Mural




Hace ya un año que una amiga de Laia se quedó a dormir en casa y en un momento dado, para matar el rato, cortamos un buen trozo de papel y de ahí salió un mural lleno de pegatinas, dibujos, telas... y lo que iba surgiendo, todo puesto sin ton ni son. No recuerdo si lo subí al blog, creo que sí.
M. está pasando los días de esta semana con nosotros y de las primeras cosas que pidió fue repetir la experiencia. Esta vez participó también Teo, que es un fan de la pintura de dedos.

Dibujar con cacao

Hace unas semanas compramos los libros de Laia. Hay un apartado con cuentos, donde al final de todo vienen experimentos o manualidades varias, para hacer en casa. Y hace unos días nos pusimos y mezclamos dos de las actividades: Dibujar con cacao y "pintar" con plastilina. Qué ganas de hacer el ganso tenemos a veces...

Básicamente se necesita: papel, una vela, cacao (Nesquik en nuestro caso, que así encuentra una salida en casa) y plastilina si se le quiere dar el toque de color.

El proceso es bien sencillo:


Se dibuja o se escribe algo con la vela. Si se hace con velas blancas el resultado es invisible, lo que da lugar a poder hacer mensajes secretos y tal...

Se espolvorea cacao


Se retira con un pincel, o directamente cogiendo la hoja e inclinándola de nuevo en el bol ;). Y aparece el resultado...


Nos dio para estar un buen rato haciendo mensajitos y dibujos...


Aunque también repasamos las letras que conocemos.


Esta es la parte de darle color con bolitas de plastilina, que es una variación de la actividad que proponían, en la que se trataba de dibujar un castillo y con plastilina hacer los muros.


Volando la cometa

Hace ya varios meses que Teresa le regaló a Laia esta cometa tan fantástica y hasta hoy no la habíamos sacado a volar. Se nos olvidó cuando fuimos a la playa y no ha hecho mucho viento por Madrid... hasta hoy. Qué rato tan divertido hemos pasado. Laia ya hacía planes para mañana...

Se han acercado varias niñas a jugar y Laia estaba pletórica corriendo detrás de la cometa.

Yo creo que no hemos sido muy ortodoxas, técnicamente hablando... para empezar, yo no sabía cómo hacer el nudo inicial, pero da igual, he hecho un rústico doble nudo, en plan "hasta que aguante", y luego nos hemos dedicado a lanzarla... y volaba, que era lo importante. Ha sido más un derroche de energía que otra cosa, pero ya digo, muy divertido.
Gracias, Teresa!!


Martes (casi) mudo. Tomando té




Es la primera vez que nos quedan unas galletas decentes (más que decentes, diría yo, así que las que han sobrado se las he puesto en un tupper a la niña que estará esta semana con nosotros porque si no, ya me conozco... durarían nada y menos). La receta, del impresionante blog de Chris Mur, Sugarmur.

Videojuegos


En casa no somos muy aficionados a los videojuegos, lo que resulta paradójico, ya que comemos gracias a ellos. Cosas que pasan. El caso es que aparte del ordenador no tenemos ningún tipo de consola y de hecho yo me pierdo con la cantidad y variedad que existen (esto también tiene su punto curioso, ya que yo misma también trabajé en una empresa editora de videojuegos, pero se ve que se quedó toda la información en la empresa una vez salí de ella). A lo que voy: veo que ya entramos en una edad en la que muchos amigos de Laia comienzan a jugar en diversos soportes. Ella, de momento, sólo ha jugado a algún juego de ordenador, sobre todo de páginas de internet (tipo caillou, o Poisson Rouge) pero hoy no me quiero centrar en la gran cantidad de recursos lúdico-educativos que hay en internet.

El caso es que como madre, no jugadora, aunque en su día le dí tanto al tetris que por las noches al cerrar los ojos seguía viendo caer figuritas (si tú también, pincha en el enlace, que no tiene desperdicio), tengo mis prejuicios hacia esta forma de dedicar el tiempo. Lo típico: la dependencia, aislamiento, sobreestimulación y tal, que no son temas con los que frivolizar. Pero es una imagen distorsionada y creo que ya que los videojuegos son una realidad, hay que coger todo lo bueno que tienen y como en otras muchas cosas hay que educar en la autorregulación, aunque ese objetivo es a largo plazo, un objetivo de fondo. Así que intentando superar mis prejuicios me puse hace tiempo a leer información sobre el tema.

En este espacio de Ainhoa Ezeiza, una persona a la que yo admiro mucho como profesional y a la que envidio como mujer-todoterreno-incombustible, se puede encontrar documentación tanto en euskera como en español sobre videojuegos y educación: qué son, tipos, cómo elegirlos, estudios, pautas para su utilización... muy recomendable. Para entrar, puedes hacerlo como invitado o registrarte en la parte derecha si quieres participar en el espacio.

Esta guía, Quién pone las reglas del juego, también es muy interesante y clara.

En esta página, guía de videojuegos, también encontramos mucha información para que los adultos conozcamos el mundo digital y podamos contribuir a que nuestros hijos hagan un uso responsable de los videojuegos.

Aunque en los recursos anteriores también hay información sobre PEGI, el código que clasifica los videojuegos según edad recomendada y contenidos, enlazo a la página de PEGI on line.

Y ya que me pongo, pues la página de ADESE (la Asociación de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento).
(la imagen es una captura de la stop motion Human tetris, cogida de Technabob)

En una granja

La primera vez que Laia fue a una granja lo hizo con la guarde, en su último año allí. Luego ha ido dos veces más con el cole. Tenía muchas ganas de ir con ella para ver sus reacciones ante los animales. Y este verano surgió la ocasión de ir a una en Francia. Disfrutamos muchísimo del día.

Primero fuímos a uno de esos pueblos franceses que parecen decorados...

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De camino a la granja, tuvimos que parar a hacer alguna que otra fotografía.


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¿Esto es para mí o para la cabra?

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No perdía detalle.

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Qué penita me dieron estos conejitos, estaban ateridos.

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Aquí la mamá.


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Y Teo acariciando cabras, y trepando como las idem.

Incendio







Si ha habido algo que haya impresionado este verano a Laia fue el incendio de la montaña que hay al lado de la casa de sus abuelos.

La verdad es que estar tan cerca de las llamas, ver cómo los helicópteros echaban agua, cómo sofocaban las llamas y cómo iban apareciendo diferentes focos por toda la montaña fue algo que nos alteró bastante a todos. Esa tarde nos fuimos a la playa y Laia no paraba de hablar de las montañas quemadas. No entendía, como no entendemos la mayoría, que alguien pueda provocar un incendio, matar árboles y animales. Volvimos de noche y aparcamos. Ya estaba extinguido y sólo quedaban algunos camiones de bomberos realizando trabajos. A la mañana siguiente vimos que el fuego había llegado a menos de 20 metros de donde habíamos aparcado.

Las fotos, hechas con el móvil no muestran lo que llegamos a ver.

Aquí se puede ver la noticia entera

Jugando espero...

Ayer tuvimos un día de esperas y más esperas...

Primero esperamos a que se llevaran nuestra cama vieja, lo que dejó una habitación con espacio suficiente para remolonear y jugar al juego del verano, Mi first Uno, que es como el uno, pero con las figuras de la casa de Mickey Mouse, lo que facilita el juego. Estamos enganchadísimos en casa. Teo suele mirarnos, manipular las cartas o directamente, como en la foto, se tumba a la bartola con algún cuento.


Más tarde estuvimos esperando a que trajeran el colchón y cama nuevos. El pobre Teo durmió la siesta a deshoras, con tanta espera y retraso de los transportistas, y con esta carilla se puso a pintar con acuarelas. Menos mal que se anima rápido (de hecho, se animó tanto que agujereó hasta el folio de tanta pintura con agua, jeje).

Laia convirtió un bote en un farolillo para su cocina


Cuando por fin llegaron los transportistas se desató la alegría, por fin podríamos salir de casa tras todo el día esperando!! Pero antes jugaron un rato al barco pirata.




Mobbing


Ya que tengo mi otro blog más que abandonado, voy a fusionarlos, así cuando me de el "aire" de contar cosas que no tienen nada que ver con la maternidad, utilizaré este mismo espacio.

Hoy quería hablar de mobbing, en este caso en el trabajo. Yo, aunque me de cierta vergüenza confesarlo, lo he padecido dos veces, las dos durante los embarazos de mis hijos. Han sido de tipo leve, pero a mí me fastidiaron bastante, la verdad.

La primera vez fue en una organización a la que llegué por despecho. Venía de pasarme un año de becaria en una empresa de servicios informáticos, en el departamento de Recursos Humanos, al que accedí gracias a un Master que acababa de finalizar. Al cabo de ese año se suponía que me contrataban, pero con unas condiciones increibles. Digamos que si como becaria, por trabajar media jornada cobraba 600 euros, como trabajadora, con horario totalmente extendido (mi compañera trabajaba de 9 a 20 horas) pasaría a cobrar poco más de 500. "Pero valora que tendrás un contrato" me decía mi jefa ante mi cara de póker al oir la cifra. En fin, que me puse a buscar trabajo compulsivamente y dí con una empresa papelera que buscaba a alguien para picar pedidos. El salario triplicaba la oferta como Técnico de Recursos Humanos. Así que allí que me fui.

Al principio la empresa me pareció el paraiso hecho trabajo. La gente estaba relajada, se notaba que cuidaban a los trabajadores, teníamos clases de inglés en la oficina, nos traían fruta y agua, nos sacaban a comer, al teatro y hasta de viaje a Escandinavia. Había mucha flexibilidad en todos los aspectos y tenían previsto dedicar 6 meses a formarnos. Así ví que no sólo consistía en picar pedidos, si no que era un trabajo más interesante, en el que el 50% del tiempo iba a hablar inglés, el 40% en catalán y el 10% en castellano, algo que para mí estaba bien, por aquello de mantener las lenguas vivas. Mi coordinadora, o mi coordineitor, era taaaaan maja, tan enrollada que en la vida pensé que era el demonio vestido de jefa ideal. Cuando ví ciertos roces con una chica que yo pensé que trabajaba muy bien quise pensar que algo habría pasado entre ellas. Más tarde asistí a alguna escena con cierta violencia con otras compañeras (una pelea de gallinas después de haber bebido mucho en una de las comidas a las que nos llevaban para que nos lleváramos bien) y ví que no había tan buen rollo, que la gente llevaba tanto tiempo trabajando junta que habían surgido muchos roces, muchas envidias. Pero eso a mí no me afectaba, me llevaba bien con todos, o eso creía yo.

Fue pasando el tiempo de formación y poco a poco fui cogiendo responsabilidadades y comenzando a trabajar. Cuando una trabaja, pues no tiene tiempo para estar todo el día tomando café en la super cocina que teníamos. A mi jefe (tenía muchos jefes: la coordineitor, un jefe en Madrid que no pintaba nada y otro en Barcelona que era el que partía el bacalao) le había caído bien, o bien pensado la otra persona a la que contrataron le caía fatal, así que yo sola llevaba en un departamento de tres personas el 50% de facturación. Pero yo contenta, dedicándome a trabajar, sin agobios, podía sacar la faena.

Un día me dí cuenta de que la coordineitor me había hecho un desplante como el que no quiere la cosa. Otro día, recién llegada de un viaje, me quedé sola con la caja de shortbreads que traía de regalo para todos. Luego la cosa se desató y no sólo me quedaba sola en la cocina, sino que cuando se levantaban para irse murmuraban en Hebreo entre ellas. En estas me entero de que estoy embarazada y mis hormonas estaban algo desatadas. Así que cuando el nivel de desprecio creció y se transformó en un ataque más directo, mi reacción fue quedarme bloqueada y llorar. Lloraba cuando en una reunión se decían mentiras sobre mí, cosas tan absurdas que no había ni por dónde cogerlas; lloraba cuando leía mails surrealistas en los que parecía metida en una trama; lloraba cuando pasaban por mi mesa y decían cosas despectivas sobre mí. De repente todo lo que yo decía o hacía (o se inventaba la coordineitor que decía o hacía) era motivo de burla o de bronca. Dedicaba tanto tiempo a justificarme, a desmentir, que empecé a cometer errores en mi trabajo. Una mañana me levanté y no podía parar de llorar, y así estuve durante tres días en casa, hasta que firmé el finiquito y me fui, sin decir a los jefes de verdad qué estaba pasando.

Una vez recuperada pensé que tenía que haber aguantado más. Una amiga abogada me decía que teníamos pruebas de acoso. Pero yo sólo quería estar bien, sin pensar que podía estar traspasando toda esa tristeza y angustia a mi hija. No quería acabar el embarazo pensando que tenía que volver a aquel sitio, no quería saber nada de aquel personaje. Muchos meses después no conseguía olvidar a aquella mala persona que manejaba los hilos emocionales de la empresa. Un día, conseguí decirle todo lo que tenía que decirle aunque ella no estaba delante para oirlo y quedé en paz, desbloqueada. Hace poco contacté con una ex compañera, la siguiente en las ansias de joder la vida al personal de la coordineitor, que me contó el final de la historia. Digamos que a todo cerdo le llega su San Martín, o que en el mundo hay justicia cósmica...

La segunda historia tuvo lugar durante el embarazo de Teo. En este caso no sentí el tema como algo personal ya que era acoso y derribo a toda una entidad. Pero de esto ya hablaré en otro momento.

Homeschooling


Esta mañana, en el programa A vivir hemos escuchado un apartado dedicado al tema, al que se puede acceder pinchando en el enlace. Salían varias madres y Jose Antonio Marina, creo que el que lleva la Universidad de padres (me ha parecido entender). La verdad es que el hombre se ha situado en una situación de poder, interrumpiendo todo el rato a esas madres. Me ha dado la impresión de que les hablaba como si fuesen niñas, unas alumnas y él el gran profesor. Pero es que además, el gran profesor hablaba de diferentes teorías, muy universitario, sí, pero me daba la sensación de que no tenía ni idea del tema del que hablaba, que se quedaba en teorías difusas pero no bajaba a la realidad (uy, ¿mal de universidad, quizás?). Y claro, la sensación era que madres y profesor hablaban de cosas totalmente diferentes, desde diferentes planos. Me ha recordado la idea de pensamiento zoom. Se encontraban a diferentes escalas, sólo que la sensación era que él se imponía desde el poder que da un título.

Yo no es que sea ni detractora ni gran defensora del homeschooling. Simplemente me parece una opción más. Y como opción creo que debería estar reconocida y apoyada de forma oficial. Pero me ha dado rabia oir según qué cosas. Lo primero, el topicazo de la socialización, de la burbuja en la que viven, de los límites que hay que poner a los niños. Sólo eso ya demostraba que no tiene ni flowers de qué va el tema. Como si los niños sólo se socializaran en la escuela (o como si los niños se socializaran durante todas las horas que pasan sentados mirando al profesor). Creo que se tiene la imagen de que los niños que no van al cole sólo están con sus padres, con familiares o con amigos escogidos a dedo y ya está. Pues al menos los niños que yo conozco que no van al cole van a otras muchas actividades, donde también encuentran seguramente niños que no les caen bien (que era una gran preocupación del profesor) con los que no congenian y con los que tienen que compartir actividades varias. No están en esa jaula de cristal de la que muchas veces se habla.

Otra cosa que me ha llamado la atención es el cuestionamiento que se hacía sobre la capacidad de los padres, así, en general. No todos los padres toman esta opción y cuando lo hacen, al menos en los casos que yo conozco, resultan ser personas no sólo preparadas, si no que tienen esa capacidad de buscar recursos, de innovar, de saber ser guías del aprendizaje de sus hijos. Eso es algo que no se puede decir de muchos profesores que se limitan a "abrir libro por la página x" y "vomitar" una serie de explicaciones y el que las entienda bien y el que no también (y que las entienda y quiera profundizar más en el tema, que se busque la vida por otro lado que no está en el programa). No me quiero meter con los profesores, para nada, pero profes de éstos haylos y es verdad que como ya tienen el título pues nadie cuestiona nada. (sobre profes, decir que para mí es una gran profesión y que también conozco profesores muy implicados con la enseñanza, que de verdad personalizan los currículos, que no lo tienen fácil muchas veces con tanta gente a la que enseñar, con la presión que tienen, etc... pero no es el tema de hoy. Sólo añadir a este paréntesis, que una amiga, profe de secundaria, hablando de los libros digitales, pues me comentaba eso, que para decir, abrir el libro, digital o de papel, por la página x, y repetir año tras año las mismas clases, pues tampoco hacía falta pasar por ninguna facultad de enseñanza). Se hablaba de que en infantil y primaria vale que los padres "jugaran" a ser profes, pero que en secundaria... ¡pues ni que en secundaria se diera física cuántica! Pero bueno, si tanto preocupa esa capacidad de los padres, pues que se legalice y se pongan los mecanismos necesarios para hacer un seguimiento y apoyo.


Los niños tienen derecho a la Educación, pero esto no significa que tenga que obtenerse en el colegio, vía unos profesores. Dicho esto, nuestra hija sí va al colegio. A uno público, que no elegimos. Yo no estoy del todo contenta con el que le tocó, es uno "del montón", la verdad. Pero ahí sigue, por un lado porque ella va muy contenta (no quiere ni oir hablar de cambiarse de cole) y por otro porque al ser del montón, pues cambiarla a otro cole similar es absurdo y cambiarla a un colegio de los "guays" pues no es viable hoy por hoy (no sólo económicamente, hay alguno público que me gusta, pero de momento no ha sido posible). Tampoco me planteo el homeschooling como opción para nosotros. Educamos en casa, pero no sólo en casa, me gusta la Escuela (a pesar de lo dicho arriba, a pesar de sus problemas, con todos sus desafíos). Yo soy de las de intentar cambiar desde dentro, aunque ya veo que eso es bastante complicado, al menos en el colegio al que va Laia. Es tan grande... Me encantaría que la relación con los profesores fuese fluída, pero la sensación, en general, es que los padres estorbamos. En la reuniones suelo sentir que nos hablan como si fuésemos niños, desde su púlpito, desde el poder que les da el título. ¿a qué me suena eso? ah, sí, al programa de radio de esta mañana. Hay otras opciones, hay colegios que se organizan en comunidades de aprendizaje, donde todos cuentan, donde el aprendizaje dialógico es el motor. De momento son iniciativas que están surgiendo en colegios "conflictivos" y se ve que está dando resultados. A mí me gustaría que, sin necesidad de ese conflicto previo, de esas situaciones de extremo fracaso escolar, los colegios adoptasen las premisas del aprendizaje dialógico.


Que nadie se tome a mal estas líneas, son sólo cuatro ideas que me han surgido durante la siesta de un domingo por la tarde. Escuchando el programa de radio hubiese contestado a muchas cosas que decía el profesor (aunque luego se me han olvidado la mayoría). Y por otro lado, queda menos de un mes para que comience el curso, con cambio de profesora para Laia. Así que se avecinan tiempos de cambios. Espero que la nueva profesora (o profesor, vete tú a saber!) sea al menos tan maja como la que ha tenido estos dos años, ya que a pesar de esa sensación de hablar desde el púlpito a los padres, con los niños conectó muy bien. Yo de momento, aunque sea triste partir de un objetivo tan bajo aparentemente, sólo espero que la escuela no mate las ganas de aprender de mi hija. Y espero tener energía para seguir participando en el APA, aunque el curso pasado ya casi se me quitaron las ganas y este año ando con pereza. Pero bueno, quedan muchos años y muchas cosas por hacer.