martes, 20 de enero de 2009

Juegos y aprendizaje


Últimamente mi hija está muy "académica". Como explicaba ayer, una gran parte de su actividad se centra en contar cosas. No cantidades grandes, pero si hay un conjunto de menos de 10, lo cuenta y recuenta. Empieza por un lado, luego por el otro, comprueba que cuente como cuente, le da la misma cantidad. Me pone pruebas con sus deditos, utilizando las dos manos y así veo que poco a poco experimenta que si en una mano tengo cinco dedos y en la otra levanto 3, tenemos 8 dedos. Veo su cara de asombro, como si fuese magia.

Pero sin duda, el grueso de sus juegos en esta etapa van encaminados a conocer las letras y escribir. Me paso el día leeyendo carteles y a la hora de escribir, todo vale: una hoja (la caligrafía aún está en una fase primitiva, pero se puede leer lo que escribe), la pizarra verde, la magnética, el pc, la tierra del parque... Ha descubierto que puede escribir con el pc muchas palabras y está entusiasmada. Para ella, las letras no siguen ningún orden, no hay alfabetos. La L es su letra, aún, aunque sepa que se llama ele, la T es la de Teo, la M la de Maite aunque esté escribiendo Miguel. Es decir, coge su modelo propio, cercano a su universo y a partir de ahí está generando su propio código, va relacionando... Eso debe de ser un trabajo del cerebro impresionante.

Y por último, la tercera actividad a la que puede dedicar horas es el juego simbólico. Cada vez las historias son más elaboradas. Tiene muchos hijos o alumnos, según a qué juegue, algunos son muñecos, otros son imaginarios y no tiene pudor en juntarlos en una misma actividad.

Ayer íbamos a comenzar con el proyecto de meninhera, cuya palabra clave esta semana es Transparente. Al principio de la tarde le propuse una actividad, que le gustó, pero llegó la hora de la cena y nos dimos cuenta de que se nos había pasado la tarde volando, entre números, letras y bebés. "Mañana, mamá".

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