domingo, 14 de noviembre de 2010

De cursos

Llevo unos meses de cursillista, atareada a más no poder.

Como comentaba el otro día, uno de los cursos en los que estoy como alumna es el de Formación de formadores. El curso no podría ser mejor. La calidad de los formadores es estupenda, pero además, los alumnos estamos creando lazos que espero que nos lleven a proyectos futuros. Es un curso que me está haciendo ordenar muchos conocimientos que tenía aquí y allá, dándole estructura a todo esto de la formación. Para mí, y mi familia, ha supuesto un esfuerzo poder seguir la parte presencial (es semi presencial) ya que he tenido sesiones durante las tardes de octubre y dos salidas de fin de semana a la Sierra. Pero todo ese esfuerzo siento que está valiendo la pena. Ahora me queda la parte on line y las prácticas, y mi nivel de motivación está que se sale.

Como contrapartida a todo lo que estoy recibiendo en este curso, mi exigencia hacia el resto de cursos en los que estoy ha aumentado.

El segundo de los cursos es de redes sociales aplicadas a la educación. Si no fuera por el curso anterior, quizás sería un curso que me hubiese enganchado. Ahora mismo estoy en un estado de ni fú ni fa. Aprendo cosas, a corto plazo me va a ser muy útil, pero sin más.

Y el tercero de los cursos lo abandoné el viernes. Es de fotografía y se desarrolla en el centro cultural. Para empezar, siempre me ha llamado la atención que en los cursos y talleres del centro cultural no haya disponible un programa, para saber qué esperar del curso. Como son baratos, pues hay siempre demanda. Y nos apuntamos un poco a ciegas. En mi caso con muy buena voluntad. Yo quería un curso para sacar partido a mi cámara y hacer fotos chulas. Me encontré con un curso de photoshop que incluía alguna explicación sobre fotografía. Vale, acepté pulpo como animal de compañía y traté de mantener una actitud positiva. Pero me ha resultado muy difícil. No entiendo que si tienes 15 personas en clase no trates de ver qué necesidades y expectativas trae cada una. No cuesta nada (¿una hora en un curso que dura todo un año?) que la gente se presente, darles voz,  que se conozcan, que surja grupo. Para mí es algo tan básico el dejar de ver a una masa de alumnos y poder ver a cada uno de ellos de forma individual, permitir la creación de lazos... Y claro, ya comenzamos con mal pie. Y siguió la cosa saliendo de cada sesión con la sensación de  "qué porquería de cámara tengo, necesito una más nueva, "más mejor", más de todo". Vamos, en vez de a un curso parecía que asistía a una sesión publicitaria. Y ya se me fue cruzando el formador. Reconozco que no me gusta la chuleria, que la llevo mal, y eso ha ayudado a que mi buen talante como alumna se haya esfumado. No hemos conectado. Así que empecé a sopesar el esfuerzo que para mí, y mi familia, supone que yo asista a un curso y lo que recibía a cambio y la balanza se ha decantado. Para que me dicten apuntes a toda prisa, me compro un libro de photoshop (o entro en youtube, por ejemplo) y aprendo a mi ritmo cosas que para mí sean significativas .  Este curso ha perdido a la mitad de sus alumnos en un mes y medio... a mí me daría que pensar, pero está claro que hay  formadores a los que con llegar, soltar el rollo, marcharse y que le paguen, es más que suficiente.

Juer, si ni siquiera tengo photoshop en casa, ¡yo soy de GIMP! (que es otro tema, ¿No sería genial que, desde las administraciones, se fomentara el uso de software libre?)

2 comentarios:

educandoenlacasa dijo...

Que bodrio. ¿No había manera de evaluar al profesor? ¿Una encuesta de satisfacción?

Maite dijo...

sí, jejeje, un bodrio. Pues el año pasado hice un curso también y no, lo de evaluar es otro de los "básicos" que no se estila :)