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Ví el programa de la Escuela de padres y todo me sonó a conocido: límites, castigos, recompensas... Lo leí por encima pero no me llamó la atención nada de lo que leí en el temario. Me resultaba el típico curso de "yo te enseño a domar a tu hijo". He ido preguntando a madres a ver qué tal están siendo la sesiones y me suena a más de lo mismo. Ahora voy a despotricar un poco, por despotricar, porque llevo una semana muy cansada y me ha dado por este tema. Para empezar no se han tenido entrevistas personales con los padres para poder enfocar el curso a unas necesidades reales, no standarizadas. Para continuar, el tema de esta semana ha sido analizar comportamientos para ver qué beneficios tienen los niños para actuar como actúan (como por ejemplo lograr atención, aunque sea negativa; un dos tres, responda otra vez: ) y así la semana que viene trabajar sobre los castigos y recompensas para erradicar o reforzar los comportamientos. Tal y como me lo contaban, pensaba que estaba apuntada a un curso para adiestrar perros. Me da mucha pena este enfoque porque pasa por alto cosas que para mí son fundamentales, como la importancia del mundo emocional, la comunicación, la relación de apego, ... no sé, ando un poco espesa, pero tengo claro que centrarse únicamente en el comportamiento y no analizar las causas que lo provocan es como el "pan para hoy y hambre para mañana"... Por ejemplo, mi hija nunca había pegado, y a los dos meses de nacer Teo, más o menos, comenzó a descargar su rabia contra mí. O lo que es lo mismo, en cuanto se enfadaba, me pegaba. Al principio me quedé perpleja y me enfadé con ella también. Me centraba en que no me podía pegar, en el comportamiento. En cuanto tuve un par de luces pude contener el comportamiento, porque desde luego no quiero que nadie me haga daño, pero atravesarlo, como un espejo (estoy pensando ahora en el blog de Violeta) y ver el otro lado. Pude mantenerme serena, hacerle saber que no iba a dejarme pegar, pero que estaba allí, a su lado y que entendía sus sentimientos. Fue como abrir una compuerta y ella pudo liberarse de toda la angustia que llevaba dentro. Una catarsis en toda regla que además extinguió el comportamiento de raíz. ¿Qué hubiese ganado con un tiempo fuera, con pegatinas o cualquiera de esas técnicas frías, que se basan en castigos y recompensas, pensadas en serie para problemas en serie? Y ojo, que tampoco soy yo "anti psicología cognitivo-conductual" ni nada por el estilo. Entiendo que hay situaciones concretas en las que quizás sí sea bueno centrarse en primera instancia en el comportamiento, pero yendo después más allá, al origen. Pero esa moda de reducir la educación de los hijos a una serie de técnicas adiestradoras que sirven para todo, me enciende, la verdad. Los gurús que vienen a decirnos cómo tratar a nuestros hijos me incomodan.
Nacemos como padres sin saber muy bien cómo ejercer el oficio (aunque con vocación en muchos casos; se necesitan buenas dosis de vocación para apuntarse a una escuela de padres), pero llegar a hacerlo no depende tanto de las directrices que nos transmitan otros profesionales como de lo que podamos ir sacando de nuestro interior para encontrar nuestra propia brújula.
En definitiva, que visto el enfoque de las escuelas que hay a mi alrededor, seguiré con mi homeschooling particular.