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miércoles, 13 de mayo de 2009

Salimos en una revista


Pues como diria Eva, estoy en plan estrella mediatica. Ya he decidido que lo mio es la prensa. Me vi en el video sobre el anuncio de flex y que horror!! entre mi cara, mis gestos y mi voz entrecortada... quita, quita, me paso a la imprenta. Asi que cuando Claudia me puso en contacto con la periodista, lo primero que hice fue escribir las respuestas a las preguntas frecuentes: por que, el dolor, la seguridad... siempre desde mi punto de vista, claro.

Esta semana aparece en la revista Mia (paginas 26 y 27) un reportaje sobre el parto en casa. Esto es lo que yo conte a la periodista por escrito, que me resulta más sencillo escribir que hablar, aunque luego hubo que recortar a un par de frases, jeje, que no era un monográfico sobre mí misma.


La imagen es del blog por un parto respetado, que aprovecho para recomendar

Ah, no soy experta en e-learning, como aparece en la revista (como lea esto mi compi, ex-compi Sonia se van a oir las risas en Australia) pero tenia que cerrar el reportaje, no me localizaba y Claudia sabia que trabajo en el tema (y tiene mucha fe en mi). Ahora si:

Di a luz a mi hija mayor en un hospital, el 12 de octubre, sometida a un protocolo estandarizado, casi mecánico. Sentí que no se me informaba de nada y que el personal, sobrepasado de trabajo esa noche, se olvido de que atendía a personas y no estaban en una fábrica. En la habitación de dilatación entraban y salían sin dirigirme la palabra, haciéndome tactos, sondándome, rompiéndome las aguas, dando clases a estudiantes (recuerdo hasta 6 personas mirándome y ninguna de ellas se digno a mirarme a los ojos, a decirme una palabra amable). Durante el expulsivo, ya en la sala de partos, tumbada casi por completo e inmovilizada a causa de un exceso de epidural, entraba y salía gente sin parar y apenas cruzaron unas palabras conmigo, más que para decir empuja ahora. Entre la ginecóloga y la matrona intercambiaban palabras, miradas de preocupación, me hicieron maniobra de kristeller sin avisarme siquiera, me cortaron y me sacaron a mi hija con espátulas, “para abreviar”, según sus propias palabras (dichas como si yo no estuviese presente). Se les cayó el cordón umbilical al suelo, sin dejar opción ya a que lo donáramos, se llevaron a mi hija durante una hora sin decirnos por que, dejándonos con una sensación de vacío inmenso. El momento más feliz de mi vida se convirtió también en uno de los que recuerdo con mas amargura. Me cosió dos veces una estudiante, las dos mal, ignorando mis preguntas, ignorándome como persona. El recuerdo que tengo, básicamente, es una sensación de no haber estado presente en el recibimiento de mi hija, de estar asustada y abrumada por el trato recibido.

Tenía claro que para el nacimiento de mi segundo hijo quería algo diferente. No quería que la forma en la que me trataran dependiera de un lotería, de si había más o menos trabajo, de si me tocaba la matrona humana o una persona poco amable, o estresada. Así que busque a los profesionales con lo que quería dar a luz, en un principio en un hospital, pero sabiendo que la intervención médica se ajustaría a las necesidades reales que hubiese en cada momento. Las clases de preparación al parto las realice con unas matronas que promueven el parto natural. Se hablo mucho del parto en casa y poco a poco algo fue cambiando en mi interior, sintiendo que el lugar en el que me sentiría más segura era mi hogar. A un mes de la FPP mi ginecólogo cambio de hospital y me entro miedo de nuevo a topar con gente desagradable, a tener que pelear porque se me respetara como persona. Me bloqueaba pensar en ese escenario y cada vez que imaginaba el parto, me venía a la mente mi casa.

Así que decidimos comenzar el parto en casa, que viniera una matrona e ir viendo. Si me sentía cómoda, seguiríamos en casa. Si sobre la marcha prefería ir al hospital (mas allá de una necesidad real de traslado, por supuesto), pues nos íbamos. De esta forma me sentía tranquila y segura. Finalmente, me sentí tan bien en casa que durante el parto no pensé ni por un instante en irme al hospital. Disfrute en todo momento de una experiencia impresionante, del milagro que es dar paso a una vida.

Ningún hospital me generaba confianza y venia marcada por una experiencia anterior que para mí fue traumática. Ahora, una vez mi hijo nació en casa, no imagino ningún lugar mejor para recibirle. Fue un parto rápido, sencillo. Pude en todo momento hacer lo que me pedía el cuerpo, confiar en mi naturaleza, dejarme llevar por ella, sentirme segura. Las personas que me atendieron, un ginecólogo y una matrona, fueron un soporte, estaban ahí sin hacerse notar, que era lo que yo necesitaba en esos momentos.

Sobre el dolor, que es algo que preocupa a muchas mujeres, pues realmente no se puede decir que sufriera un dolor inaguantable. Todo fue muy rápido y mi sensación en todo momento es que vendrían momentos de dolor más fuerte y contracciones más intensas. Me quede esperando, ya que dilate muy rápido y el proceso de expulsivo fue muy poco doloroso. Oigo hablar a mujeres que han sentido un aro de fuego, que se partían… no es mi caso. Estaba en lo que se conoce como “planeta parto”, anestesiada por mis propias endorfinas y no llegue a sentir nada más que la necesidad de ayudar a mi hijo a nacer. Recuerdo que en el hospital, hasta que me pusieron la epidural, tumbada en una camilla, sin poder moverme a causa de la monitorización interna constante y del suero, note mucho más dolor que en mi segundo parto.

En relación a la seguridad de un parto en casa. En mi caso soy una mujer sana, con un embarazo normal y sano, así que no existía ninguna contraindicación previa. Sobre los contratiempos que pudieran surgir me informe y decidí que era seguro. La casi totalidad de traslados al hospital son sencillos. Me asustaba el prolapso de cordón, porque ahí sí que hay poco tiempo de reacción, y hay que ser muy preciso en la postura que tiene que adoptar la madre, pero de nuevo la información torció la balanza. Por un lado, es más normal que ocurra en un hospital, que es donde se rompen aguas antes de tiempo, desencadenando la corriente que arrastra al cordón, por así decirlo, y la urgencia médica. Y por otro, mi matrona había hecho traslados (en hospital) con prolapso y me mostro como actuar.

Una vez nació: fue maravilloso poder acostarme esa noche en mi cama, sentirme pletórica en mi casa. Nada enturbio el parto de Teo. Tanto él como yo fuimos respetados en todo momento. Todo fue sencillo y placentero. Tal y como soñe.

miércoles, 15 de abril de 2009

Parto en casa

Este anuncio me toca muy de cerca y me ha emocionado. Tan pronto recupere el teclado al completo (una parte de el esta en huelga como se puede apreciar) lo cuento. Especialmente el segundo video...

Bueno, como Teo tiene una mañana dormilona y sigo costipada y con pocas ganas de hacer cosas mas activas, pues me voy a extender un poco. Eso si, sin acentos, aunque me duela la vista (nunca se sabe cuando tiene una tiempo estos primeros meses de maternidad).
Una amiga me llamo y me comento si queria hacer una entrevista, al igual que ella para un anuncio de partos en casa. No sabiamos que empresa era (de hecho durante un par de dias pense que se trataba de alguna campaña institucional, inocente!). Estuvieron con nosotras y con una matrona. Fue un encuentro muy emotivo, aunque rapido. Venian de casa de mi amiga, donde habian llorado compartiendo su parto y aunque yo tenia que ir a buscar a Laia al cole, tuvimos tiempo para llorar un poquito mas con el clima que se creo. El chico que me entrevisto, al final de la sesion me confeso que tan pronto comence a hablar me reconocio por el blog, cosa que a mi me impresiono muchisimo. No tengo palabras para explicar lo bonito que fue abrirme ante ellos. Les interesaba sobre todo las sensaciones que tuve, el por que me habia decidido por un parto en casa, que preparativos habia hecho. Por noticias que tuve posteriormente, el anuncio no lo rodaron ellos. Bueno, es una conclusion a la que he llegado, porque ellos no eran partidarios de rodar un parto real, y en el anuncio si lo hay. Me apena que no lo hayan hecho ellos, porque transmitian una ilusion por el proyecto alucinante, una honestidad, unas ganas de hacer algo bello de verdad.
De hecho, si no fuera porque no me cuadra lo del parto real, diria que esta rodado por ellos, porque es un anuncio muy poetico, me parece. Es limpio y emotivo. De hecho, al verlo me ha venido a la cabeza uno de esos anuncios de compresas de "a que huelen las nubes" (que curioso que cuando se tratan estos temas tan femeninos, la sangre se transforme en un inmaculado color blanco siempre). Me ha emocionado y de alguna forma, aunque no llegara a cuajar el proyecto de la productora que vino a casa, me siento parte de este anuncio.
Y para que nos vamos a engañar, aunque soy tremendamente timida, al ver los testimonios de diferentes parejas del documental, me ha entrado cierta nostalgia por no aparecer diciendo alguna frase que evocara el parto. Mis segundos de fama, que dirian por ahi. Y me han entrado muchas ganas de ver el proyecto de las personas con las que yo hable.
Y eso es todo :)



jueves, 12 de febrero de 2009

¿Por qué parir en casa?


Hace algunos años, Elena F, del foro de crianza Natural, tras su parto en casa, escribió una reflexión sobre por qué decidió parir en casa a su segundo hijo. Quiero explicar mis motivos para haberme decantado por el parto en casa finalmente (fue todo bastante casual, en realidad, y motivado por mi miedo a volver a un escenario donde sufrí mucho), pero de momento, quiero poner su reflexión. Me ha pedido que elimine un par de párrafos del texto original. Precisamente, últimamente, cada vez que me llaman valiente, resuena en mi cabeza una de las frases que me ha pedido eliminar, pero que me lleva a decir a la gente que no, que a mí me daba miedo ir al hospital, que no he sido valiente.

La imagen es el logo de la plataforma pro derechos del nacimiento
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Estos son los motivos que me llevaron a decidir un parto en casa.

En España, el parto en casa no está cubierto por la sanidad pública, y que no es habitual, pero que me animé a hacerlo gracias a las experiencias de amigas mias que viven en otros paises europeos y en los cuales esta es una opción más, igual de normal que ir al hospital


1.- El embarazo no es una enfermedad.

Por lo tanto, el parto no es el desenlace de una enfermedad. Trasladarlo a un entorno hospitalario no me pareció necesario ni adecuado.


2.- Ningún hospital me ofrecia garantias de atender mi parto y el nacimiento de mi hijo según mis deseos .

Y eso que mis deseos no eran caprichos excéntricos que fueran a poner en peligro nuestras vidas, sinó respetar las recomendaciones de la OMS y limitar las intervenciones a aquellas que la evidencia científica aconseja.

3.- El funcionamiento del sistema de atención al parto en este pais está en las antípodas de lo que yo considero un adecuado trato en el parto.

Jamás, a mi entender, un médico debe hacerse con el control y supervisión del parto, salvo que sea un parto que presente patologías asociadas que requieran de sus conocimientos y habilidades. La comadrona debería ser la persona que vigilara el desarrollo del parto (y nótese que pongo "vigilar", no "manejar" ni "guiar" ni "dirigir"). La comadrona debería ser una profesional que entendiera el parto como un acto fisiológico, que entendiera que es primordial dejar al cuerpo de la mujer realizar su trabajo, que supiera mantenerse en un segundo plano y actuar sólo cuando se requiere. Que supiera solucionar las dificultades y problemas más comunes en un parto, y derivar a un especialista en patologías (el médico) cuando algo fuera realmente mal. Sin embargo, y aunque hay comadronas maravillosas que están haciendo una gran labor en los hospitales, todavía hay muchas que no tienen ni idea de como funciona un parto normal y se limitan a poner vias, hacer tactos y seguir las órdenes del ginecólogo de turno, sin complicarse más la vida. Y aunque intenten hacer su trabajo de manera digna y profesional, en la mayoría de hospitales se las trata como simples ayudantes o subordinadas del médico, dependiendo de la dirección de enfermería en vez de constituirse como unas profesionales independientes, autónomas y con capacidad de decisión real.


4.- El plan de parto es una herramienta que debemos usar para salvar nuestros propios partos

Y también para tocar la conciencia de las cúpulas médicas, de los que inventan los protocolos que rigen los destinos de nuestros partos. Pero es una herramienta limitada que poco puede hacer, a corto plazo, contra la oposición frontal de algunos profesionales. Además, el tiempo, el miedo y la mala suerte juegan en nuestra contra. Mientras algunos planes de parto en manos de profesionales más o menos respetuosos, con mujeres decididas y valientes que tienen la suerte de tener un parto relativamente rápido y fácil, resultan planes de parto exitosos... qué pasa con mujeres que se bloquean ante una bata blanca, o que no tienen partos "suficientemente buenos" para que el profesional que las atiende esté dispuesto a esperar o a confiar? (Vease mi caso, por ejemplo, a ver en qué hospital se hubieran esperado 32 horas...).


5.- Los aspectos psicoafectivos son sumamente importantes en el desarrollo de un parto .

Se infravalora a menudo la importancia de estar en un ambiente "amigable", esto es, tranquilo, íntimo, relajado... en el que la mujer se sienta confiada, protagonista, respetada. Es ya famoso el dicho de que "preguntar el dni* a una parturienta puede parar el parto". Yo doy fe de que una llamada de teléfono, un ruido fuerte inesperado, un cambio de habitación no planeado... todo eso puede ralentizar el parto, pararlo. No me imagino qué efecto habrían tenido en mi parto cosas como: poner una via, trasladarme al paritorio, ver instrumental quirúrgico, discutir para que no me hagan la episio (con el médico tijera en mano), responder a preguntas del personal, aguantar las bromitas del anestesista, etc. (todo son ejemplos que he leido de otros partos o que experimenté yo misma en la anterior ocasión).


6.- Poder recibir a mi hijo de la mejor manera posible, mejor que la que puede ofrecerme cualquier hospital por más respetuosos que se muestren.

Mi hijo no recibió colirios profiláctos (pero sí fue vigilado muy de cerca para ver que no hubiera el más mínimo indicio de problema con sus ojitos). Mi hijo pudo recibir toda la sangre bombeada del cordón, que se cortó cuando dejó de latir, mi hijo no estuvo ni una décima de segundo separado de mi en el momento de su nacimiento y permaneció cerca de mi cuerpo constantemente - salvo breves mo-mentos para revisarlo y pesarlo, cosa que se hizo a mi lado. Mi hijo fue revisado en contacto de manos amorosas y de superficies suaves y calentitas, nadie lo tumbó en una mesa fria ni se estiraron sus piernas para medirlo. Mi hijo no recibió un pinchazo de vitamina K, sinó que ésta le fue administrada oralmente. Mi hijo no sufrió aspiración de mucosidades rutinariamente, sinó que las expulsó por si mismo y enseguida respiró normalmente, y se le vigiló cuidadosamente por si hubiera necesitado ayuda para expulsarlas. Mi hijo no fue sondado analmente para comprobar la permeabilidad anal, sinó que se esperó a que expulsara el meconio (cosa que prueba que el agujero no está tapado). En definitiva, mi hijo no sufrió todas esas pruebas rutinarias que se les hacen a los bebés sólo porque está en el protocolo y nadie va a tener tiempo de observarlos cuidadosamente. Es decir, en el hospital, para asegurarse de que no la pifian, cambian tiempo de observación y cuidados por intervenciones estresantes y dolorosas. Siempre me dolerá haber abandonado a esas manos a mi primer hijo, no estaba dispuesta a hacerlo con el segundo.


7.- "Si pasara algo, nunca me lo perdonaría".

Pues bien, ese fue mi argumento de más peso. Siempre leo que es el principal argumento contra el parto en casa, como si el hospital fuera el seguro contra todo mal. Pero después de analizar detenidamente los riesgos que se corren en un lugar y otro, me quedo en casa de lo más tranquila. Yo nunca me lo perdonaría si fuera al hospital y a mi hijo le pasara algo. Tengo muy claro que en el hospital salvan muchas vidas que previamente ellos han puesto en peligro. Cuantos niños en incubadora por inducciones antes de tiempo? Cuantos sufrimientos fetales por oxitocina, o por no dejar a la madre incorporarse? Cuantas cesareas por falta de progreso en el parto, cuando ellos mismos no dejan que ese parto progrese? Cuantas cesareas por desproporción cefalo-pélvica que se hubiera solucionado poniendo a la madre en cuclillas? Si me quedo en casa, atendida por una buena profesional, minimizo todos esos riesgos. Si me quedo en casa, vigilada por una persona que se va a dedicar 100% a mi, evito desangrarme sóla en un frio paritorio (como estuvo a punto de pasarme la otra vez), evito tener que llamar 5 veces a una enfermera antes de que se den cuenta de que estoy perdiendo mucha sangre (como le pasó a una de mis cuñadas). Evito, en definitiva, ser víctima de la falta de personal y recursos, de las prisas, de la confianza ciega en el protocolo que hace que muchos profesionales olviden su sentido común y se limiten a realizar las acciones que marca la rutina. Evito, al fin, que el desarrollo de mi parto lo marquen los cambios de turno, los tiempos pre-fijados a golpe de reloj (6 horas de dilatación, 1 de expulsivo). Por lo demás, pregunté a mi comadrona mil y una complicaciones posibles y su solución, y siempre me tranquilizó saber que había algo que se podía hacer, y que a última hora existía el traslado al hospital, y que la mayoría de traslados son relativamente tranquilos. Me olvidé de ese miedo irracional al "que pase algo", y lo sustituí por la certeza de que todo iba a ir de la mejor manera posible.


8.- Quería evitar el dolor y el sufrimiento.

Sí, la epidural no me atraía para nada... No sirvió para salvarme de uno de los sufrimientos más intensos de mi vida (no hablo de dolor físico, aunque también lo hubo, pero no fue lo peor). En esta segunda ocasión jamás llegué a acordarme de la epidural. En ningún momento el dolor fue tan intenso como para hacerme desear una aguja clavada en mi columna. Moverme y sentir era un regalo para mi. Sólo al final, pocos minutos antes de que naciera Adrià, sentí "que no podía más". Pero pese al agotamiento y el dolor (que sólo en esas últimas horas fue duro) nunca me sentí arrepentida. Quizá, a diferencia de otras mujeres, que tuvieron un primer parto hospitalario bueno, mi experiencia anterior me hacía pensar que jamás de los jamases me expondría a ese sufrimiento psicológico, sólo por aliviar un dolor físico que yo podía soportar. Un dolor que me traía a mi hijo. Un dolor que ya pasó. Un dolor que llevaba aparejada la recompensa de un parto, de un nacimiento, y alejarse de una intervención quirúrgica muy dolorosa, mucho más desde un punto de vista psicológico que físico.


Esos fueron mis motivos. Si alguien quiere ver aquí "apología del parto en casa"... pues sí, por qué no? Nunca recomendaría a nadie parir en casa a alguien que dudara, pues ha de ser una decisión tomada desde dentro de una misma. Los mismos motivos psicológicos que arruinan los partos hospitalarios (miedo, estrés...) pueden arruinar un parto en casa de una mujer no convencida de lo que está haciendo. El miedo y la inseguridad pueden hacer que acabe como el rosario de la aurora. Toda mujer debe parir allí donde se sienta más segura y tranquila, donde se sienta más respetada.

miércoles, 28 de enero de 2009

La llegada de Teo a casa: el parto

En esta entrada me apetece explicar cómo fue el parto. Ha quedado muy largo, pero la capacidad de síntesis nunca ha sido mi fuerte.

El día anterior al parto había sido muy intenso a nivel emocional. Estuve en la consulta de Emilio Santos, donde había un canal de televisión grabando para un mini reportaje. Yo iba a figurar como paciente en la grabación, pero al escuchar que tenía una hija y que sentía que me habían robado el parto, me entrevistaron. Hice un relato del parto de Laia que me sirvió para exorcizarme del dolor que aún siento al recordar cómo nos trataron a las dos y de los miedos que sentía ante la llegada de Teo. Después tuvimos consulta y Emilio quería tratar los "por si acasos". Así que nos pusimos en los aspectos que podían ir mal, cómo superarlos. Incluso me habló de si se rompía una pierna y no podía acudir al hospital a atenderme. A nivel médico, Teo, que llevaba dos semanas encajado, se había salido. Yo me decía que si había encontrado el camino una vez, lo encontraría de forma definitiva. Pero salí de Urdimbre muy removida por dentro. Al llegar a casa me llamaron desde el trabajo. Un tema que me tenía colapsada, de repente se había solucionado. Ya no estaba en un limbo legal. Lloré hasta hartarme. A partir de ahí, comencé a notar un leve dolor de regla, pequeñas contracciones que me decían que el momento se acercaba, que estaba preparada para recibir a Teo.
La mañana siguiente amanecí con una fisura en la bolsa y expulsando el tapón mucoso. Tenía mis dudas sobre lo de la bolsa, quizás era sólo el tapón, así que llamé a Graciela, la matrona que en principio iba asistir el parto en casa. Me confirmó lo del tapón y me dijo que casi seguro era la bolsa. Yo estaba emocionada, aunque sabía que empezaba una cuenta atrás con tiempo máximo, al haber rotura. Quedamos en que iría a dar un paseo para ayudar a que la cabeza de Teo se encajara y que me tomaría la temperatura cada dos horas. Así que me fui a por las últimas compras para Teo, jabones, esponjas y ese tipo de cosas al supermercado. Al volver a casa estuve un rato en el comedor, donde había imaginado que sería el parto. No me sentía cómoda allí. Buscaba mi cueva por la casa y fue sencillo, la habitación. No notaba contracciones, pero aún así estuve un rato de rodillas en la cama, apoyada en la pelota de dilatación, en una postura que creía que facilitaría el camino a Teo. Me encontraba pletórica porque quedaban horas para conocer a Teo, pero algo preocupada por si no se desencadenaba el parto y teníamos que acudir al hospital. Tuve mis más y mis menos con el termómetro, la tecnología punta no es lo mío.
Teo estaba muy quieto, algo normal durante el día, pero aún así se me ocurrió acercarme a que miraran el latido. Llamé a Emilio y me dijo que fuera a la Clínica y que me hicieran unos monitores. El corazón estaba perfecto y en la gráfica se veía cómo tenía contracciones, aunque yo no estaba segura de notar nada. Nos pasamos por Urdimbre para llevar la gráfica y de vuelta a casa, en el coche, sí fui comprobando que cada cinco minutos se me ponía la barriga dura y sentía alguna molestia. El parto de Laia también comenzó de forma muy regular, con contracciones cada cinco minutos, así que no me preocupé por la frecuencia. Hasta que no fueran intensas no podía decir que estaba de parto. Llegamos a casa y Fernando acompañó a Laia a casa de un amigo. Esa noche se quedaría a dormir allí. Noté que en el rato que ultimaban qué juguetes se llevaba, mi actitud iba cambiando. Quería despedirme de ellos y que se fueran rápido, notaba que necesitaba silencio, recogimiento.
Al irse, volví a la habitación, puse la radio, cogí la pelota y volví a la postura de la mañana. Mi mente iba entrando en otro estado, aunque las contracciones eran suaves. Escribí un sms a Graciela, informándole de cómo había ido la tarde. Estaba fuera de Madrid, dando una charla y no quería molestarla. A las ocho, al ver que tenía contracciones cada 3 minutos, aún casi indoloras, la llame. Fuera de cobertura. Le escribí otro mensaje y volví a intentar localizarla varias veces. Poco a poco, las contracciones comenzaban a ser más intentas y hubo un momento en que me preocupó no localizarla, para quedarme tranquila y meterme en el planeta parto de lleno.

Llegó Fernando y se encargó él de localizarla. Yo quería estar sola, ir acostumbrándome a encajar las contracciones de forma tranquila. Seguía sonando música en la oscuridad. Entre contracción y contracción me movía mucho, bailaba, desentumecía el cuerpo, paseaba por la casa, bebía agua. A las nueve no habíamos localizado a Graciela, así que Fernando llamó a Emilio. Todavía le dijo que creíamos que estaba de parto. Yo estaba segura de que ya lo estaba, a pesar de no sentir excesivo dolor. Mientras hablaba con Emilio, yo dí cuenta de un bocadillo de tortilla francesa que Fernando estaba cenando. Me sentó genial. A partir de ahí, volví a mi cueva oscura. Comenzó a molestarme cualquier luz, incluso la del flexo que Fernando tenía encendida en la habitación contigua. Salí a apagarla y ahí sí noté que las contracciones comenzaban a ser fuertes. Cuando llegaban, cada tres minutos o menos, era incapaz de hacer cuentas en esos momentos (miraba el reloj de vez en cuando, pero mi mente no estaba segura de contar bien), respiraba profundamente y emitía un sonido gutural con la boca, que mantenía abierta. En mi mente se repetían frases oídas tantas veces en las clases de Génesis, encaminadas a conectar con el cuerpo, con las necesidades... Así, la voz suave de Alicia me decía que mi pelvis es un cuenco enorme, que abriendo la boca abría el canal del parto, que podía hacer espacio a mi bebé moviendo mis caderas... En cada contracción me movía cada vez más, sobre la pelota, me balanceaba sobre ella. Entre contracción y contracción me relajaba totalmente, no sentía ningún dolor. A veces me tumbaba, pero si me cogía la siguiente tumbada sentía un dolor horrible, así que tenía que ponerme de rodillas de nuevo justo al inicio de la contracción. A las nueve y media llamó Emilio para preguntar qué salida de la M30 debía coger. Contesté yo el teléfono, ya que estaba en la mesita de noche, pero al oir la pregunta, se lo pasé inmediatamente a Fernando, que entraba en la habitación. Si no sabía calcular cada cuanto tenía una contracción, mucho menos dónde vivía. Llegó enseguida, y recuerdo que se situó en una esquina de la habitación durante un rato, observando simplemente. En una de las contracciones que me pilló tumbada, me dio palabras de ánimo, me dijo que me dejara llevar por el dolor. Tenía que ir a Urdimbre a por el material para el parto. Yo echaba de menos la piscina, me apetecía tomarme un baño caliente y estaba algo contrariada porque tuviese que ir a buscarlo todo, aunque sabía que venía de su casa. Me duró dos segundos esa necesidad.
En ese momento, las contracciones se hicieron muy intensas. Sentía dolor, pero no sufrimiento. Sabía que tenían que seguir subiendo en intensidad y sobre todo en duración. Venían cada tres minutos, pero duraban poco. O al menos eso me parecía, ya que no sentía en ningún momento que no pudiera aguantar el tiempo que duraban. Llamé a Fernando para que estuviera conmigo y me masajeara en la zona de los riñones. No me dolía, pero me aliviaba que ejerciera presión. Cada vez le pedía que la presión fuera mayor, la necesitaba. En la pelota ya no podía estar, ya que sentía mucha presión, ganas de empujar, así que encajaba las contracciones tumbada o a cuatro patas, moviéndome sin parar, gimiendo como un animal, así me sentía en realidad. Viendo que la piscina no llegaba, le dije que fuéramos a la ducha. En ese momento, sobre las 10, llegó Susana, otra matrona. Recuerdo pasar de largo por el pasillo camino del lavabo sin decirle nada. No sabía qué hacía allí. Sabía que Graciela había ido a descansar un poco tras el día que había tenido y que sobre medianoche vendría, para continuar con el parto, pero a Susana no la conocía. En la ducha noté que el tipo de contracción había cambiado por completo. Sentía que tenía que empujar, creía que tenía que hacer caca, en realidad. Pensaba que estaría de unos 4-5 cm y qué inoportunas me resultaban esas ganas de defecar.
Salí rápido de la ducha y Susana me dijo, mientras andaba por el pasillo que aliviara las caderas. Al llegar a la habitación encendió una lámpara de la mesita y me dijo si quería que me hiciera terapia craneosacral. Le dije que sí. Me molestaba la lámpara, pero me corté de decirle nada. Intenté tumbarme en la postura que me decía, pero era imposible, mi cuerpo se arqueaba y necesitaba empujar. Se lo dije y me dijo que hiciera lo que el cuerpo me estaba pidiendo, que me dejara llevar. Yo seguía pensando que estaría a la mitad del parto y le dije que todavía me quedaba mucho, que no podía ser que estuviese pujando. No podía hacerme un tacto por no tener guantes. Salió de la habitación y llamó a Emilio, que ya llegaba con todo y le dijo que estaba pujando. Fernando, que sabía de mis ganas de dilatar en la bañera, fue lo primero que le pidió a Emilio y se puso a montarla. Emilio dijo que no sabía si iba a dar tiempo a montarla para parir en el agua. Yo dije, con voz de ultratumba, que no quería parir en el agua, sino dilatar allí. Susana iba a hacerme un tacto, pero notó la cabeza. "Estás en completa y con expulsivo en fase dos", creo que me dijeron. Con voz de borracha, totalmente ida, le pregunté qué quería decir eso. Me puse de pie y toqué la cabeza de Teo. Me parecía increible y me dí permiso para empujar mientras gemía. En cada contracción sentía un gran alivio al empujar. Empujaba y empujaba. Sabía que pronto Teo estaría en mis brazos.
A partir de ahí, todo fue muy rápido. Me puse en el lateral de la cama, con las piernas abiertas y las manos apoyadas en la cama. En la siguiente contracción empuje casi de cuclillas. Recordé las visualizaciones que en Génesis hacíamos sobre el momento del parto. En mi parto imaginario estaba de rodillas, delante de un sofá. Era la cama, pero mi cuerpo me pedía seguir el camino que había imaginado. Me puse de rodillas. Emilio, Susana y Fernando estaban a mi espalda, observando en silencio. Fernando de repente fue a por más empapadores. Emilio dijo que un par de pujos más y llegaba. Yo notaba que en el siguiente salía y no estaba Fernando. Grité su nombre. Le dio tiempo a llegar. Sentí la cabeza de Teo deslizarse y con ella todo el cuerpo, de forma rápida. Lo recogí y me lo llevé al pecho. Él emitió una especie de llanto que cesó cuando lo tuve bien sujeto. Eran las 11:41 de la noche.
Me ayudaron entre todos a ponerme en una alfombra. Emilio trajo la pelota de dilatación y la puso apoyada en el armario. Me recosté sobre ella y me sentí muy cómoda, con Teo en brazos. Estaba pletórica, pero aún no creía que todo pudiese haber sucedido tan rápido. El cordón tardó unos minutos, quizás 10, no estoy segura, en dejar de latir. Lo cortó Fernando con unas tijeras de cocina que daban miedo de verlas. Al cortarlo saltó algo de sangre y por un instante pensé que le habíamos hecho daño a Teo. Comenzó a buscar el pecho, torpemente aún. Emilio y Susana nos dejaron solos para que disfrutáramos de esos momentos. Nos abrazamos y lloramos de emoción. Ha sido increible, repetíamos. Fernando encendió la luz para hacer una foto, pero a Teo no le gustó nada, así que la hizo con la luz de la lámpara. Debo a una amiga el poder vernos en esos momentos, ya que salió muy oscura. Al cabo de media hora sentí que bajaba la placenta y salía.
Susana cogió a Teo mientras Emilio y Fernando se disponían a ayudarme a levantarme para ir a la cama. No hizo falta, me sentía bien y pude hacerlo yo sola. Nos tumbamos en la cama abrazados, mientras examinaban la placenta. Al cabo de un buen rato según mi memoria, comenzamos la operación limpieza. Susana me limpió. Intentaron pesar a Teo, pero justo se acabó la batería de la pesa. Emilio me examinó. Había un desgarro. En principio no me lo iba a coser, esperó al día siguiente para estar seguro. Fue lo que más me ha dolido de todo el parto y con lo que se me oyó dar gritos, a pesar de la anestesia que me puso. Y es que mi umbral de dolor es muy bajo en mi vida diaria.
Cuando se fueron, nos quedamos los tres en casa. Deseaba que Laia estuviese allí. Fernando me preparó un zumo de naranja que bebí mientras comía un donut. Estaba en la gloria. Me levanté para ducharme y al volver sentía que me mareaba. Justo llegar a la cama perdí el conocimiento durante 10 segundos aproximadamente. Pero me tumbé y volví a sentirme pletórica. Teo mamó un ratito y se quedó dormido a mi lado. Eran las tres de la mañana y no despertaría hasta las nueve. Padre e hijo durmieron toda la noche, pero yo era incapaz. Me sentía en lo alto de una cima, feliz, observando a mi bebé, recordando cada minuto del parto, en el que no hubo ni un amago de sufrimiento, sólo el dolor de mi cuerpo abriendo camino a la vida.
Quiero dar las gracias a Emilio, a Graciela (que llamó sobre las 12 de la noche para venir pensando que aún quedaba una noche de parto por delante), a Susana y al grupo Génesis. Con ellos he sentido la confianza suficiente para tener a mi hijo en casa. No puedo imaginar otro lugar para darle la bienvenida.

domingo, 25 de enero de 2009

Ya somos cuatro


El miércoles, pasadas las once de la noche, Teo llegó al mundo. Estamos como en una nube desde entonces.

martes, 13 de enero de 2009

Volviendo....


Madre mía cómo pasa el tiempo! hace más de un mes que no escribo nada por aquí. Las navidades más largas de la historia. Y no es por falta de ganas, pero no he tenido tiempo. Esto, dicho por alguien que está de baja y se toma la vida con una calma impresionante, puede resultar raro, pero es cierto, no veía el momento de sentarme y escribir, ni siquiera de hacer mis copia-pega. Pero he visto que ha sido la tónica general de los blogs que suelo visitar, así que supongo que este parón navideño es normal. Lo hemos pasado en grande, eso sí!

Estoy ya de 37 semanas y algo (según las medidas de mi matrona, de 38), está encajado y bien encajado, creo que tengo contracciones suaves, espaciadas, que me recuerdan que se aproxima el momento y que vaya praparando las cosas para el parto. Ayer hasta tuve un amago de síndrome del nido y todo, pero no avancé mucho. Hoy quiero ponerme al día a nivel virtual y mañana sí, mañana lo dejo todo preparado para recibir a Teo.

Tengo muchas ganas de que llegue el momento del parto, de vivirlo intensamente, aunque también me da miedo, por supuesto. Y hablando de miedos, el que aparece regularmente, es el de no ser capaz de tener a dos churumbeles dependiendo de mí. Sé que sí, que podré (unas veces mejor y otras pues sobreviviendo, supongo) pero de vez en cuando me entra el miedo. Y con cada miedo, también me viene la sensación de ganas de experimentarlo. Vaya, que vuelvo a lo mismo, tengo muchas ganas de que nazca! El segundo miedo es que el parto se retrase mucho. Así que Teo, nacerás cuando estés preparado, pero por favor, por favor, por favor, éstate preparado antes de la semana 41, que se hace muy largo.

Vivo tan en mi planeta preparto, que los desaires (por no llamarlo putadas) que me hacen en mi trabajo no me afectan demasiado. Hay que ser "maleducado" para hacer lo que han hecho, jajaja!!!

martes, 2 de diciembre de 2008

Nacimiento en Belén

No sé de quién es, lo he visto en el foro de CCC, pero me ha hecho soltar una carcajada tontona mientras bebía un vaso de agua. Así que tras secar el teclado, lo subo aquí.


Respirar durante el parto

El otro día, a través de la lista de correo de EPEN (El parto es nuestro), me llegó este extracto del libro "El Parto sin Dolor" de Consuelo Ruiz, sobre la respiración durante el parto.

En las clases de preparación al parto nos han dicho que respiremos por la nariz, que intentemos relajarnos, que tengamos la garganta húmeda, que la abramos, que quizás nos irá bien emitir algún sonido gutural... pero que básicamente nos dejemos llevar. Qué diferencia con mi primer embarazo, donde ensayábamos la respiración de jadeo tan agotadora.

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[…] Ahora les voy a enseñar un ejercicio respiratorio muy sencillo, pero que poco a poco amplía la capacidad torácica, resultando muy beneficioso por lo que les he explicado de respirar debidamente. Además, una respiración correcta y profunda les facilitará el parto, y durante el embarazo les suprimirá molestias y sofocos que hemos venido atribuyendo al desarrollo progresivo del útero, cosa que no tiene por qué molestar, pues está hecho para crecer. Estos sofocos, en realidad, se deben a la acumulación en la sangre de productos de desecho del feto que, con la respiración, son eliminados junto con el ácido carbónico de la madre.

Este ejercicio respiratorio consta de tres tiempos. Les recomiendo que lo hagan despacito, sin nada que les apriete el pecho y, naturalmente, en un sitio que haya aire lo más puro y sano posible.

Primer tiempo: Inspiración por la nariz, con la boca cerrada, lenta y todo lo profunda que se pueda.

Segundo tiempo: Abrir la boca, dejando escapar el aire por ella.

Tercer tiempo: Soplar muy despacito, como para inclinar, sin apagarla, la llama de una vela.

Deben ustedes repetir este ejercicio cinco veces por la mañana y otras cinco por la tarde.

[...] Como el útero es un saco musculoso trabaja igual que el brazo y que todos los demás músculos del cuerpo, bajo el mandato directo del cerebro, acor¬tando y ensanchando sus fibras, poniéndose duro. El trabajo aquí, naturalmente es distinto. El útero empuja al feto acabado de formar para que salga, y en este trabajo intervienen dos factores músculo y cerebro. El cerebro da al músculo la orden de que trabaje. La orden parte del cerebro al músculo. Es recibida por el músculo y ejecutada. Entonces del músculo parte una respuesta al ce¬rebro (flecha negra), como diciendo: "Ya lo he hecho". El cerebro, como órgano superior, recibe toda clase de sensaciones de los demás órganos y las cla¬sifica. Es decir, analiza y se entera de las cosas que pasan en, los órganos para mandarles obrar en consecuencia y en beneficio de todo el organismo. Es el cerebro quien manda retirar instantánea¬mente la mano de una sensación desagradable y perjudicial, como, por ejemplo, ante una quemadu¬ra o un pinchazo. Es el cerebro "el que dice: 'Esto es frío", "Esto es hambre ", "Esto es dolor", etc. Y el que manda encogerse, estirarse, segregar jugos, etc.
[...] Mientras al cerebro, le llegan sensaciones que conoce de antemano no ocurre nada que lo altere. Es como sí a una corriente eléctrica se enchufa un aparato del voltaje y potencia correspondientes. El aparato funciona y la instalación sigue igual. La circulación sanguínea, la digestión, etc., son trabajos .fisiológicos en los que el cerebro interviene tan activamente como en el parto, pero que no le perturban en absoluto, porque son cosas que conoce y espera.

¿Qué ocurre con la contracción uterina? Que como no se da a luz todos los días el cerebro no la espera. Mejor aún, la espera creyendo que es un dolor, porque todas las mujeres antes que llegue han pensado en parto = dolor. Cuando desde el útero llega al cerebro la señal contracción el cerebro se equivoca y dice: "Esto es dolor" y da orden de dolor, de defensa, a todos los, órganos, creando entonces erróneamente el dolor verdadero, porque ha recibido una sensación, diferente de las acostumbradas. […] Si quieren dar a luz sin dolor tienen que reforzar la capacidad reactiva de sensaciones del cerebro para que en su día reciba el aviso contracción en su significado y sentido verdaderos. […] En el parto preparado el cerebro sabe que van a presentarse contracciones, una sensación extraña que antes no había sentido, pero que no es dolor. Cuando la contracción llega la recibe, la analiza y se entera "Esto es la contracción". En consecuencia, el cerebro da al organismo or¬den de parto, orden de colaborar todo él en la tarea con arreglo a un plan que ya tiene trazado de antemano, que hemos preparado minuciosamente durante estas charlas. Este plan de parto, este aprendizaje de parto es lo que vamos a estudiar aquí para que cuando llegue no haya lugar a equivocaciones, tomando por dolores otra sensación.

[…] En su progresión la presentación fetal es empujada directamente por las fibras uterinas, y de una manera indirecta, de arriba abajo, por el diafragma, y de fuera a dentro por los músculos abdominales, y frenada por los músculos del periné, donde siempre encuentra mayor o menor resistencia. Les llamo muy especialmente la atención sobre estos tres músculos, diafragma, abdominales y periné, porque si siguen ustedes mis instrucciones es posible hacerlos trabajar inteligentemente en provecho del parto, como hacemos trabajar a los músculos de nuestras manos y nuestras piernas para la vida corriente.

[…] Hay que empezar hoy mismo a educar los músculos para poder controlarlos cuando y como ustedes quieran. El día del parto es necesario que sean capaces de dejar todos los músculos del cuerpo laxos, relajados por completo, haciendo que únicamente el útero se contraiga.

1. Porque se aprovecha así de todo el oxígeno del cuerpo, necesario al trabajo muscular, y de toda la energía del cerebro.

2. Porque la contracción de otros músculos, sobre todo los relacionados con el periné, pueden dificultar el parto.

3. Porque la relajación es necesaria para que el niño efectúe cómodamente y sin sufrimiento para él los movimientos de flexión y rotación necesarios para su salida por la forma especial de la pelvis ósea.

[…] La intervención activa de la futura madre, en esta parte del parto, podemos resumirla en cuatro puntos, con arreglo a los cuales, he aquí lo que tiene que hacer:

1º Recordar que el origen del dolor en el parto es un reflejo condicional, es la respuesta del cerebro desorientado ante una sensación extraña. En ustedes es imposible que ese dolor, ese reflejo, se produzca. Cuando sientan una sensación extraña, un endurecimiento y tirantez del vientre ustedes le reconocen inmediatamente como Contracción indolora. Ni por un segundo deben dudar.

2º El útero necesita para su normal trabajo absoluta y completa independencia. La menor cris¬pación de cualquier otro músculo puede perturbar su contracción y volverla dolorosa.

Además, tengan ustedes en cuenta cómo se efectúa esta dilatación. Ya saben ustedes que es preciso que el cuello esté muy blando y el útero muy fuerte para que sea la contracción aprovechada al máximo. Por eso, durante la contracción, hay que rela¬jarse, como les he enseñado. Tanto más completo será el relajamiento cuanto más frecuente e intensa sea la contracción.

La relajación cumple, asÍ, dos funciones ablanda los músculos que no han de trabajar y que pueden estorbar el trabajo no permite al útero aprovechar toda la fuerza del organismo para su tarea.

3º Todo trabajo muscular quema oxígeno. Seguramente han leído o han oído decir que a los futbolistas, atletas y deportistas en general se les administra oxígeno para reponer sus músculos y para que éstos rindan así el máximo esfuerzo.

Los músculos uterinos necesitan también un refuerzo de oxígeno para poder llevar a cabo sin fatiga, es decir, sin dolor, el duro trabajo del parto. Para ello es suficiente hacer un par de inspiraciones fuertes, antes y después de la contracción, es decir, cuando la sientan venir y cuando ya haya pasado. El oxígeno del aire inspirado, lenta y profundamente, reemplaza de una manera muy rápida al quemado por la contracción y previene el dolor causado por la fatiga muscular, lo que en los brazos o en las piernas llamamos agujetas.

4º Encima del útero hay un músculo muy importante, llamado diafragma, que separa el abdo¬men del tórax y que en la respiración funciona como muestran los dibujos de las láminas 22 y 23).

Durante la inspiración, la cavidad torácica se llena de aire, se amplía, y el diafragma baja. Durante la expiración, el aire sale, la cavidad torácica disminuye, y el diafragma sube.

Por otra parte, en el fondo del útero existen multitud de terminales nerviosos que, bajo la presión del diafragma, pueden afectarse y doler. Nosotras, que lo sabemos de antemano, vamos a remediarlo de una forma muy sencilla impidiendo que baje el diafragma mientras el útero sube, es decir, durante la contracción. Cuanto más honda y más lenta es la respiración, entra más aire y el diafragma baja más. Cuanto más superficial y más rápida, entra menos aire y el diafragma baja menos. Fíjense bien en esto, porque es muy importante.

Ustedes tienen que conseguir que durante la contracción entre el menor aire posible en sus pulmones. Claro que, si entra menos aire, entra menos oxígeno y acabamos de decir que hace falta mucho oxígeno. Esta aparente contradicción puede remediarse sencillamente tomando poco aire muchas veces, en vez de mucho aire de una sola vez.

Respirando con la que vamos a llamar respiración anhelante.

Ahora ya saben ustedes cómo ayudar y dirigir el trabajo de dilatación en el parto.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Parto natural


Aunque aún es pronto, ando por la mitad del embarazo, más o menos, el otro día cogí de la biblioteca el libro Parto Seguro, coincidiendo con el inicio de las clases de preparación al parto con el grupo Génesis. Mi idea es que mi hijo nazca en un hospital, pero de forma natural, evitando todo intervencionismo que no sea necesario y sobre todo garantizando la intimidad que creo que el momento requiere. Creo que estoy en las mejores manos que hay en Madrid para lograrlo. El libro me ha gustado, aunque está tan centrado en Holanda que a veces una se olvida de cómo es la rutina de un parto en España.


He encontrado este artículo en Holistika de Isabel F. del Castillo, autora del libro La revolución del nacimiento y lo primero que me ha llamado la atención es darme cuenta de que cuando digo que voy a tratar de tener un parto natural (luego nunca se sabe si puede haber complicaciones, claro) lo que me preguntan es "un parto sin epidural, ¿no?". Y en realidad es mucho más que eso.


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La expresión "parto natural" en muchos ámbitos se interpreta como una nostálgica vuelta al pasado: parir sin epidural, sin oxitocina, parir sin esto y sin lo otro. Allí donde la tasa de cesáreas es alta (España y Sudamérica, por ejemplo), hay quien utiliza ese término para referirse a un parto vaginal.


Pero parto natural no es simplemento un parto “sin”, sino aquel que se produce gracias a la maravilla de la fisiología, y en el que los procedimientos obstétricos se aplican únicamente en caso de necesidad. Es lo opuesto al parto medicalizado, atendido por la obstetricia convencional, en el cual la tecnología sustituye la fisiología de la mujer, desvirtuando la experiencia del nacimiento, y generando riesgos innecesarios para la madre y el bebé. En el primer caso la técnica está al servicio de la naturaleza, en el segundo, la naturaleza es doblegada por la técnica. Las tasas de cesáreas en los países y hospitales que respetan los procesos naturales no suelen superar el 10%. Cuando la asistencia es de corte intervencionista, la tasa de cesáreas siempre es superior.

No es posible asistir dignamente a una mujer parturienta sin comprender la verdadera naturaleza del parto: es un acontecimiento involuntario, tanto como el sueño o el orgasmo, aunque mucho más complejo. Todos sabemos lo que ocurre cuando uno trata de controlar o dirigir mentalmente estos procesos: simplemente no ocurren. La sola pretensión de controlar un proceso involuntario lo inhibe, y eso es lo que sucede con el parto hospitalario. Ese es el motivo por el cual cuando la mujer llegar al hospital, la dilatación a menudo se estanca. Cuando el parto se inhibe, se prepara el terreno para todo tipo de procedimientos que sustituyen la función de una naturaleza que en estas condiciones, obviamente, no puede funcionar: estimulación con oxitocina, episiotomía, anestesia, fórceps, cesáreas innecesarias … se sustituye un proceso natural sofisticado y sabio por un conjunto de técnicas encaminadas a resolver los problemas a menudo creados por ella misma. Y también para someter un proceso con un ritmo propio al ritmo acelerado que establece el hospital.

Dice Michel Odent que de las muchas preguntas que se hacen los estudiantes de obstetricia hay una que continúa ausente de los planes de estudios. Esa pregunta es ¿Cuáles son las condiciones idóneas para un parto fluido?

Intimidad, seguridad y apoyo emocional.

Lo mejor que podemos hacer para favorecer un proceso involuntario es conocer y crear las condiciones idóneas para que se produzca solo. Puede resultar paradójico que la única forma de “humanizar” el parto sea recapitulando el hecho de que somos una especie “mamífera”. El parto es un acontecimiento instintivo, llevado a cabo por nuestro cerebro mamífero, y en el que la participación de nuestra mente racional tiene un efecto contraproducente. Lo más que se puede hacer es rendirse a la experiencia y permitir que ocurra, para lo cual el ambiente en que transcurre y la calidad humana y actitudes de los asistentes es esencial.

Ese cerebro mamífero primitivo es también nuestro cerebro emocional (sistema límbico). Es una constante en todas las especies mamíferas que la parturienta necesita una atmósfera de intimidad y recogimiento, de seguridad física y emocional, que le permita entrar en el estado de consciencia especial propio del parto. Cuando este estado de intimidad se impide, cuando una hembra mamífera se siente amenazada, o incluso indiscretamente observada, el parto se interrumpe: las hormonas del estrés inhiben las hormonas del parto.

Esto pone de relevancia la enorme importancia del estado emocional de la madre y cómo influye en él el soporte emocional y el trato que recibe, así como las condiciones y el ambiente en que transcurre el parto. La forma en que se trata a la mujer de parto puede condicionar totalmente su progreso. Por ello, las primeras recomendaciones de la OMS no se refieren a los aspectos técnicos, sino emocionales y psicológicos: Debe fomentarse una atención obstétrica crítica con la atención tecnológica al parto y respetuosa con los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del parto.

Ambiente y entorno apropiado.

El parto es dirigido por el cerebro mamífero (emocional), pero inhibido por el neocórtex (racional). Decía Michel Odent que es suficiente preguntar a una mujer su número de la seguridad social para que el parto se interrumpa. Debe pues evitarse todo lo que active el pensamiento racional en la mujer de parto: hablarle sin necesidad, darle órdenes o interrumpirle en su “viaje interior”. También interfieren las luces, los ruidos, el frío, la prohibición de comer, la incomodidad de tener que mantener una postura determinada o estar en un lugar poco apropiado, como es el paritorio. Las condiciones necesarias para un parto fluido no difieren mucho de las condiciones idóneas para dormirse: intimidad, penumbra, silencio… todo lo que permita a la mujer ensimismarse. Dice Sheila Kitzinger que “el lugar ideal para dar a luz es el mismo que para hacer el amor”.

Libertad de expresión.

La represión de la expresión de dolor durante el parto tiene la consecuencia de reprimir la evolución del parto mismo. Beatrijs Smoulders, comadrona holandesa, afirma en su libro “Parto Seguro” (Editorial Médici), “Hace años, de una parturienta se esperaba que fuera fuerte y no dijera ni pío al dar a luz. En estos casos, el personal sanitario del hospital podía afirmar: “¡Qué bien lo hace la señora!”. Mientras que la comadrona de hoy en día más bien pensaría: “¡Suelte un berrido de una vez, señora, y así como mínimo pasará algo”. Sumergirse y aceptar el dolor es condición necesaria para la producción de endorfinas, “opiáceos” internos que amortiguan y modifican la percepción del dolor.

Libertad de movimientos y postura para el expulsivo.

La posición tumbada para dilatar (enganchada al gotero y al monitor) y el potro obstétrico para el expulsivo pasarán a la historia como uno de los mayores y persistentes errores de la obstetricia.

Numerosos estudios demuestran que la posición vertical favorece el parto y la horizontal lo entorpece. En horizontal, el canal del parto se alarga y estrecha y el coxis se dirige hacia lo alto, convirtiéndose en una vía de paso más angosta para el bebé, y además cuesta arriba. En posición vertical la vagina se amplía y acorta, pero además la presión de la cabeza del bebé sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la producción interna de oxitocina, y por tanto la dilatación. La posición vertical acorta y amplía el canal del parto, permite que las articulaciones de la cadera se abran más para dar paso al bebé, facilita sus movimientos de rotación y permite que la fuerza de la gravedad le ayude en su descenso. Episiotomía y fórceps son procedimientos técnicos que sustituyen la fisiología de la mujer y la gravedad con evidentes y penosos efectos secundarios para la madre y el bebé

La mujer debe tener la libertad de dilatar y parir en la postura que más le convenga: en cuclillas, sentada en el taburete obstétrico, a cuatro patas, de lado, colgada de alguien, de pié… El instinto indica en todo momento cual es la postura idónea mediante un lenguaje infalible: la más cómoda es también la más fisiológica.

Asistencia profesional respetuosa.

Siendo la fisiología del parto tan sensible al entorno, el papel del profesional asistente es estar disponible en un discreto segundo plano, sin interferir, confiando en los recursos de la mujer para dar a luz, y aplicar los procedimientos obstétricos únicamente si hacen falta. El protagonismo del parto corresponde a la mujer.

Procedimientos naturales de abordar el dolor.

La producción de endorfinas se favorece cuidando al máximo las condiciones en que transcurre el parto y evitando todo lo que pueda producir estrés. Actualmente la tendencia es a recurrir a formas inocuas y agradables de amortiguar el dolor: cambiar de postura, baño de agua caliente, masaje en la zona lumbar, masaje de pies, sentarse en pelota de goma …

Intimidad y tiempo para recibir y acoger al bebé.

El momento del nacimiento es un momento especial, mágico, en el que el estado hormonal propio del parto natural crea las condiciones para que produzca el vínculo madre-hijo, un vínculo que tiene consecuencias duraderas sobre esa relación, sobre la confianza de la mujer en su capacidad para amar y criar a su hijo, sobre el desarrollo emocional del bebé. El vínculo que el bebé crea con su madre es el troquel, la base de su capacidad para crear vínculos posteriores. Por ello el nacimiento medicalizado tiene consecuencias no sólo físicas, sino psicológicas y sociales. Madres y bebés deben estar juntos tras el nacimiento, y en todo momento, y no se justifica que un recién nacido sano sea apartado de su madre. Incluso los prematuros progresan mejor con el “método canguro” que con la incubadora, o al menos con un sistema mixto. La OMS recomienda iniciar la lactancia antes de abandonar la sala de partos.

Cordón umbilical:

El respeto por la fisiología del parto implica reconocer la función del cordón umbilical, que continúa latiendo y suministrando sangre oxigenada al bebé durante varios minutos tras el nacimiento. La naturaleza no hace nada que no sea necesario, y esos minutos son el tiempo que el recién nacido necesita para comenzar a utilizar sus pulmones sin angustia ni riesgo de privación de oxígeno. El recién nacido tiene el derecho de disponer de esos minutos y de esa sangre, y con mayor motivo si ha tenido sufrimiento fetal, ya que al iniciar la respiración la sangre acude a los pulmones en detrimento del cerebro. Pinzar el cordón inmediatamente tras el nacimiento es una práctica que, a la luz de la evidencia científica, debería haber sido abandonada.

Contrariamente a lo que se piensa, parto natural no es volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y rendirse ante ella. Tampoco es renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde: las complicaciones, los casos de riesgo. Y es que las prácticas de rutina en el paritorio no son buenas ni malas, son oportunas o inoportunas. Y cuando se imponen de forma sistemática e indiscriminada a mujeres que no las necesitan son inoportunas. La evidencia científica demuestra que el parto natural no sólo es más digno para la mujer, es también el más seguro. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda una calidad de atención basada en el protagonismo de la mujer y en su fisiología, y el mínimo grado de medicalización posible.

domingo, 20 de julio de 2008

El primer trimestre


Aunque ya estoy finalizando el primer trimestre y sigo con los síntomas, quería poner este texto de Emilio Santos Leal, escrito para la revista "Tu bebé" y publicado en su página web, que recomiendo a todas las que estén embarazadas. Probablemente sea la persona que atienda mi parto, en el que espero parir, según sus palabras, de la forma más parecida a una yecuana. Bueno, con las distancias obvias, espero que sí, esta vez mi parto me recuerde más a eso que al corto de Iziar Bollaín. Hay trozos totalmente "plagiados" de mi parto. Mejor nos lo tomamos con humor, que ya es agua pasada. Y hablando de humor, pongo también un fragmento de "el sentido de la vida" de los Monty Python, que también está muy inspirado. Los dos los traigo desde youtube, pero al de Iziar Bollaín llegué por primera vez a través de la página de El parto es nuestro.
Bueno, la asociación de ideas que me ha llevado a poner el texto del primer trimestre y estos videos satíricos sobre el parto, puede sorprender a alguna primeriza que encuentre de casualidad este blog. Es que me ha surgido así, al hablar de Emilio Santos.







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No estabas segura, pero sospechabas algo. Notabas algo que no sabes describir, pero es como un estado emocional de sentirte especial, algo así como ver todo en la vida de color "de rosa"; y esa tensión en los pechos, como más tersos, más duros. Es la acción de una hormona del embarazo: la progesterona. Ahora ha pasado ya la fecha esperada de la regla y no ha venido. Ya la sospecha es mayor. Así que has comprado el kit de test de embarazo. Se lo has dicho a tu amiga más íntima y habéis quedado en tu casa para hacerte el test. El test de embarazo funciona midiendo en la orina otra hormona: la beta HCG. La beta HCG aumenta su nivel en tu sangre hasta la semana 14 de embarazo, y lo hace a un ritmo tal que se duplica cada dos días. Tras la semana 14 comienza a disminuir hasta desaparecer (¡una embarazada de siete meses puede tener un test de embarazo negativo!). Se mide en la orina porque es más fácil que en sangre. Te ha salido positivo. Ahora sí que estás segura. Puede que notes nauseas o vómitos; y cada día está más presente esa tensión en los pechos; y esa sensación de ser especial y de estar en un mundo especialmente bonito. Quizá se acompañe también de un cierto estado de despiste, se te pueden olvidar cosas que antes no se te hubieran olvidado. Ahora ya viene el paso de decírselo a otras personas. Buscas alguna forma bonita de decírselo a tu pareja. Decidís no decir nada todavía a los demás hasta no estar seguros de que todo va bien y de que sigue para adelante. Es buena idea: hasta un 50% de los embarazos bioquímicos se pierden. Es normal, es así la naturaleza. Te fijas en todas las embarazadas y bebés que hay en la calle y en los centros comerciales, antes no te habías dado cuenta. Entras en google y buscas cosas como "embarazo", "parto", "parto natural, tu ciudad", "epidural", "cesárea". Te invaden pensamientos, deseos, emociones y sensaciones. Comienzas a informarte. Poco a poco esta búsqueda de información va invadiendo tu vida y tus amigos comienzan a pensar que estás obsesionada. Vas pidiendo una cita en el médico para ver cómo es el seguimiento de embarazo, qué hay que hacer.

El seguimiento médico del embarazo habitual en el primer trimestre se reduce a tres elementos: las primeras consultas con el médico o matrona que te va a llevar el embarazo, la analítica de primer trimestre y la ecografía de primer trimestre.

La primera consulta de embarazo

En España lo habitual es que el seguimiento del embarazo lo realice un ginecólogo. Pero no es la única opción. Hay lugares donde el seguimiento del embarazo lo realiza el médico general, y hay lugares donde lo realiza la matrona (ej: Gran Bretaña, Holanda). La primera consulta consiste básicamente en examinar tu historial médico, sobre todo para saber si existen antecedentes personales o familiares de diabetes, de alteraciones tiroideas y en general de cualquier cosa que haya que tener en cuenta a la hora de las recomendaciones generales.

Recomendaciones generales

Las recomendaciones generales para la gestación son básicamente hacer vida normal y tomar algunos suplementos vitamínicos. El suplemento vitamínico "obligatorio" es el ácido fólico. Es obligatorio desde que en los años 80 se descubrió que asegurando la ingesta de ácido fólico se disminuye significativamente la probabilidad de ciertas malformaciones en los bebés llamadas defectos de cierre del canal neural. Entre estas malformaciones están incluidas la espina bífida y el meningocele, que pueden llegar a ser graves por producir parálisis de miembros inferiores o de la vejiga. El ácido fólico se encuentra de forma natural en vegetales verdes como la espinaca (fólico deriva de hoja, "folia") pero merece la pena tomar un suplemento no sólo cuando ya se está embarazada, sino desde antes, cuando existe posibilidad de concepción ya que el efecto importante como protector de estas malformaciones es realmente durante el primer mes desde la concepción.

Además del fólico, desde antes de la gestación es conveniente también asegurar unos niveles adecuados de Magnesio, Zinc, y vitamina D. La vitamina D no depende sólo de la ingesta sino que precisa un paso de metabolización en la piel con la acción de la luz del sol. Por ello, tomar el sol es saludable.

Durante todo el embarazo es conveniente también ingerir suficiente yodo. El déficit de yodo es una posible causa de hipotiroidismo, que se presenta con síntomas de fatiga, bocio, depresión, aumento de peso, y sensibilidad al frío con baja temperatura corporal. Hoy día consumimos alimentos procedentes de muchos lugares del mundo por lo que es inhabitual el déficit de yodo. En el pasado, en zonas de escasez de yodo, se daba con frecuencia retraso mental debido a déficit de yodo intraútero o bien en la infancia. Por ello en algunas ciudades del mundo se adiciona yodo al agua de consumo. No es mala idea tomar la rutina de consumir sal yodada en lugar de sal normal.

Estas amenazas de carencias nutricionales se pueden combatir haciendo una alimentación sana y variada, pero la mayoría de los ginecólogos optan por recomendar a todas las gestantes la ingesta de complejos vitamínicos que contengan todas estas sustancias mencionadas; estos complejos se comercializan ya con una composición diseñada para el embarazo y se suelen tomar en forma de una cápsula o comprimido al día. En las farmacias no requieren receta.

Pero existen otras amenazas más difíciles de combatir. Son las amenazas por la cantidad de sustancias tóxicas a las que estamos sometidos. Hay miles de sustancias artificiales diferentes que están presentes en el aire que respiramos, en la comida que ingerimos, y en las sustancias de aseo que utilizamos. Muchos de estos tóxicos llegan al embrión a través del útero. La recomendación aquí es evitar, al menos, las más evidentes minimizando el uso de cremas, jabones, perfumes, y sustancias de maquillaje y de desmaquillaje.

En cuanto a la dieta, la embarazada debe tener una dieta completa, equilibrada. Con la ciencia en la mano realmente prohibiciones no hay más que el tabaco y las drogas. Bebidas alcohólicas pueden tomarse de forma esporádica. Todo aquello que es perjudicial en una persona sana, lo es más en una embarazada. Es recomendable no abusar de los azúcares rápidos. No ocurre lo mismo con las grasas. El embrión precisa de sustancias grasas variadas para la formación de sus membranas celulares, neuronas, y sistemas hormonales. El embrión precisa por ejemplo de sustancias como el colesterol.

La Toxoplasmosis es una infección muy leve; tanto que en las personas normales pasa desapercibida; cuando se contacta con el Toxoplasma se adquiere inmunidad. Sin embargo, en el embrión puede tener consecuencias graves que incluyen ceguera o retraso mental. Por ello, mientras no se haya demostrado que se es inmune, es conveniente tomar ciertas medidas adicionales tales como:

• lavarse las manos antes de manejar alimentos (la embarazada y quien cocine para ella),
• lavado de vegetales, especialmente los de suelo, pero también frutas, incluyendo los envasados comercialmente,
• evitar todo tipo de carnes crudas, incluyendo embutidos y jamón serrano,
• usar guantes y lavado de manos tras actividades de jardinería o de cuidado de animales,
• evitar contacto con excremento de gatos

Hay que tener en cuenta que es muy baja la probabilidad de que justamente en el embarazo ocurra el primer contacto en la vida con el toxoplasma. Esto quiere decir que aunque las medidas expresadas son recomendables, si por algún motivo se han transgredido, no hay que hacer nada especial. Confirmar la presencia o no de inmunidad para el Toxoplasma es una medida que resulta controvertida. Muchos ginecólogos optan por no realizar esa prueba pues no hay evidencias científicas de que realmente sea un elemento útil en el seguimeinto del embarazo y sí hay indicios del daño que crea la interpretación cuando los resultados son dudosos. Por ello hay países donde los protocolos generales desaconsejan esa medida. Lo mismo ocurre con algunas infecciones aún menos tratables, como el citomegalovirus.

En cuanto al estilo de vida, existen trabajos científicos que avalan la importancia de que la embarazada evite el estrés emocional mantenido. Por lo demás la embarazada debe hacer una vida normal en cuanto a nivel de ejercicio físico y mental. Es saludable tener vida sexual según el deseo de cada persona. Es saludable el ejercicio físico moderado. Pero es saludable también asegurar la cantidad adecuada de descanso. Una embarazada, ya desde el principio del embarazo, precisa más horas de descanso de lo habitual, por lo que no sería mala idea adquirir la rutina de alguna siesta a lo largo del día.

Si hay un hermano mayor, este puede seguir tomando el pecho durante todo el embarazo y continuar después en tandem con el nuevo bebé cuando nazca.


La analítica del primer trimestre

La analítica en sangre del primer trimestre va dirigida, por un lado, a confirmar niveles adecuados de sustancias como hemoglobina (detectando posibles casos de anemia) y glucosa (detectando posibles casos de diabetes), por otro lado a descartar infecciones como hepatitis, VIH y Sífilis y por otro lado a detectar estado inmunitario con respecto a Rubéola y, en algunos lugares, a Toxoplasma. Se suele realizar también analítica de orina para detectar posibles infecciones urinarias, que en el embarazo son más frecuentes y además tienen más posibilidades de hacerse graves.

En torno a la semana 10 del embarazo se realiza la analítica dirigida al despistaje de cromosomopatías. La cromosomopatía más prevalente el la triploidía del cromosoma 21, más conocida como síndrome de Down. Se analizan dos sustancias en sangre: la PAPP-A y la beta-HCG. Dichos valores no arrojan ninguna información hasta no conocer la edad gestacional con precisión. La fecha estimada de la fecundación a menudo no es un dato conocido por la mujer. La fecha de última regla es orientativa, pues la fecundación se suele producir en torno a dos semanas después, pero tampoco es un valor fiable. La forma más fiable de conocer la edad gestacional es la ecografía, mediante la medida cráneo-nalgas del embrión. La analítica dirigida al screening de cromosomopatías se puede realizar el mismo día que la ecografía (en torno a 12 semanas cumplidas), pero se gana precisión en la prueba si se realiza en la semana 10. Ya se realice la analítica dos semanas antes de la eco, o se realice el mismo día, el último paso de este despistaje de cromosomopatías es poner juntos los resultados y introducirlos en un programa de ordenador. Con los datos de la PAPP-A y de la beta-HCG (junto con la fecha en que la sangre fue extraída), con la medida del pliegue nucal en la ecografía y la longitud craneo-nalgas (junto con la fecha en que la ecografía fue realizada) y con la edad de la gestante, un programa informático, habitualmente en el laboratorio de análisis clínicos, calcula el riesgo de sd de Down. El valor de este riesgo es el dato que se debe tomar para la decisión sobre si realizar o no amniocentesis. La decisión de realizarse amniocentesis es en general a criterio de la embarazada. Hay mujeres que quieren hacerse la prueba para tener la certeza absoluta respecto al síndrome de Down: en ellas el mencionado despistaje de cromosomopatías no es necesario. En el otro extremo, hay mujeres que de ninguna manera se van a realizar una amniocentesis porque diera el resultado que diera no procederían a realizar una interrupción voluntaria del embarazo: en ellas el despistaje de cromosomopatías tampoco es necesario. Pero para la mayoría de las mujeres es de ayuda saber si el riesgo es en torno a 1 /10000, 1 /1000, 1/100 o 1 /10. La forma más racional de proceder según el riesgo, recomendada por la Fetal Medicine Foundation de Londres es, si el riesgo es menor de 1 /1000, tomarlo como riesgo bajo y no hacer nada; si el riesgo es mayor de 1 /100, tomarlo como riesgo alto y realizar amniocentesis; y si el riesgo es intermedio entre estos dos valores, repetir la ecografía para mirar más datos, como la presencia de hueso nasal, y con estos datos adicionales, decidir si realizar o no la amniocentesis.


La ecografía del primer trimestre

Muchas personas se extrañarán al ver este título en singular y no en plural ("las ecografías del primer trimestre") porque muchas personas se realizan múltiples ecografías, especialmente en la medicina privada. Muchos futuros padres están ansiosos por confirmar que el hecho de estar embarazada realmente significa que dentro hay un ser vivo. Piden al ginecólogo realizar una ecografia casi como quien exige un derecho por el que están pagando; muchos ginecólogos creen estar aportando algo claramente positivo si "regalan" una ecografía más aunque no sea necesaria; y en la medicina publica muchas mujeres acuden a un centro de urgencias hospitalarias con cualquier pretexto con la esperanza de que el ginecólogo haga una ecografía para ver por primera vez a su embrión de bebé. Pocas personas piensan que la ecografía pudiera tener algún efecto indeseable. Pues bien, la primera ecografía del embarazo recomendada por la sociedades profesionales ginecológicas es tras cumplir 12 semanas desde la última regla y existen, a mi juicio, al menos dos posibles efectos perniciosos de ecografías antes de las 12 semanas. El primero es que desde hace pocos años existen indicios en animales de experimentación de que la ecografia podría interferir delicados procesos en la formación del embrión por interferir en la migración neuronal de las células (Ang ES Jr, Gluncic V, Duque A, Schafer ME, Rakic P., 2006). De confirmarse este efecto es algo grave y podría estar siendo causa de muchas pérdidas de embarazos incipientes. El segundo, no tan grave, pero más evidente, es el efecto como elemento productor de estrés. Cuando se realiza una ecografía el las primeras semanas de embarazo a menudo resulta ser demasiado pronto y no se puede confirmar el latido del corazón del embrión. Aunque se asume que lo mas probable es que sea demasiado pronto, a menudo esto obliga a ulteriores investigaciones, pues creada la duda, hay que confirmar que no es una gestación interrumpida, o extrauterina, etc, y es habitual que en ese tiempo la mujer esté en un estado de ansiedad al que no tendría por qué haber llegado. Pero además muchos embarazos muy precoces se pierden como parte de la normalidad, por azar; como es en una fase muy incipiente, la mujer tiene un sangrado mayor que una menstruación y lo expulsa sin problemas; detectar un embarazo incipiente interrumpido sólo lleva a tener que realizar una intervención (legrado) que de otra forma no habría sido necesaria. Por eso mi recomendación particular es que la primera ecografía del embarazo se realice aproximadamente al cumplir 12 semanas, como recomiendan las instituciones profesionales, y no antes (salvo que exista una causa para ello).

La ecografia de las 12 semanas tiene por funciones medir al embrión para saber con precisión su edad, medir el pliegue nucal como parte del despistaje de cromosomopatías, y asegurar si se trata de un sólo embrión o más y, en ese caso, diagnosticar si se trata de una sola placenta o de más de una, lo cual tiene gran repercusión en el seguimiento posterior del embarazo.

Problemas del primer trimestre

Uno de los problemas que más habitualmente aparecen en la embarazada, y además uno de los primeros en aparecer son las nauseas y vómitos. Tienen la característica diferencial con otros tipos de vómito de que no hay pérdida del apetito y no hay diarrea ni dolor abdominal. Si son esporádicos y no interfieren con la vida normal, no hay que hacer nada especial. A menudo mejoran aumentando las horas de descanso y evitando el estrés. Si son mayores se puede acudir al ginecólogo quien, habitualmente prescribirá un medicamento llamado Caribán.

Otro problema característico del primer trimestre es la aparición de un manchado vaginal de aspecto sanguinolento. Por definición todo manchado de aspecto sanguinolento se denomina amenaza de aborto. Cuando ocurre es necesario evitar el estrés y asegurar el descanso, lo cual se traduce en una baja laboral si se da en una mujer que trabaja. Mientras sea un manchado escaso no es imprescindible acudir al ginecólogo, pero sí realizar este tipo de "reposo relativo". Antiguamente se prescribía reposo absoluto en cama pero la investigación científica ha demostrado que no es necesario y además el estrés emocional que esto conlleva puede ser perjudicial. Si el sangrado se hace mayor, en una cantidad que comienza a semejarse la la de una menstruación, o si se acompaña de dolor intenso, entonces es necesario acudir a un servicio de urgencias ginecológicas para diagnóstico.

En cuanto al dolor, si es leve, es probable que no sea nada importante. Pero siempre que exista un dolor abdominal intenso en las primeras semanas o meses de embarazo es importante acudir a un servicio de urgencias ginecológicas para el diagnóstico, ya que hay que algunas de las posibilidades diagnósticas conllevan gravedad, como es el caso de las gestación ectópica, entre otras.