocular, postura atenta)
-cuando tengo clase con otros profesores atiendo y participo, pero con este, se me quitan las ganas de aprender.
-…(idem)
-¿Por qué se habrá hecho profesor?
-…(encogiéndose de hombros)
-bueno, de todos modos no queda mas remedio que acostumbrarse a el, ya que será mi profesor todo el curso y no me puedo pasar el tiempo en el despacho del director.
De este modo el niño ha encontrado la forma de expresar sus sentimientos de ira y frustración, y también ha podido calmarse y encontrar la solución por si mismo, lo que además le permitirá en el futuro asimilar situaciones similares.

La forma habitual de comportarse el padre habría sido ante las primeras confidencias una respuesta del tipo ¡seguro que te has pasado la clase charlando! ¡Tu te los has buscado!....de este modo, el niño no habría seguido hablando, se habría sentido incomprendido en sus sentimientos y difícilmente habría podido encontrar solución.

En este tipo de escucha, aunque se llame pasiva, es necesario transmitir al niño mediante expresiones o nuestro lenguaje corporal que le escuchamos atentamente y que nos resulta interesante y nos importa lo que esta diciendo: mantener el contacto ocular, situarnos a su nivel, mantener al niño abrazado mientras habla, utilizar algunas expresiones verbales (¿de veras? ¿Si? ya veo, cuéntame más, no te he entendido bien, ¡que interesante! Hummmm…..). Esto da continuidad a la conversación, y evita expresar opinión o dar solución, y a la vez transmite interés y aceptación de lo que nos están diciendo.

Con niños más pequeños, puede ser más difícil que esto conocer sus sentimientos y las causas que los provocan. A veces es necesario convertirse en detective, para descifrar lo que pasa en sus cabezas.

Puede que las emociones que siente no sean aparentes, pero un pequeño que se vuelve retraído y se enfada frecuentemente con su hermana pequeña, puede estar sintiéndose inseguro sobre su papel en la familia, o envidioso de la atención que se le presta a ella. Una niña que iba contenta a la guardería y de pronto no quiere ir, puede que no tenga nada que ver con la guardería: un cambio en el tiempo que sus padres le dedican, el hecho de que uno de sus amiguitos haya decidido trabar amistad con un nuevo compañero, puede estar haciendo que sienta en peligro el vinculo con sus padres, o puede sentirse rechazada por su amigo.

Las pistas las podemos encontrar en su rostro, en su actos, en la actitud de su cuerpo (decaído, tenso…), en sus juegos (es muy importante escucharles cuando juegan, atendiendo a lo que ponen en boca de sus muñecos), en sus sueños (sus pesadillas nos abren una ventana a las emociones del niño). De un modo muy simple podemos adquirir e implantar en los niños el hábito de hablar diariamente de cómo se han sentido a lo largo del día. Incluso con bebes que no saben hablar, podemos realizar un juego consistente en que el padre o madre se pinta en los dedos de la mano caras con distintas expresiones asociadas con sentimientos: alegre, triste, asustado, enfadado, sorprendido… y utilizando estas caritas el niño nos puede mostrar como se ha sentido en relación a los diferentes acontecimientos del día. Cada una de estas caras puede ir contando su día. Después de haber escuchado todas las historias se puede pedir al niño que escoja el que mas se identifica con sus propios sentimientos en relación a ese día o suceso. Es importante que el niño no perciba que tratamos de decirle lo que tiene que sentir, sino que perciba que es libre de expresar cuales han sido sus sentimientos. Es una técnica para escuchar al niño. En estas circunstancias, compartir con ellos nuestras propias sensaciones ayuda a abrir la conversación: mi mejor momento del día fue cuando….y el peor fue….me sentí triste/ enfadada/ frustrada….me hizo sentir mejor….Si ha habido algún momento o evento del día especialmente malo o frustrante, podemos incluirlo en la conversación explicando nuestro punto de vista, escuchando el de ellos y tratando de arreglarlo (disculpándose si se nos ha ido la cabeza y hicimos una montaña de algo poco importante o si hemos desatendido o malinterpretado sus actos)

Los juegos con títeres o marionetas, en los que se le pregunta no directamente al niño, sino a la marioneta que porta sobre diferentes temas, también nos permiten aproximarnos a sus verdaderos sentimientos. Y finalmente los cuentos y los libros en los que el niño puede interpretar la motivación de las emociones que expresan los personajes, y hablar de ellas sin sentir que habla de si mismo. Se pueden utilizar libros concebidos para este fin. Pero también por ejemplo, libros en los que se muestran cuadros de pintores famosos, con retratos de personas en diferentes situaciones y actitudes.

Todo esto son estrategias que debemos considerar en situaciones en las que sospechemos que a nuestro hijo le sucede algo que no es capaz de identificar o expresar, ya que conocer a través de la escucha lo que le pasa es el primer paso para ayudarle a reconocer y manejar esas sensaciones.


-VERBALIZAR:
Es necesario ayudar al niño a construir un vocabulario que le permita expresar los sentimientos, tanto como ayudarle a conocer de donde vienen estos.

Desde que nace un bebe podemos ya ayudarle con esto. De hecho, poner en palabras las sensaciones que notamos en un niño es una de las tareas que corresponde a la madre en el proceso de vinculación: un recién nacido llora como expresión universal de cualquier incomodidad, y es la madre, diciendo “ya tienes hambre ¿verdad? Ahora mama va a darte de mamar” o bien “estas cansado, vamos a dormir un poquito” o “¿has hecho caca? Vamos a cambiar el pañal” la que pone la etiqueta a esa sensación, de modo, que a medida que crece el bebe puede ir discriminando: “ah esto que siento es hambre, y se quita comiendo” o bien: esto que noto es sueño, y se resuelve durmiendo, o bien, así me siento cuando el pañal esta sucio y necesito que me lo cambien.

Y a medida que se hacen mayores podemos incluir ya los sentimientos: te sientes mal/ frustrado/enfadado porque no has podido abrir ese bote, puedes probar así/ a ver si entre los dos podemos/ inténtalo más suavemente/ aun eres un poco pequeño para poder hacer eso, yo puedo hacerlo por ti. Aun será pequeño para reconocer el mismo sentimiento en otra ocasión, pero ponérselo en palabras para el una y otra vez, hará que se vaya conformando en su cabeza un esquema de las emociones, al igual que de bebe se forma el de las sensaciones.

Es importante intentarlo siempre. Aunque el niño este demasiado enfadado, debemos explicarle que esta enfadado y que por eso llora o pega. Aunque acto seguido le expliquemos que pegar no es valido como expresión por muy enfadado que este. Cuando Carlos monta en cólera con su hermana porque no le deja un juguete o por cualquier otra cosa y preveo que va a soltar la mano, le sujeto las dos manos con suavidad y me coloco a su altura: estas muy enfadado con Sandra porque no te deja ese juguete. No puedes pegarle para decírselo, pero puedes usar la boca: di: estoy enfadado (lo repite) y ahora pidele el juguete con la boca en lugar de pegando: (lo pide en su media lengua). En este caso cuento con la colaboración de Sandra casi siempre, y si no es así, busco yo la manera de que ambos puedan jugar con ese juguete o encuentro algún sustituto para uno de los dos. El caso es que consigue frenar a Carlos, me permite felicitarle por haber hecho bien las cosas a pesar de estar muy enfadado, y normalmente, pasado el momento álgido, (se enfría el sentimiento descontrolado) es relativamente fácil que entre todos encontremos algún remedio. A veces lleva bastante rato. Pero a cambio me permite enseñar a Carlos como puede parar a tiempo una agresión. Y a veces no funciona, o sea, o no llego a tiempo y Carlos ya le ha pegado, o bien a pesar de los esfuerzos Carlos acaba teniendo un berrinche. Y a veces, las menos, los dos acaban teniendo un berrinche. Pero creo que las veces que funciona sirven de aprendizaje para todos nosotros.

Cuando ya son mayores y capaces de comprender lo que sienten, puede que ellos mismos lo pongan en palabras, pero eso no quita que nosotros también lo hagamos. Esto permite mostrarles nuestra aceptación y también nuestra empatía: Comprendo que estas triste/ enfadado/ frustrado cuando me pasa algo similar yo también me pongo triste /enfadado/frustrado. Esto le animará a profundizar en la situación, le hace saber que su sentimiento es valido, y que nosotros también lo aceptamos como tal. Fíjate que cuando me pasó a mi….lo pude resolver…..Esto le animará a buscar solucion a su propia situación.

¿Es posible que tan solo poniéndole nombre a un sentimiento pueda frenarse la tormenta posterior? Si. Se debe al modo en que el cerebro funciona: en el cerebro hay unas áreas encargadas de procesar las emociones (esto tiene lugar en una parte bastante primitiva de nuestro cerebro, que es la misma que se encarga de las reacciones instintivas: llanto, huida, agresión) , y otras áreas responsables del pensamiento lógico, el lenguaje y otras funciones cerebrales superiores (es la parte mas moderna del cerebro humano, y superior a la otra: cuando esta parte se activa, es capaz de anular las ordenes procedentes de las partes mas primitivas del cerebro). Los niños nacen con las neuronas adecuadas en estas áreas, pero carecen de la conexión necesaria entre ellas. Al tener cerca un adulto atento a sus emociones y que sepa ponerles nombre y darles una explicación, esta activando todas estas áreas cerebrales y facilitando la conexión entre ellas. Estas conexiones se hacen más fuertes cuantas más veces sucede el hecho de sentir una emoción y que esta es verbalizada, tanto más fuerte y duradera será la conexión. Como un camino que cuantas más veces se transita mas despejado y rápido es. Y cuando activamos esta conexión entre las áreas de las emociones y las del lenguaje, activamos a la vez las del pensamiento superior, lo que tiene un efecto calmante: evita que la reacción sea la propia de la parte primitiva del cerebro (la rabieta, el llanto descontrolado, la agresión) y facilita que el cortex cerebral, el cerebro superior, tome el control de la situación. Y cuantas mas veces se pone en marcha este mecanismo, mas fácil será que el cerebro superior puede dominar la reacción instintiva del cerebro inferior.

-ACEPTAR O VALIDAR:
La conversación anterior también sirve para aceptar los sentimientos del niño. Los sentimientos malos o muy grandes les puede hacer sentir inseguros. Saber que nosotros, sus guías y ejemplos no solo aceptamos que pueda sentirse así, sino que nosotros mismos hemos pasado por ello, le proporciona seguridad. Es imprescindible que el niño sepa que absolutamente todos los sentimientos son aceptables, e inevitables (yo no elijo como me hace sentir una situación, simplemente es un hecho). A la vez que entiende que no todas las manifestaciones lo son.

Muchas veces solo saber que el hecho de expresar en voz alta sus sentimientos no provoca nuestro rechazo, sino nuestra aceptación, tiene un efecto balsámico sobre el sentimiento. Si además aprovechamos la ocasión para felicitarle por saber reconocer que se siente así y manifestarlo, será mejor aun. Tiene que haberte hecho sentir muy triste que tu amiga decidiera hoy jugar con otro niño. Eres muy lista por saber reconocerlo y muy valiente por contármelo.

Con niños más pequeños, la conversación será similar, solo que sin esperar a que reconozcan el sentimiento: te sientes frustrado porque no has podido encajar esa pieza, es normal que te sientas así. A todos nos gusta que las cosas nos salgan bien, y nos entristece cuando nos salen mal.

En ocasiones un modo de validar un sentimiento y permitir al niño que localice cual es el suyo es contar nuestras propias experiencias. Hace poco una amiga mía me contó una anécdota. Su hija de cuatro años estaba llorando sin consuelo y no quería contarle a nadie lo que le pasaba. Su madre se sentó a su lado y empezó a contarle experiencias de su vida que la habían hecho sentirse triste. Al cabo de unas cuantas anécdotas la niña le contó porque estaba triste: habían estado separando juguetes de los que hacia tiempo que no usaban para entregarlos a los niños afectados por una catástrofe. Al sacar los juguetes recordó algunos que hacia tiempo que no usaba pero que le gustaban mucho y le puso muy triste tener que entregarlos a otros niños. Pero por otro lado se sentía avergonzada ya que sabía que los otros niños los necesitaban más. Por eso manifestar su tristeza le parecía mal. Creía que no tenía derecho a sentirse triste. Saber que estaba en su derecho de estar triste, le animo a contar lo que sucedía. Y así, ella y su madre encontraron una solución: ella decidió que juguetes quería dar a los otros niños y cuales quedarse. Y curiosamente entrego sus juguetes nuevos y conservó los antiguos.

Cuando Sandra empezó al colegio tuvo una adaptación tormentosa: no solo lloraba desconsolada al llegar, sino que tenia pesadillas persistentes varias veces en la noche, dejaba de jugar para venir a preguntarme si tenia que ir al colegio mañana. Y en el colegio no jugaba con los compañeros, ni admitía que nadie la consolara si se caía en el patio, se negaba a participar en las actividades (jugar con plastilina por ejemplo), no hacia caso de las indicaciones de la profesora….vamos, una tragedia para ella, y también para mi. Parte de la solución fue visualizar en casa las rutinas del colegio, pero gran parte de la solución vino al darme yo cuenta que ella sentía que no debía llorar por ir al colegio, y el hecho de no poder evitarlo la hacia sentir aun peor. Evidentemente yo en casa le explicaba que sabía que se sentía triste, que era lógico, que casi todos sus compañeros estarían tristes aunque no todos lloraran. Pero claro, llegaba al colegio y los mensajes eran contrarios: no llores que eres muy mayor, venga que ya pasó,….. Hable con su tutora y le explique esto: que si todo el mundo le decía que estaba mal llorar, y ella no podía evitarlo, le hacia sentir aun peor. Le pedí que al recibirla, puesto que no podía detenerse (eran 23 y sin profesora de apoyo) a abrazarla y consolarla, al menos, que no se centrara en el llanto. Que no le dijera que no debía llorar. Que era preferible que le hablara de otras cosas: que guapa vienes, o te has cortado el pelo. Así ella seguiría estando triste, pero al menos no sentiría que además estaba haciendo algo malo.
-EMPATIZAR:
La empatía es una reacción emocional que suele desarrollarse en los 6 primeros años de vida. Y a su vez, es un proceso cognoscitivo por el cual somos capaces de comprender como se siente una persona, es decir: somos capaces de percibir su punto de vista. Ser capaz de interpretar las señales que nos dan los demás, y conocer sus sentimientos a la vez que nos ponemos en su lugar es un proceso muy complejo que forma parte de la educación emocional, y que debemos enseñar a nuestros hijos. Conectar son sus emociones, ponerles nombre, aceptarlas forma parte de este aprendizaje: es decir, somos nosotros empatizando con el niño, los que le enseñamos a empatizar con los demás. También podemos contribuir a este proceso de aprendizaje mostrando empatía con otras personas, no solo con el niño. Es posible utilizar situaciones cotidianas, o los cuentos, o imágenes de la televisión para comentar los sentimientos de los demás con los mismos y mostrar empatía. ¿Te das cuenta de que la niña se ha puesto muy triste porque ha perdido a su perrito? Se nota porque tiene la cabeza un poco gacha y los ojos tristes, y la boca arqueada hacia abajo. ¿Te das cuenta de que llora? Es normal que se sienta así, yo también me sentiría muy triste si me sucediera algo así, y también me hace sentir triste ver lo mal que lo esta pasando. ¿Y a ti? ¿Te sientes triste porque ella esta triste? ¿Te imaginas como te sentirías si te sucede algo parecido? ¡Mira! Ha encontrado a su perrito. ¿Has visto como se ha puesto contenta? Ahora ya no llora, y sonríe y los ojos le brillan de alegría. Una conversación como esta, enseña al niño a reconocer los signos externos que muestran una emoción, y esto le permitirá en el futuro reconocer si un amigo o un compañero de clase esta triste, o nosotros mismos. También le enseña que los sentimientos malos tienen lugar en esta vida y por tanto son validos. Que todos en unos u otros momentos pasamos por ellos. Además le estamos mostrando que es posible sentirse triste con la tristeza de los demás, y finalmente que los sentimientos pasan, y que es posible estar alegre después de una tristeza muy grande.

Otras situaciones que se ven en la televisión: catástrofes, sucesos,…muestran las emociones de la gente. Explicarlas, es nuestra misión y ayudará al niño a comprender lo que sucede a los demás, y también a tener una dimensión precisa del problema le puede ayudar a no tener pesadillas. No ignoremos nunca a un niño que pregunta que esta sucediendo en una situación concreta mientras ve el telediario, o tras una situación familiar complicada. Si no sabe como interpretar lo que ve o vive, se sentirá perdido además de percibir el malestar de los demás, por no saber interpretar lo que sucede.

La empatía se adquiere a lo largo de los primeros años de vida en diferentes fases: los bebes desde recién nacidos tienen un modo rudimentario de empatía que les hace por ejemplo fijarse en otro bebe que llora, y eventualmente llorar a su vez. Algunos estudios de Goleman demostraron también que bebes de muy corta edad son capaces de captar los sentimientos adultos y experimentar una cierta clase de angustia empatica incluso mucho antes de ser capaces de ser totalmente conscientes de la existencia de las emociones. En el foro vemos a diario (incluso le hemos puesto nombre: la paz genera paz) como nuestro nerviosismo, nuestra angustia y nuestra ansiedad se transmiten a bebes de muy corta edad. Y como el reconocer nuestros sentimientos y resolverlos, devuelve la tranquilidad al niño. Hemos visto como se dan cuenta del embarazo de sus madres antes incluso de que estas sepan que lo están probablemente por las alteraciones que se producen en el estado de animo en las primeras fases del embarazo. También hemos tenido casos de problemas laborales o de pareja que repercuten en el comportamiento de un niño que aun no es consciente de sus sentimientos ni de los de los demás. Por más que intentemos ocultarlo, las emociones producen cambios en nosotros, en nuestra actitud, en nuestra expresión, que de modo inconsciente reflejan que algo sucede. Y los niños lo perciben. En algunos estudios se observó como un bebe era capaz de percibir el estado de animo de una persona, y también el desconcierto del bebe cuando esa persona trataba de ocultarlo. Por esto siempre es recomendable no ocultar los sentimientos de los adultos a los niños: saber qué es lo que sucede, y saber porque esta originado, y saber que las personas que tiene como referentes son capaces de identificar lo que pasa y ponerlo en palabras, una vez mas activa el cerebro superior, y le permite al niño utilizar la lógica y otras funciones superiores para enfrentarse a la situación, lo que anula las reacciones instintivas (miedo, llanto, huida) provocadas por la emoción en su cerebro primitivo.

He contado en varias ocasiones que cuando sandra era aun un bebe, no tenia aun un año, tuve que someterme a una pequeña intervención: me colocaron dos implantes. Fue un compañero mio, y me los puso a ultima hora, la intervención termino a las 9 de la noche. Sandra nunca fue buena dormidora, pero jamas lloraba para dormirse: yo la mecia y le cantaba en brazos y tardara lo que tardara jamas lloraba. Cuando empecé a dormirla esa noche, su padre salió a buscar una pizza para cenar, asi que me quedé sola con ella. Y empezo la tragedia: yo notaba ya algo de dolor, y estaba impaciente por tomar un analgesico. Y sandra empezó a llorar, y llorar, y retorcerse. Y yo a desesperarme, a notarme mas dolorida y a desear con todas mis fuerzas que se durmiera YA. Fueron tres cuartos de hora que se me hicieron una vida entera. En el momento que oí la puerta de la calle, suspiré de forma espectacular y me dije ¡POR FIN!....y antes de que mi marido llegar a la puerta de la habitación sandra se habia dormido. ¿Qué habria sucedido si yo me hubiera simplemente levantado a tomar un analgesico?¿y si le hubiera dicho a la niña como me sentia y porque estaba yo tan rara?

Entre el primer y segundo año de vida, entran en una fase en la que son capaces de darse cuenta de que la tristeza del otro no es la suya, y pueden tratar de consolar a la persona que ven sufrir.
A los 6 años entran en la etapa de la empatía cognoscitiva: la capacidad consciente de ver las cosas desde el punto de vista del otro y actuar en consecuencia. Esta tipo de empatía ya no precisa de comunicación emocional (no necesita ver a alguien llorar para darse cuenta de que en esa situación se siente triste) debido a que el niño, ha desarrollado ya un modelo interno de cómo puede sentirse una persona en determinadas situaciones.

Mas adelante, a los 10 o 12 años amplían su círculo de empatía a personas que no son de su entorno cercano. Es una etapa de empatía abstracta.

Por regla general tratamos de proteger a los hijos de las situaciones conflictivas. Deseamos que no perciban los problemas o que no tengan contacto con nuestros sentimientos negativos o con los de los demás. Pero podemos ayudarles mucho mas si les explicamos la situación con detalle, si les mostramos nuestros sentimientos y el modo en que luchamos por resolver la situación que sea mas o menos difícil, y les enseñamos como nos dominamos para no dejarnos llevar por la emoción de modo que podamos buscar mejor las soluciones. De este modo ellos aprenden que esta es la manera de actuar. Es importante por tanto:

-no ocultarles los sentimientos
-no ocultarles los errores
-no temer decirles la verdad.


-BUSCAR SOLUCIONES:
Lo principal es intentar siempre que sea posible que ellos mismos o con nuestra ayuda resuelvan la situación. Les podemos animar simplemente escuchando lo que tienen que decir, contandoles alguna experiencia pasada nuestra, o mejor aun suya.

Es importante que cuando el sentimiento es negativo, el niño sepa separar el problema de si mismo: tengo un problema pero no soy un problema. Para esto es fundamental no culparle nunca por tener una emocion negativa (por ejemplo celos de un hermano: no es incorrecto tener celos, ni pensar que estaba mejor sin su hermano, aunque si lo sea expresarlo por ejemplo con una agresión).

Una posible estrategia es poner nombre al problema: el nombre puede ser un sustantivo que les haga enfadar, que no le guste o le produzca rechazo para que se anime a luchar contra el y vencerle: asi ve que lo malo no es el, sino esa reacción negativa que controla su conducta.

Tambien poner los problemas por escrito puede ayudar a que el niño tome distancia con el hecho y sus sentimientos y le permita encontrar una solución. Todo ello va encaminado a que los niños externalicen sus conflictos y los vean como algo abordable y que es posible solucionar.

Pero lo mas importante es que después de todos los pasos anteriores: escuchar, nombrar, validar, empalizar…dejemos que el niño hable: del sentimiento, de su origen y trate de buscar una solución (si la hay) al problema.

Volviendo al ejemplo del principio: un niño que se deja los juguetes en el jardin y se le estropean. Hay que escucharle, hacerle saber que esta triste y que es normal, que le comprendemos y somos capaces de ponernos en su situación. Permitir que llore si lo necesita. Y cuando se encuentre mas tranquilo pedirle que nos cuente si a el se le ocurre algun modo de que no vuelva a pasar lo mismo.

Si la situación es mas complicada: por ejemplo, un niño que esta triste porque su padre se se va a pasar una semana fuera de casa: tras reconocer, verbalizar y empalizar, podemos pedirle que nos cuente si hay algo que le haria sentir mejor. Si es muy pequeño podemos sugerirle ideas: ver fotos del padre, llamarle por telefono…


-CONCLUSIONES:
¿En que ayudara todo esto a nuestros hijos? No solo les permitirá superar con nuestra ayuda las situaciones emocionales. Este ciclo repetido cuantas mas veces mejor, permitirá al niño en el futuro a autoaliviarse, cuando no cuente con nuestra presencia y ayuda. Una persona que es capaz de superar una situación emocional, y reenfocarse en la búsqueda de soluciones o en otra actividad, tendrá superados gran parte de los problemas que le puedan surgir. Como mucha veces el objetivo es dotar a nuestros hijos de estrategias que les permitan salir adelante lo mejor posible por si mismos. Si hemos creado en su cerebro los circuitos necesarios como para que el sepa reconocer sus emociones y validarlas, se sentirá mas capaz de superarlo. Asi mismo le estamos dotando de la capacidad de comprender a los demas, ponerse en su lugar y ayudarles.

Evidentemente es difícil ser capaz de hacer esto el 100% del tiempo. No es imprescindible. Incluso los padres mas conocedores de este tema y que mas esfuerzo hacen, se estima que hacen este recorrido tan solo el 50% del tiempo. Y hay situaciones en las que nos resulta imposible, sea por desconocimiento, por las circunstancias…no sucede nada. Cuantas mas ocasiones, buenas y malas aprovechemos para compartir los sentimientos con los niños mas estaremos fortaleciendo sus recursos emocionales.

A efectos practicos: tratar a nuestros hijos como querriamos que les trataran los demas:
-seamos conscientes de nuestros propios sentimientos y los de los demas (y de nuestros hijos).
-mostrar empatía y comprender los puntos de vista de otras personas (y de nuestros hijos)
-hagamos frente de forma positiva a los impulsos emocionales. Mostremos autocontrol.
-utilicemos nuestras dotes sociales a la hora de manejar las relaciones con los demas (y con nuestros hijos).


-BIBLIOGRAFIA:
http://www.inteligencia-emocional.org
http://www.psicologia-online.com
http://www.cyberpadres.com


-RECURSOS:

-LIBROS PARA LOS PADRES:
-el mundo emocional del niño. Isabelle filliozart.
-la ciencia de ser padres. Margot sunderland.
-LIBROS PARA LOS NIÑOS:
-vege Tal como te sientes. Es un libro en el que se han utilizado fotografias de vegetales para refejar todas las posibles expresiones faciales de los diferentes sentimientos, buenos y malos. Permite enseñar al niño las caracteristicas de los sentimientos, y tambien se puede usar para que el niño identifique los suyos.
-cuentos para sentir: una colección de cuentos que ayuda a comentar cada uno un sentimiento diferente..
-veronica monreal. Una colección de cuentos que repasa todos los sentimientos (filins, los llama la autora) poniendoles “figura” y en cada libro se habla del sentimiento contrario. Son muchos libros de la a a la z. incluye sentimientos como el yuyo (diferente del miedo) y la ñoñeria. Os aseguro que es fantastica.